moradas
Todo empezó un buen día,
en donde mi alma lloraba sin reproche,
muy adentro consuelo oía,
en silencio me consolaba la noche.
Tanto el veneno y el pecado,
me motilaban pasiva y mutuamente,
al sentir ardor por costado,
y sin mirar a alguien a costa presente.
Soy malvado en rechazarle,
tonto que me conquisto en solaz momento;
era tentación olvidarle,
aun sin tenérseme en consentimiento.
La señal nada refleja,
al mundo exterior que siempre me preside,
no movía audio, labio u oreja,
que me dé respuesta de lo que en mi anide.
Oí la orden desde lejos,
y mi mediado ser se paralizaba,
que, de sentido y reflejo,
le sean de olvido a esta alma que condenaba
¡Caridad! ¡Dadme un consuelo!
¡No es justo tener un alma aprisionada!
¿Cuándo me cargará el consuelo,
junto con mi mentalidad insinuada?
Para compartir muy pensante,
al encontrar por doquier lado suciedad,
porque luchar si semblante,
es pelear en penumbra de sequedad.
¿Acosa el Señor quiere algo,
de mí o e mi sosegada insistencia?
Él sabe que en él cabalgo,
pero negando su complete eminencia.
De todo lo que, en mi mora,
solo me ha de acontecer una duda:
¿Porque el cuerpo pide ahora,
que reaccione y hacia el Señor acuda?
¡Señor, que más que este ruego!
Envuelto al día en temerosa injusticia;
si me engendraste en el fuego,
porque en ti la segunda vida inicia.
Dime, cuando yo descanse,
si he tomado escrito fiel del relato.
¿Será cuando el cielo alcance,
y les deje vía con letra y dato?
Pero si luchando tanto.
¿A quién le atribuyo tenue sufrimiento?
¿Por qué no llamas algún santo,
que me guíe tenazmente en este momento?
Que vestidura me arranco,
si desde siempre he estado desnudado,
siendo que el Señor es franco,
no da deseo en paz, tibio ni apagado.
Pide pronto una respuesta,
y con ésta, al ánima débil dirige;
esta alma que va molesta,
aun cuando su penitencia corrige.
¡Dime, Señor!, ¡al oído!
¿Hacia dónde me dirijo? ¡Señor, dime!
No huya, si oyes ruido,
no acobardes, si el alma entrañada gime.
Su voz silencio gritaba,
recitándome canción enmudecida;
mientras mi alma en tiempo paraba,
pensante que es tiempo que acabe la vida.
En llanto pensé encontrarme,
para sentirme por años protegidos
por pensar enamorarme,
ahora, a lado de él, lo he conseguido.