País Poema - Autores

abilio valdes rodríguez

ana y celestino

Desde lo más intrincado
de una región campesina
un triste dolor germina
por el destino malvado
un amor crucificado
entre Ana y Celestino
hace que por el camino
de la dicha y el amor
ande la voz de un dolor
como un puñal asesino.
Ana y Celestino son
vecinos de aquella zona
cada uno, una persona
noble, de buen corazón
no padecen de ambición
son pobres, porque el destino,
no quiso que en el camino
hubiera riqueza alguna
y ni el amor por fortuna
tienen Ana y Celestino.
La madre de Celestino
es de la raza mulata
y odio cruel se desata
por quien de tal raza vino.
El padre de Ana, un genuino
racista de hueso a piel,
no quiere que hombre aquel,
hijo de la raza hermana
ponga sus ojos en Ana
que es blanca como un papel.
Pero la madre de Ana
Rosa, piensa diferente
a Juan, el padre que hiriente
rechaza esa raza humana.
De Celestino, la hermana
es una rosa trigueña
y como es lógico, sueña
tener un amor también
y sufre por el desdén
que de su raza se adueña.
El hermano de Ana sabe
de los dos el dulce enlace
y esto realmente les hace
la pena, ya menos grave
aunque en su pecho no cabe
la ira que se desata
en su padre, por la ingrata
vanidad de su racismo,
sin pensar que da lo mismo
la raza blanca o mulata.
Todo comienza un buen día
en un baile que se dio
donde Celestino vio
a la mujer que quería.
A bailar se disponía
con Ana y la fue a sacar
y sin hacerse esperar
la expresión de mala gana
de Juan, el padre de Ana
quien les prohíbe bailar.
Hija no quiero volver
a llamarte la atención
para mí esta situación
se tiene que resolver.
No quiero volverte a ver
hablando con esa gente
porque somos diferentes
y para hacer más sensato
no permito que un mulato
venga a mancharte la frente.
Padre, yo nunca pensé
que esperaras estos momentos
para herir los sentimientos
que desde niña guarde
ya por tus palabras sé
de tu mal sana intención
y si tus ideas son
relacionarte con él
te voy a ponerte la piel
del color de un camaleón.
Celestino no quería
intervenir en cuestión
porque la conversación
en mal punto lo ponía
pensó que mejor sería,
callado permanecer
porque Juan al ofender
la fuera a coger con Ana
y dijo, quizás mañana
él cambie su parecer.
Mamá, dígame ¿qué hacer?
Sé que a papá no le agrada
pero estoy enamorada
y no lo quiero perder.
Hija tienes que tener,
bastante resignación
porque ante tal situación
nunca tu padre razona
y sabes que no perdona
aunque le implores perdón.
Ya tendrá que razonar,
porque si se opone madre
voy a olvidar que es mi padre
y me tendrá que olvidar.
Ana debes de pensar
las cosas que vas hacer
debes paciencia tener,
que a veces hija querida
muchas cosas en la vida
no se pueden resolver.
Paso el tiempo lentamente
Celestino hablo con Ana
espera que una mañana
se haga un cambio en el ambiente,
cuenta lo que adentro siente
sin poderlo remediar
y al no poder encontrar
solución para sus males
deja las sendas rurales
y va a la Habana a estudiar.
Ana, mi prenda querida
tengo un tiempo que dejarte,
¿cómo poder explicarte
lo que te quiero en la vida?
Yo se que tu pecho anida,
el amor más hondo y puro,
y aunque de mi padre, el muro
se interponga en nuestro amor
ha de sobrarme el valor
para esperar el futuro.
Deja que el tiempo en su andar
decida nuestro amor Ana
mientras yo voy a la Habana
para acabar de estudiar.
Yo quiero verte graduar
y ya después de graduado
veremos el resultado
de nuestro amor Celestino
esperemos que el destino
nos tenga un sitio apartado.
