vaivén de santa teresa
Va tejiendo el emparrado
—espada de lanzadera—
enramada, “corretona”
luna de Santa Teresa.
Entre pestañas prendidos,
mientras huyen en pavesas,
presos y libres los ojos
convidan paz y dan guerra.
Y tiembla un negrito enjuto
y en su guitarra se enreda
novio en fuga que se abraza
con una mujer pequeña.
Mujer trabada en la hora,
libre aunque se da, y ajena…
¡Cómo todo fluye, y todo
se va de donde se queda!
De las copas de los árboles
escurren gotas de esencia:
a la vez que se consume,
otra vez toda comienza.
Abajo se escapa el mar
en la misma luz que entrega,
y aunque se escapa, no sale
de las manos de la tierra.
Pasa el jinete del aire
montado en su yegua fresca,
y no pasa: está en la sombra
repicando sus espuelas.
¡Eso que anda por la vida
y hace como que se aleja!
¡Eso de ir y venir, eso
de huír y quedarse cerca!
¡Eso de estar junto a mí,
y hace años que estaba muerta!
¡Eso de engañar a todos
como Zenón con su flecha!
Se enlaza el tiempo en la voz:
la canción tiene pereza.
Con ágiles pies, los ángeles
se dejan venir a tierra.
—Voladora y quieta luna,
garza de sí misma presa,
entre arabescos de hojas
va y no va, rueda y no rueda.