País Poema - Autores

abraham carrillo colín

un día de febrero

¡Vedme!, te recuerdo amigo,
envuelto en vuestra inmensa alegría,
y al celebrarte consigo,
la vicisitud que surgía.
Otro aniversario. ¡Oh feliz día!
Otro retoño risueño,
al mundo alegraste, hoy esto conmovía.
Es Jesucristo tu dueño,
te ama y por ti moría
porque una nueva esperanza, en ti, veía.
¡Veintiuno, son el grito!,
que resuenan en las celdas alegrantes;
festejo te suscito
con mis versos infantes,
no equivalen dinero, oro o diamantes.
Te enseño, mi alma palpita,
por el tumulto de la santa fiesta.
Como trompeta repita,
porque el ánimo no resta,
lo alegre que tu semblante manifiesta.
Abraza la voz firme,
que te canta áspera y calladamente;
podrás, así, herirme,
si me escuchas de frente;
se paga esto con oración ferviente.
¿Qué imaginas Eduardo?
¿Qué otro deseo complacerte puedo?
¿Perfumarte en dulce nardo?,
te confieso, no me enredo,
porque tu perfil me recuerda a Alfredo.
¡Santo y grato el día sea!,
por el festín de una Hostia comulgada.
¡Ah!, cuando tu mente lea,
esté gozosa y colmada,
más por la misa, que por carta dada.
Hazte receptor viviente,
en eclipse, crepúsculo y la aurora,
que Dios te quiere ferviente;
naciste, vives ahora.
¡Tú puedes, festeja, ama, sueña, llora!
Que en vísperas de febrero
te canten melodías armoniosas;
quiero ser en ti pionero,
con atrevidas prosas,
no las veas por malas o monstruosas.
Sonden razones ingratas,
pero con gratitud para contigo;
cuesta, a ti, las doy baratas,
como en la misa es el trigo.
Escritas están a mi mejor amigo.