País Poema

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alba flores robla

madrid

SI vuelvo a Madrid
es posible que llore al pasar por el parque
y ver a esos niños que no parecen niños.
Sé que para llorar es mejor el frío de ahora
que el sol que hará en primavera.
Pero es que en el Madrid que llevo dentro
nunca llueve.
Me pregunto que habrá sido de la parte que dejamos allí,
bajo los pinos que no daban piñones,
al lado del cementerio.
Me pregunto también que habrá sido del hombre que vendía peces
en el mercado del barrio
y que estaba enamorado de mi madre.
Porque
—aunque ella lo niegue—
le temblaban las manos al pesar las sardinas.