País Poema - Autores

alfonso reyes

a la memoria de ricardo güiraldes

I
SILENCIO EN EL CAMPO
PARADÓJICA HERENCIA DEL CABALLERO
DE LA TRISTE FIGURA
Fino abuelo tuvimos, como hecho de plata y marfil
[viejo,
aunque él nunca lo seguía, supo darnos un buen
[consejo.
Él era una fuente de palabras, un río rumoroso y
[ancho,
pero alguna vez confesó: —Hijo, al buen callar llaman
[Sancho.
Y el campesino de América sabe ya muy bien lo que
[quiere,
porque heredó, entre otros refranes, lo de que el pez
[por su boca muere.
Y de allí nuestros “tapaos” de poco hablar y caras
[foscas,
a todo evento ver y callar, y en boca cerrada no entran
[moscas.
Lástima que nuestros poetas se nos hayan vuelto
[facundos:
aprendieran el mucho-en-poco de los peones
[errabundos.
Hay cada amansador de potros que apenas dice: “Esta
[boca es mía”
¡y todo lo que promete, el “cabo de güeso” lo fía!
Desde la tierra del sarape hasta la tierra del chiripá,
nadie puede sospechar lo que este silencio dirá.
II
DON SEGUNDO DE LA PAMPA
SENTIDO ESPIRITUAL DE ESTA HISTORIA
Ya no lo sigue el escudero, siempre tan leal con la
[tierra:
ahora lo ronda un muchacho que asaltó la vida en acción
[de guerra.
Frente alucinada en el cruce cardinal de cuatro
[distancias,
el muchacho —a lomos del pingo— ventea el olor de
[las estancias.
Como cardo prendido al traje se lo había llevado su
[padrino,
y con el lazo y las boleadoras lo fue haciendo mejor
[latino.
Y aprendió a cebar la paciencia esperando que la pava
[hierva,
y el antiguo comunismo agrario en la comunión del
[mate y la yerba.
¡Oh, sueño de los campos iguales, siempre acostados
[sobre el suelo!
¡Oh, camino que anda y no llega, a lo largo del
[desconsuelo!
Hay que ser solidario: o perderse o seguir los
rastros, bajo la constancia severa y nocturna de los astros.
Siempre el menor tras el mayor, a quien no conoce y
[casi nunca nombra:
¡Fantasma o promesa a caballo, con cuánta razón te
[llaman Sombra!
III
LA TRANQUERA
CIFRA DE LA TIERRA ARGENTINA
Santa parrilla de palo, cuadrícula breve;
refugio apenas insinuado, cuando pica el sol o cuando
[llueve.
Aquí se organiza el paisaje y de aquí arrancan las
[medidas;
único accidente geográfico, índice alerta entre
[las llanuras dormidas.
La cita de amores y de riñas tiene que ser en este
[punto:
sola huella de la mano, sola geometría en el conjunto.
Donde atar las cabalgaduras, donde apoyar el ensanche
[de los ojos;
reja sin otra caricia que la bronca macolla de abrojos.
Así, tan escueto como esta pobre tranquera;
tan entre dos infinitos que de cada lado se está afuera;
Tan atado en lo suyo que el campo sin él (sin ella) se me
[va en el viento;
así —árbol según el hombre, necesidad del
[pensamiento—;
Así —nudo de sus hilos, araña en la malla de su
[mundo—,
como la tranquera en el campo, así veo yo a
[Don Segundo.
IV
RICARDO SOMBRA
ENVÍO
Llegaste cuando yo no estaba y yo vine cuando habías
[partido,
y nuestra alianza queda encinta de todo lo que pudo
[haber sido.
Tal vez te recogieron, como en tu cuento al Trenzador,
arrugando con crispada mano la carta en que te dije
[adiós.
Hoy, tus ecos juntando, te alzo una estatua de reflejos,
y por la señal de tu planta te voy campeando desde
[lejos.
Cada uno me habla de ti con un elogio diferente:
puedo pensar que, sólo contigo, se me murió mucha
[gente.
Nunca se dio una amistad tan parecida a una idea.
Tanto despojo me conforta: acaso es mejor que así sea.
Ya eres una fotografía —y lo demás se desmorona.
¡Ojalá que tu alma tenga la esbeltez de tu persona!
Espérame: nos encontraremos en la posada vecina.
Aquí te dejo estas palabras en el regazo de tu Adelina.