País Poema - Autores

abraham carrillo colín

dios tiene ansia de miles de almas

Narrador:
Oí de Armida Cabrera,
llegando grito de esencia cautivante,
que Jesús el eco espera,
aunque llegué de voz mortificante.
Cabrera
¡Éste será mi martirio!
Haré lo que oí del frondoso pecho.
¡Almas!, hoy es mi delirio,
que suena espacio estrecho,
al ver qué alma con puro amor flecho.
Cuando te toco y te veo
sólo esta inquietante palabra existe.
¿Puedo salvarlas si creo?
¡Seguro sí, por mí moriste!
y en mí el abismo y calma dividiste.
Exigente:
Quiero miles y millones
de almas en mi hospicio y regazo;
une el amor con cordones,
no huyas si fuerte abrazo,
porque si eres fiel mi justicia atraso.
Cabrera:
Pero soy polvo y nada,
solo a diario en cenizas me consumo.
¡Piedad, Deidad encarnada!,
que no quiero oler más humo,
y si es contigo, a la guerra me sumo.
Con fuerzas nuevas te ruego,
que tu sangre hermosa se derrame,
que arda cual, si fuera fuego,
no importa si gime o brame
y tras la inclinación se inflame.
Narrador:
¡Qué llamado! ¡Qué hermoso
es narrar lo que, en su alma, ella refleja!
Quisieras menos brumoso,
por ser la primera reja.
¡No tardes!, porque el Señor te aconseja.
Cabrera
Señor que tu oír se incline.
¡Oír el latir que te bruñe y espera!
Que tu tempestad fulmine
la victoria pasajera,
que topea y enlaza mi alma mensajera.
Exigente:
¡Oh hija, hija querida!
Cuando un alma es totalmente pura,
en el cielo esta escogida,
se escoge como criatura,
en tierra, porque en el cielo es pedida.
Quítales todo lo orgulloso,
los aferrados y tercos pecados
que, del infierno dudoso,
estarán siempre llamados,
pero al banquete siguen siendo invitados.
¡Dales muerte, dales guerra!
Pensé que en tu nación santos tendría,
por eso te mandé a la tierra,
a ver si algo florecía
y así alimentar a toda alma impía.
Cabrera:
He velado cada sueño,
que tengo, aunque esté despierta contigo;
toma de mí, como dueño,
dame fuerza, como amigo,
que me enamoraste y mi alma es testigo.