País Poema - Autores

abraham carrillo colín

la nueva noche oscura

Y llevándome a dar usura,
dejándome su carga castigada,
frente a la seca llanura,
cuando siéndome tentada,
y con lo fecundo ser regada.
Creyendo mi alma llorosa,
presto que aquel ya se le difundía;
la niebla se es temerosa.
Pensante a dónde se iría
y como hecho siento que él venía.
Al encuentro me formaste,
alejando alimaña disfrazada;
doy presente que me fiaste,
y con mi esencia velada,
para que me encuentres hacia ti dada.
Mi cuerpo estaba dormido,
y en sueño el encuentro solo acordaba,
mi total no lo vivido,
al velador anhelaba,
al instante, el cuerpo al alma, se incrustaba.
Víctima de fuerte pena,
no teniendo al centro la noche fría.
¡Robadme, brazada ajena,
la que del mundo huía
y por su miseria para él se ofrecía!
No sé si es por o con ella,
La que he de embriagarla con el vino
y marcarla con su huella,
marcando oscuro camino,
esto me llena y el contorno afino.
Me está esperando el amado;
se abre la mano, en silencio pido.
Ruje en malicie consternado,
la infidelidad y ruido,
comprados por portentos de un herido.
Hoy veo veladores
que desean viaje o lenta viajera.
¿La oscuridad emana temores,
o será esta pasajera?
Porque he visto a Dios por vez primera.
Cólmame de más usura
si me recuesto en tenebroso prado.
¡No tardes hermosura,
quiero tenerte a mi lado,
que la noche de mí se ha olvidado!
Me son dulces los despojos.
¿Por qué no pensé contigo hacerlos?
Pero hoy no causa enojos,
me es gratitud tenerlos
y dados de Dios me pide cederlos.
No veo más existencia,
mi existencia murió sin tener cura;
duro poco su presencia,
pero apago la tortura,
al no estar solo veo de él su figura.