País Poema - Autores

abraham carrillo colín

desde una cruz sangrienta

Desde una cruz, sangriento y humillado,
disuelves tu mirada con dulzura,
y gimiendo que pidamos tu cura,
para nunca apartarnos de tu lado.
Mira Cristo, del canto refinado,
tomo mi mejor, de sutil hermosura,
dado de corazón como agua pura,
me nace, quedándome enamoras.
¡Oh Señor! ¿cuántas veces te litigo?
¿Cuántas veces peco en el Seminario?
Hoy te prometo estar siempre contigo,
aun si te tomo sin ningún denario;
que esta fe que celebro sea trigo,
consumida en tu tiempo ordinario.
A costa del sol nos consagramos,
reunimos nuestra flaca deshonra;
saludándonos con la última aurora,
de corazón la fe retornamos.
De uniforme limpio nos armamos,
para unirnos en la bella hora;
moldear a nuestra alma que llora,
nuestra alegría y gozo te damos.
Nos paseamos en riberas,
mimando espinas en silencio,
te pedimos que sean certeras,
con intención que sube en incienso;
prontamente llegaran tareas,
de ser santos por tus blancos lienzos.
Demos gritos de total añoranza,
es de honor el gozo que nos presta,
que al año se celebré tu fiesta,
con elenco del canto y la danza.
Sabemos que tienes esperanza,
de alejarnos de la cercana cuesta,
y nos expresas tu única propuesta,
y es abrir tu costado, como fianza.
Cae en gotas, métrica de un muerto;
Te anonadas y la haces vidas,
Seguida de tu mensaje cierto.
¡Ven, Resurrección que, las heridas,
por vos y el momento las ha abierto!,
por compasión de nuestras caídas.
Prontamente hoy te encuentro,
Junto con mis hermanos allegados.
Hoy te clavaste en el centro,
¡es tu ser acumulado!
Y sin pedir me has enamorado.
La grandeza ante naciones,
se estremece la miseria humana;
con dolor de las pasiones,
cargándotela temprana,
que, con muerte, nace y nos es temprana.
Se repite con prisa,
la alabanza de seres profanos.
nos madruga la misa,
y estas con tus cristianos,
¡Crucifícanos, seremos tus manos!
¡Oh mi dulce escalofrío!
¡Es estrecho y flecha del amante!
¡Es sublime y con vacío,
encumbrado y distante!
Piensa el presente y facturado andante.
No hay duda en el momento,
que nuestra juventud sea tomada,
te elevaremos y el viento,
nos iremos como nada,
y ¡oh, vida eterna! ¡llegará agradada!
De instante das mensaje,
¡Allegado, tu eres recibido!,
¡Hermosura, que el paisaje,
plasme tu dolor sufrido!,
has me heraldo al darte y acogido.
Tú pronuncias con tu boca,
y nos das cura a las llagas profundas;
la fe, en ti, se desemboca,
en doquier, donde abundas,
y el océano de sangre la fundas.
Nos desnuda la osadía,
por responder, solos, al preguntarnos;
no eres salvación tardía,
porque salvas al amarnos,
y corriges sendas con hallarnos.
Nos conmueve tus misterios,
tiras la sutileza innecesaria;
hoy no nos deseas cerios,
y abrazas la orla ordinaria,
retirando las almas empresarias.