lo que encontraré en el cielo
Hoy llegamos a la aurora,
prendadas y venidas del heroísmo;
es la faz cultivadora,
desviada del duro abismo;
ellas las gozamos con Dios mismo.
Son rebanados encinos,
fértiles coníferas de pradera.
Tú plantaste esos pinos;
ahuyentaste a esas fieras
y pasaste solo las primaveras.
Ofreces islas construidas,
definiendo faunas y variedades;
ahí se ennoblecen vidas,
por los siglos y edades,
para que vivan todos en piedades.
¡Oh canto pastoreado!
Que a los oídos de un ente resuena;
sé que no me he apartado,
ni he apartado mi pena,
completándola con miseria llena.
Es Dios quien muestra paisajes,
aparece al hacerme el invitado;
si, tardó el mensaje,
que ha sido recitado,
por el gemido del ángel enviado.
Al pensar en tus ejemplos,
al no quererse sola la laguna;
fincaste el único templo,
arriba de la apertura;
unificaste tu sol y vuestra luna.
¿Presurosas son tus flores,
o las flores las plantas con presura?
Llenaste con tus colores,
toda fincada y hechura,
poniéndoles blancas luz por la oscura.
Manantiales divergentes,
y suaves caricias de los detalles;
la razón mata las mentes,
lo bello hace que calles.
Francamente floreas linos y valles.
Despertarme, fuerte reto,
soy amado en cómoda residencia;
con establecer, prometo,
amar mi amable incidencia,
al renovarme en natural presencia.
Te obedece la proeza,
De elogios pretendientes y creaciones;
Regando naturaleza,
En medio de divisiones,
Comprendidas con auras y secciones.
Ya no olvido tu frontera,
fincada alrededor de lo narrado;
lo que pase cuando muera,
me consolará el llagado,
nombrado, Jesús el cordero inmolado.