hacia mi dulce san luis maría
¿De dónde son estos secretos?
¿De dónde me has hablado, Luis Santo?
¿Dónde saliste, o el decreto?
¿De quién cogiste su manto
que me limpió lágrima, angustia y llanto?
Sin más destiempo, acogedme,
en mi regazo que parte al tuyo;
voy a miseria, vedme,
que mi vida destruyo,
donde a la oscuridad temo y le huyo.
Te creo, eres elegido,
acoge el tiempo para conocerte,
porque la amistad te pido
y no quiero perderte,
siendo sueño que al cielo pueda verte.
¿Quién es ese que proclama?
¿De qué Mujer estás enamorado?
¿Quién ha encendido la llama
que por siempre ha aclarado?
Después tu aceite nos ha incendiado
Llamas Madre a vuestra amante,
¿Quién te ha donado este patrimonio?
¿Acaso fue en el instante,
contrariando matrimonio?
Con sublime acto amarraste al demonio.
Has atrapado medalla,
azulejos que de mano sondea
llega a tu mente y te estalla,
da al corazón que desea.
¡Piedad, paradme, para que yo vea!
No exiges los premios,
pero das dulcemente regalías,
siendo regalos bohemios,
que de entrañas ofrecías:
a ancianos, pecadores y almas pías.
¿Quién echa fuego ardiente
que detiene adentro como agua pura?
De ella eres ser ferviente,
con ella has dado cura
a la mundana desgracia futura.
Predices el futuro
con las ansiadas visiones premisas.
María alumbrará el muro,
en almas que en ella esclavizas,
desde las ignorantes y sumisas.
¡Oh San Luis, del cielo invita,
a la doncella que has prometido!
Mira sino es gratuita,
tendremos lo mentido
que no expresa ni razón ni sentido.
No prometo más afanes
que me alejen de la bella María;
tengo con vino y los panes
que emanan de la Eucaristía,
que, sin ella, desde hoy no existiría,