Fue Celestino a la Habana
a terminar su carrera
mientras que con ansias espera,
muy triste y muy sola Ana.
Por otra parte, la hermana
de Celestino en su andar
se ha enamorado de Oscar,
hermano de Ana, por cierto
un hombre bueno y despierto
que vive para soñar.
Oscar habla con María
hermana de Celestino,
una tarde en el camino
que llega a una vaquería.
La muchacha no quería
enamorarse de Oscar
por no querer agravar
la conocida tragedia
la que por la raza media
en el campesino hogar.
Quiero que sepas María
que el amor que por ti siento
me hace olvidar el lamento
de la pobre hermana mía.
Oscar yo nunca podría
aceptar tu amor, no quiero
atravesar el sendero
por el que tu hermana pasa
para tu padre mi raza
es como un triste lindero.
No vuelvas a mencionar
de tu raza y de la mía
que yo te quiero María
sin límites para amar.
No puedo callar Oscar
porque me mata el temor
si de tu hermana el dolor
lo provoca Celestino
yo iré por ese camino
cuando te entregue mi amor.
Siguen los meses pasando
y la espera cotidiana
y una carta de la Habana
recibió Ana, y temblando,
abrió el sobre sollozando
leía con frenesí
estaba nerviosa sí
por las tantas emociones
en los primeros reglones
la carta decía así.
Amor aunque la distancia
nos tiene un puente tendido
jamás logrará el olvido
que yo borré tu fragancia
no padece de importancia
el tiempo y la lejanía
pronto a de llegar el día
feliz para nuestro encuentro
algo me dice pro dentro
que me quieres todavía.
Yo se que te desespera,
que te hace la vida amarga
con una espera tan larga,
que ya es inquietud y espera.
Ya buscaré la manera
de poder estar allá
pregúntale a tu mamá
si en ella puedo confiar
porque me quiero casar
y se opone tu papá.
Ana leyó entusiasmada
la carta; mientras leía
regocijo y alegría
se le noto en la mirada.
Pero tan desdichada
era tanta su amargura
cuando pensaba en la oscura
suerte, de su cruel destino
y pensaba en Celestino
y era mayor la tortura.
Me enteré que de la Habana
una carta recibiste
y te noto el rostro triste.
¿Cuál es la cusa mi hermana?
Mira Oscar no es de jarana,
verse en este desespero
yo a Celestino lo quiero,
lo mismo que tú a María
pero en tu vida y la mía
siempre se interpone un pero.
No te aflijas que la suerte
un día nos llega Ana,
todo en la vida mi hermana
no es tan malo ni tan fuerte
¿cómo yo puedo hacer verte,
que es destino para mí?
Tú te conformas así,
pensando en la suerte Oscar
y no sé qué va a pasar,
ni que cambio exista aquí.
Después del dialogo aquel
que los dos hermanos tienen
les siguen días que vienen
amargos como la hiel.
Cada vez se hace más cruel
el padre de Oscar y Ana
y ocurre que una mañana
se enteró con un vecino
que una carta Celestino
escribió desde la Habana.
Rosa, me enteré que Ana
una carta recibió,
dicen que se la mando
un hombre desde la Habana.
No sé de qué forma humana,
quieres que yo te hable Juan
deja ese maldito afán,
que hace infeliz nuestra casa
que ya eres una amenaza
del tamaño de un volcán.
De otra cosa me enteré
y te quiero preguntar,
dicen de María y Oscar,
un dime que te diré.
Bueno en realidad no sé
si es cierto lo que dirán,
si enamorados están,
no tiene nada de extraño
ya los dos tiene tamaño
para enamorarse Juan.
Juan se le encara a María,
preguntándole en detalle,
de lo que ya por la calle
de boca en boca corría.
Le dijo que ya sabía
de lo que pretende Oscar,
y le dijo has de evitar
que Oscar cometa ese error
que entre ustedes ese amor
jamás va a tener lugar.
