País Poema - Autores

abraham carrillo colín

de juan he escuchado la pasión de cristo

¡Abraham, qué bueno que llegaste!,
te narro desde un letrero,
con Él, cual día tomaste,
dándola gloria con soplo primero,
y ahora eres prisionero.
Era el día viernes y el aprisco,
siendo las tres de la tarde;
la honra caía desde un risco,
como ceniza que del fuego arde,
y en doquier gritan cobarde.
Orden era, de un tal cual Pilato,
Barrabás le era inocente
y actuando de forma decreciente,
la prole exige urgente mandato:
que Jesús muera nos es grato.
Este letrero que estoy leyendo,
lo vieron muchos judíos,
con letras rojas se está escribiendo,
y toscos pensamientos vacíos,
que no mueve ardor o el frío.
¡Torpes! ¡Crueles e ingratos soldados!,
no viendo sus dolores;
sus vestidos le son apropiados,
los reportaron con sus terrores,
para que sus cuerpos las moren.
Aunque no creas no todo es malo;
¡oí, se me dirigía!,
me otorgo lo único, era un regalo,
que del maligno defendería,
te lo presente, es María.
Me es inolvidable este momento,
me dio un alma pura y buena,
que no soltaba por sufrimiento;
conmigo estaba la Magdalena,
y es testigo de su pena.
El hombre, que del diálogo es causa,
a la mujer la seguía,
por ella su escenario da pausa,
por la gloria la retenía,
y ella pronto con él se iría.
Vio Jesús que todo está cumplido,
todo lo de la escritura;
pide que alguien, de él, esté movido,
y con poco vinagre de cura,
porque su sed lo tortura.
Probando la esponja reportaba,
diciendo que está cumplido,
y da el porqué de donde estaba,
y su ser de cordero herido,
porque a muchos ha invertido.
Él entregó e inclinó la cabeza,
sospechamos sin demora,
que ha muerto por tanta maleza
y en vergüenza se incorpora,
el mundo que ahora llora.
Unos soldados se dieron cuenta,
y no rompieron las piernas.
La misericordia Jesús renta;
a madres, hombres, pobres, y yernas,
dando calidez paterna.
¡Hubieras, oyente Abraham, visto!,
¡traspasado por la lanza!
Te invito a que ames más a ese Cristo,
que no se quedó sangre en balanza,
para ver en ti esperanza.
Te doy testimonio de las cosas,
por completo es verdadero;
solo narro a almas que no ven rosas
y apasionan la ida del cordero,
a este lugar pasajero.