de juan he escuchado la pasión de cristo
¡Abraham, qué bueno que llegaste!,
te narro desde un letrero,
con Él, cual día tomaste,
dándola gloria con soplo primero,
y ahora eres prisionero.
Era el día viernes y el aprisco,
siendo las tres de la tarde;
la honra caía desde un risco,
como ceniza que del fuego arde,
y en doquier gritan cobarde.
Orden era, de un tal cual Pilato,
Barrabás le era inocente
y actuando de forma decreciente,
la prole exige urgente mandato:
que Jesús muera nos es grato.
Este letrero que estoy leyendo,
lo vieron muchos judíos,
con letras rojas se está escribiendo,
y toscos pensamientos vacíos,
que no mueve ardor o el frío.
¡Torpes! ¡Crueles e ingratos soldados!,
no viendo sus dolores;
sus vestidos le son apropiados,
los reportaron con sus terrores,
para que sus cuerpos las moren.
Aunque no creas no todo es malo;
¡oí, se me dirigía!,
me otorgo lo único, era un regalo,
que del maligno defendería,
te lo presente, es María.
Me es inolvidable este momento,
me dio un alma pura y buena,
que no soltaba por sufrimiento;
conmigo estaba la Magdalena,
y es testigo de su pena.
El hombre, que del diálogo es causa,
a la mujer la seguía,
por ella su escenario da pausa,
por la gloria la retenía,
y ella pronto con él se iría.
Vio Jesús que todo está cumplido,
todo lo de la escritura;
pide que alguien, de él, esté movido,
y con poco vinagre de cura,
porque su sed lo tortura.
Probando la esponja reportaba,
diciendo que está cumplido,
y da el porqué de donde estaba,
y su ser de cordero herido,
porque a muchos ha invertido.
Él entregó e inclinó la cabeza,
sospechamos sin demora,
que ha muerto por tanta maleza
y en vergüenza se incorpora,
el mundo que ahora llora.
Unos soldados se dieron cuenta,
y no rompieron las piernas.
La misericordia Jesús renta;
a madres, hombres, pobres, y yernas,
dando calidez paterna.
¡Hubieras, oyente Abraham, visto!,
¡traspasado por la lanza!
Te invito a que ames más a ese Cristo,
que no se quedó sangre en balanza,
para ver en ti esperanza.
Te doy testimonio de las cosas,
por completo es verdadero;
solo narro a almas que no ven rosas
y apasionan la ida del cordero,
a este lugar pasajero.