Usted perdone Juan
a decirle me provoca
que la insolencia de su boca
muestras de impurezas dan.
Creciendo mis ganas van,
en cuanto llegue a la casa,
que quiero ver lo que pasa
con esos dos hijos míos
les voy a quitar los bríos
que sienten por esa raza.
Mi raza no tiene nada
que envidiar la raza suya,
y porque usted la rehúya,
no es por otras rechazadas.
Mejor te quedas callada,
y deja de contestar,
que me quieres provocar
pero tú provocación
te aleja más de la unión,
de mi familia y de Oscar.
Ana contesta le dio
a la carta recibida
y gran dolor en la vida
al contestar recibió,
un sí, en lugar de un no,
quiso en la carta poner
pero así tenía que ser
porque sí así no lo hacia
Celestino seguiría
en un hondo padecer.
Celestino al recibir
la carta que Ana le envía
la abrió con honda alegría
sin pensar que iba a sufrir.
Pensó que fuera a decir
algo de amor, de ternura,
pero no había dulzura
en nada de lo que habló
la negativa de un no
lo llenaba de amargura.
Amor, aunque así te diga,
y no es para consolarte
te hago estas líneas por darte
un consuelo como amiga
yo te quiero y la fatiga
de amor me pone en la duda
y aunque tú creas que es cruda,
una carta que te envió,
entre tu amor y el mío
existe una frase muda.
Es el malvado destino,
interpuesto entre los dos
para que un eterno a dios
nos digamos Celestino.
Yo se que es cruel y dañino
tener que acabar así
más no quiero que por mi
sufras, que aunque yo te quiero,
quedarme sin ti prefiero
a que algo te pase a ti.
Cuando Celestino abrió
el sobre, empezó a leer
y no podía creer
lo que en la carta leyó.
Es una broma pensó,
pero no era jarana
nadie de forma inhumana
juega así con el amor
y sintió un hondo dolor
por la misiva de Ana.
El pensó que era mejor
resolver aquel problema
que en su interior le quema
como un fuego abrazador.
Quiso saber si un error
el hubiera cometido,
qué cosa hubiera ocurrido
allá, en su tierra natal
y dejó la capital
con el corazón partido.
Madre, cometí el error
de escribirle a Celestino
y dejó la Habana y vino
y está loco por mi amor.
Pero presiento el temor,
que algo malo va a pasar,
papá no quiere aceptar
las relaciones, mamá
y temo que papá
lo trate de amenazar.
No tengas miedo Ana mía
nada malo va a pasar
tu padre no a de llegar
lejos con sus tonterías.
El ya supo que María
y Oscar tuvieron relaciones,
y aunque mil prohibiciones
Juan les haga, la de saber
nada se puede hacer
si se aman dos corazones.
Celestino se presenta,
por fin en casa de Ana,
la acompaña su hermana.
Rosa los recibe atenta
pero al darse cuenta,
de lo que a su casa vino
no le quedó más camino
que ir y salir a su encuentro
se sintió triste por dentro,
y le dijo a Celestino.
Celestino, si has venido,
desde la Habana hasta aquí,
para preguntarme a mí,
de la carta el contenido.
Ana, vine decidido,
porque noto mil intrigas
y aunque con frases amigas,
tu carta se muestra rara,
tan sólo he venido para
que tú misma me lo digas.
Ana yo vine con él
porque quería decirte
sin el ánimo de herirte
con las fibras de un pincel,
pero a tu padre la piel
nuestra, no le agrada
y yo estoy enamorada
de tu hermano Oscar, lo adoro
y aunque por ratos ignoro
si a ti te importa te agrada.
No María, a mi tu raza
es lo que menos me importa
mi padre no lo soporta
pero a más nadie en mi casa.
Y como que me amenaza,
el temor de mi destino,
he tomado ese camino
aunque el dolor me taladre
no permito que mi padre
le haga daño a Celestino.
