poema a una religiosa
De muchas he conocido,
la mano maestra que me conduce;
de la tuya he recibido,
dándome lo que deduce,
que al sacerdocio sin temor aluce.
¿De cuál enseñanza tomo,
para ofrecerte las gracias sincera?
Lleno de dudas me colmo,
al responderme quimeras,
siendo estas últimas o primeras.
Que no te sea sorpresa,
por recitarle a una religiosa,
de sabiduría que apresa,
mi alma llena y temerosa,
y, con tu síntesis, ella reposa.
¿Cómo, Ángeles, presentaste,
la gala de virtud para pastores?
Al Seminario formaste,
llenándonos de valores;
hoy de tu semilla crecieron flores.
Flor de lívida alegría,
con lirios rebosantes y riberas;
nos refugias como crías,
en vuestras crudas maderas;
integras a futuras personas cleras.
La práctica me mostraste,
al paso, y en pasillo caminamos.
La vía formada armaste,
nosotros el gozo damos
con tus logros buena vida armamos.