País Poema - Autores

abraham carrillo colín

del canto que me han donado

Javier del canto donado,
te canto entre las brillante praderas,
reflejadas a tu lado,
he de callar las fieras,
detienen con límites y fronteras.
Pronunciemos los amores
que han sido dulcemente dados;
quitemos nuestros temores
plantemos floridos prados,
para que entronque, con fuerza, los pecados.
Yo he encontrado al decente,
deseando nunca estar en su olvido,
para cubrirme del latente,
que es su corazón herido,
vértice del legado despedido.
¡Pasad para mi regazo!
Mi regazo está ornado bellamente,
entre lo rocoso y el paso
de tu persona ausente,
siendo ignorante o, sensata y prudente.
Te demuestro sin ejemplo,
pero con lira y letras resonantes,
con humildad te contemplo,
como uno de mis amantes,
reteniendo almas dadas y distantes.
Hombre de apellido Luna,
¡prestadme tu amor de parusía!
La gracia te es oportuna,
como nueva luz del día.
¡Pretended ser un hombre y vigía!
Recuerdo vuestros perfumes,
apreciando en el pasto, el prado verde.
La misión dada asumes
cuando el detalle se pierde,
o el alma, en el tiempo o curso, recuerde.
Precisa mis coherencias,
y la incoherencias no las presienta.
Te amé más que las vivencias
hechas por todos los entes,
o malvados y nocivos vivientes.
Desciende hasta mi pecho;
descansa en mi recuerdo amordazado,
solo quita los despechos
y despierta los cansados,
los que el demonio ha tenido apresados.
Mis presas son sentimientos:
de cólera, ira, decencia y enemistad;
dale rapidez a los lentos,
colócalos en la Deidad,
cámbialos con templanza y caridad.
Nos dañan las tempestades,
por nuestro amor que están inflamando,
por el Santo de Deidades;
ya el Santo nos ha hecho dado,
y el coraje no nos será recordado.
Mire que creces lentamente,
con la Virgen a la que promoviste,
en tu coraza y en tu frente;
con cien voces compusiste
una belleza, y de santo te vestiste.
No ofendas a creaturas,
ni a labrados o los fuertes hombres.
No olvides tu esencia pura,
que aniquilas en pronombres,
busca la perfección en los TRES NOMBRES.
Te pido ir a lo perfecto,
descubriendo las misiones mandadas;
habrá seres con defectos,
pero en origen compradas,
y odiando a Dios no le son desterradas.
Sé que pronto nos veremos,
gozando el eterno paraíso;
piensa que lo ofreceremos
y merecer lo que él quiso:
estar, desde hoy, en pecado omiso.