Basta ya de hablar María
me voy de nuevo a la Habana,
será mejor para Ana,
será feliz algún día.
Si por tu raza y la mía
es el destino tan cruel
si el acíbar, como miel
por nuestra raza temía
no es una desgracia, estamos
contentos con nuestra piel.
Se despiden y se van,
los dos hermanos por fin
Ana queda en el jardín
sola, con su loco afán.
Cuando ve llegar a Juan
siente en el pecho un temor
porque el padre mediador
entre su amor y su vida
ha provocado una herida
que le llena de dolor.
Ya hablé bastante contigo
por evitarte un fracaso,
pero tú, tú no haces caso
a nada de lo que digo.
Una y mil veces maldigo,
la vez que lo conociste
no sé cómo no le diste
cuenta de su mala raza.
¿Ya ves hoy lo que te pasa,
que por su culpa estas triste?
De mi tristeza es mejor
no hablar, porque mi tristeza
sobre su conciencia pesa
y pasa igual con Oscar.
Ana no quiero llegar
a conclusiones mayores,
y yo prefiero que llores
y pienses que te maltrato
que ya por ese mulato
hiciste varios errores.
No pienses que cometí
ningún error, lo que pasa,
es que tú por esa raza,
te viras en contra de mí
pero yo se bien que a ti
un día te ha de pesar,
ese día a de llegar
verás que tengo razón
me pedirás perdón
y le pedirás a Oscar.
Celestino se alejó
de Ana, su tierna ilusión
destrozado el corazón,
a sus estudios volvió.
La carrera que eligió
era la de doctorado,
siguió en su estudio aferrado
y un buen tiempo largo pasa
para volver a su casa
con un título alcanzado.
Madre por fin me gradué,
he logrado mi conquista,
ya me gradué de oculista
y pronto comenzaré.
En la Habana me pondré
pronto en algún hospital,
decidí la capital
porque así, mientras más lejos,
no quedarán ni reflejos
de quien me hizo tanto mal.
No hables así Celestino
que aquí nadie mal te ha hecho
por el contrario, hay un pecho
que llora por el destino.
Madre yo no me imagino
lo que usted quiere decir.
¿Quién por mi suele sufrir?
Si cuando me fui de aquí
solamente deje aquí
mal rato de mi vivir.
Mamá tiene su razón
para hablar de esa manera
y una injusticia fuera
hacerle una mala acción
yo tengo la convicción
que Ana siempre te ha querido
y si piensas que al olvido
te echó de un tiempo a esta parte
tú sueles equivocarte
porque por tú bien a sido.
Yo no le veo razón
a lo que dices hermana
porque estando yo en la Habana
mató toda mi ilusión.
Esa no fue la intención,
lo hizo para evitar
que algo te fuera a pasar
porque su padre se opone
y teme que no razone,
puedes preguntarle a Oscar.
El tiempo lento pasó
los años pasan, se van
hasta que una tarde Juan
de la vista se enfermó.
La familia lo llevo
a ver un especialista,
un conocido oculista,
quien dijo es de gravedad
y tiene necesidad
de operarse de la vista.
Oscar estoy preocupada,
no sé qué vamos hacer
ya casi no puede ver
y eso me pone asustada.
Mamá no puede hacer nada
y según dijo el doctor,
puede resultar peor
si no se atiende la vista,
y dice el especialista
que allá en la Habana es mejor.
La verdad que allá en la Habana
resulta mucho mejor
buscaremos un doctor,
no tengas miedo mi hermana.
Yo con la intención más sana,
lo llevara si pudiera
para ver de qué manera
algún médico lo ve,
pero en realidad no sé
al hospital que yo fuera.
Ya pensaremos que hacer
para operarlo mí hermana,
si hay que llevarlo a la Habana,
eso se va a resolver
lo mismo que antes veía,
porque si no ya sería
infeliz completamente,
a pesar que mucha gente
ignora la vida mía.
