una ribera michoacana
En la hermosa la custre y ribereña,
fundada hace más de quinientos años,
ornada de clima frío, porque adueña,
a unos ribereños friolentos y extraños.
Al pasar pueblo tras pueblo, nos embellecen,
nos coquetean con peculiar candela.
¿Sigue igual si anochece, enfría o hela?
No dan memoria a algunos que los enmudecen.
¿Tiene culpa el humilde callado arriero,
Al escuchar a cleros angelicales?
Estos se aprovechan, perfil traicionero,
y ahora, son rapaces animales.
La fe en ellos cambia, se ven obligados,
dan el diezmo sin creer en la providencia;
dan y detestan la mofada indecencia
y la mano que recibe diezmos dados.
¡Es una traición!, sería un sano juicio,
de un arduo y santo comienzo franciscano.
se volcó la alegría al temor silicio,
como cuando Nuño los tenía en mano.
Cada pueblo gime, pide que mejore,
miran al evangelizado Quiroga,
ponía la doctrina dudosa en soga,
llanto al culpable y hombre al que llore.
¡Oh Quiroga! ¡Oh Jacobo y tal Coruña!,
¡Qué más quisiera que viviesen ahora!
Dirige al pueblo, y el báculo empuña,
y ustedes alimenten con alma dadora.
Que Tzintzunzán y Pareo se ennoblezcan;
que adoren a Dios Purenchécuaro y Uricho;
que digan Tócuaro y Arocutin el dicho:
que sólo en Cristo en lo inculturado crezcan.
Que alabe en Pátzcuaro a las Tres Personas,
Que Tziróndaro adorne con benditas flores,
Que Santa Fe pinte al hospital colores
Y Puácuaro le soldé a Dios tres coronas.
El Oasis es Janitzio, todos visualizan
y pendientes por sus cuatro islas hermanas.
¿Cuál toca tierra, porque la fe deslizan?
Porque Jarácuaro lo sería de sus ganas.
¿Será Urandén o Yunuén de tierra llana?
No se olviden del pueblo más dañado,
por cubrir crías nuevas del frío en plumas;
mordieron así, como rapaces pumas,
y a treinta tres años le han conspirado.
El más pequeño de fe, de apellido ¨Aro¨;
de poco fe en clérigos de testimonio,
algunos fueron malos ante el amparo;
otros le tiene de sede en su matrimonio.
Acuérdate que de nupcias introduces
a seminaristas alertas y creativos,
son sacerdotes, doctores o ejecutivos,
sólo recuerdan lo feliz de tus luces.
¡Erongarícuaro, qué triste quien te recuerdo!
Al ser yo el primero de todos estos,
digo que son más alegres los repuestos,
por ser oveja pastora, en seco o en verde.