la canción secreta
Al cabo de largas horas
que tuve el alma perdida,
comencé a encontrarme, cuando
apenas amanecía.
Sobresaltado el silencio
por rumores de fatiga,
no era posible saber
lo que los ruidos decían.
Chasquidos, pasos, jadeos
sobre la tierra dormida,
no acertaban a cobrar
las intenciones del día.
Un lenguaje sollozado
que nadie ordena y vigila,
niebla de figuraciones
que la razón no castiga,
extraños signos formaba,
raras señales hacía.
Suspenso escuché, sabiendo
que, cuando el hombre se olvida,
los fantasmas de las cosas
hablan, se acercan y atisban.
Era una canción acaso
hecha de toda la vida…
¡Ajá!
Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.