la canción de mis ventanas
Luz de mis ventanas que, a la calle oscura,
sales publicando mi oculta ventura:
luz hospitalaria, faro que me guía:
afuera es la noche, adentro es el día.
Voces de la calle, lejano revuelo
de pasos y charlas, arrullo y canción...
Desde mi ventana, mi trozo de cielo
ostenta, temblando, los ojos de Orión.
Lejos se retuerce la eterna quimera,
por donde comienza la turbia ciudad.
Una paz balsámica me llega de afuera,
y adentro del alma navega Simbad.
O bien, por las tardes, al Héspero claro
y a la rutilante hora del pastor,
¡con qué intenso júbilo saludo mi faro!
La reverberante lumbre de mi faro
abre el abanico de su resplandor.
Ventana, refugio, mirador del mundo
desde donde oteo las calles de sol,
desde donde asomo yo, meditabundo,
cautelosos palpos como un caracol.
Desde donde escucho lo que dice el viento
y ausculto la noche como un corazón:
imagen confusa de mi pensamiento
que es una perenne interrogación.
Cuando, con los años, próspera la casa
de la inquieta prole se alegre al rumor,
tenderé las manos al tiempo que pasa,
pediré a los cielos todo su esplendor,
haré que se enciendan todos mis hachones,
soltaré la fiesta de mi corazón.
Dos caudas de palmas, como bendiciones,
cruzaré en las rejas del alto balcón.