soneto pródigo
Todavía reciento,
con recelo, lo vivido,
por creer que tu huiste
y pensar que te has ido.
Cuando hube recaído
yo asegure que te fuiste,
en corrección llegaste,
como regla corregiste.
En todo el mundo terreno,
te busqué, ¡Oh Mi Señor!,
en cada esquina, puerta,
animal o en una flor.
Busqué todos los amores;
busqué a unas flaquezas,
perdieron todas bellezas,
siempre portaron hedores.
En un valle tenebroso
que nunca había vista,
dentro de mi corazón:
el llamado lo hace Cristo.
Calientas las noches frías,
después viéndolas oscuras,
a estas pobres las curas,
cambiando noches por días.
Huido de todo placer,
que ofrecía la tierra,
porque el gusanado ente,
me labraba como fiera.
Lo que supero mi deseo,
es que me veas y verte,
y con silencio quererte,
refutando lo que creo.
Me ofrezco mísero,
con destrozos, amargo;
hoy dame y llegue vida,
que toda astilla la cargo.
¡Me deseas más perfecto,
y puro de pronunciación!
Espero tener decisión,
porque soy todo un defecto.
¡Mira, seré tu viajero!,
después de todo me consiste;
tú serás lo que quiero,
porque perdido me viste.
¡Ya no temo, te buscaré!,
sé que vives en me mente,
la doy, descansa urgente,
porque a ti me reclinaré.
Desvestido me vestías
y con culpa me salvaste;
del castigo te oponías,
todo fue cuando llegaste.