narración del amor más puro
NARRADOR:
La madre hacia el hijo,
el hijo sólo se arrulla.
Dice ella: solo soy tuya,
ella tiende a lo que le dijo.
MADRE:
Un ángel de lucidez prendida
y con voz que suaviza y despierta,
de día viva y de noche incierta,
que, después de él, no hallé salida.
Vino y truncó entre espada caída,
porque acongoja y pide respuesta,
acepté la ley, por él, impuesta,
y así, he encontrado una salida.
Pienso que de tres solo equivalgo,
pero de una me queda la duda;
¿Por qué este hijo?, ¿por qué lo cargo?
¿Seré virgen? ¿Dónde tendré ayuda?
La contesta mi boca con amargo:
Seré del hijo y que a él acuda.
HIJO:
De una nueva luz llegó libertad
porque seis barrotes y hierros,
se han asemejado a luceros,
dependiendo del vientre virginal.
¡Mira, mi amor, respuesta matinal!,
naciste con el cuerpo que quiero,
¡Resiste!, que desde siempre espero,
el bajar por tu regazo matinal.
Vistes gracias, dones y dulzuras.
¡Quitaos, noches! ¡Traedme, días!
porque te escuche muda contra usuras.
El mundo te odiará, a él no irías,
tus palabras aciertan locuras,
y el pueblo, del todo se te opondría.
NARRADOR:
De gracia y estima se componen
dos amantes con sus furores,
y por los hombres pecadores,
a su voluntad se oponen.
MADRE:
Te doy nulidad y mi vida;
te regalo el puro vientre,
utilízalo como fuente,
y al margen limpie heridas.
De las que vendrán tendidas,
vendrán en tiempo reciente;
mira el corazón latente,
siente y se da consumidas.
Amarte como tú quieres,
será esa mi única misión.
Reconstrúyeme cómo eres,
para tener bella ilusión,
¡Dime! ¿Cómo me prefieres?
¿Me será errada tu visión?
HIJO:
Tal como eres te amo.
¡Preferida, me honrarás,
ante todo, serás capaz;
seré puro, por tus manos!
Deseo, regalos dados,
de vos, por ti, mejor darás,
y tú, madre, por mí obtendrás,
por templarte al pie de clavos.
¿Qué es lo que tienes o viste,
con el mundo y conmigo?,
que el hijo que, de ti existe,
solo quiere estar contigo,
verte, escucharte y oírte,
será, si nacer consigo.