Rosa también afligida
por las cosas que le pasa,
siente un fuego que amenaza
con abrazarle la vida.
Es como si por su herida,
la vida se le saliera
y mientras surge la espera
de las cosas como van
llega hasta el cuarto de Juan
y le habla de esta manera.
Juan se que los momentos
no son propios para hablarte,
pero tengo que contarte
parte de mis sentimientos,
he vivido entre lamentos
mucho tiempo y no he logrado
que en nada hayas cambiado,
pero tienes que saber
que no es el tiempo de ayer,
ese quedó en el pasado.
Mira Rosa yo no se
qué cosa tú te propones,
pero me sobran razones,
yo obro de buena fe.
Realmente no sé porque
quieres hacerme cambiar
no quiero que Ana y Oscar
me pongan mala la casa
tú sabes que yo a esa raza,
no la puedo soportar.
Eso ya yo lo sabía
no tienes que repetirlo
pero; tengo que decirlo
te puede pesar un día.
Ni a Celestino ni a María
se le nota ese color,
pero tú eres el peor
enemigo de esa raza
y ya ves hoy lo que pasa
por oponerte a su amor.
Celestino allá en la Habana
ya ejerce fiel su carrera,
y no ha olvidado siquiera
aquella carta de Ana.
Piensa María su hermana
y en su novio Oscar,
la mente en su maquinar
piensa en tantas cosas malas
que quisiera tener alas
para en un sueño volar.
Así las cosas están
todavía no han cambiado
en su capricho obstinado,
casi ciego sigue Juan.
Ana empeñada en su afán
de curar a su papá,
va y habla con su mamá
y le dice madre mía
vamos hablar con María
ella nos ayudará.
¿Y qué haríamos con ver
a María en realidad?
Aunque tenga voluntad
casi nada puede hacer.
Te equivocas porque ayer
nos pusimos a charlar
y le prometió a Oscar
que hablaría con su hermano,
amigo de un cirujano
para llevarlo a operar.
Ay hija ¿por qué lo hiciste?
Mira lo que es el destino
molestar a Celestino
para mí es un caso triste.
El disgusto que le distes
me ha servido de agonía,
tú lo sabes hija mía
y aunque sé por lo que fue
desgraciadamente sé
que lo quieres todavía.
Madre no voy a negarte
que lo quiero, que lo adoro
y no sabes lo que lloro
desde hace un tiempo a esta parte,
si un consuelo puedo darte
con Juan te diré que hablé
y aunque realmente no sé,
cuál será el resultado
lo vi bastante cambiado,
y creo lo convenceré.
Celestino recibió
una carta de María
en la misma le decía
lo que con Oscar habló.
Con gran cuidado leyó
lo que decía el papel,
pero no pudo ser cruel
tratándose de su hermana
a pesar que el padre de Ana,
era enemigo de él.
Pero Celestino dio
respuesta a la carta aquella
que simboliza la huella
de la mujer que él amó.
La carta la dirigió,
para María su hermana
diciéndole aquí en la Habana
yo les puedo resolver,
y todo lo voy hacer,
únicamente por Ana.
Hermana, yo sé que Oscar
te quiere de corazón,
y por la misma razón
lo trataré de ayudar.
Si se trata de operar,
a Juan el padre de Ana,
puedes traerlo a la Habana,
que por ella yo sería,
muy capaz hermana mía
de olvidar que fue inhumana.
Le cuenta a Oscar,
que opina Celestino,
Oscar prepara el camino
llevarlo a operar.
Lo va acompañar
en ese viaje a la Habana
y como es lógico Ana
también le pide a María
que le sirviera de guía
y esta va de buena gana.
Pero Juan no está enterado,
que Celestino y la hermana
por medio de Oscar y Ana,
el viaje le ha preparado.
Rosa se sienta a su lado
y le cuenta lo que pasa
y Juan siente que una braza
de fuego el alma le hiere,
morir primero prefiere,
que agradecerle a esa raza.
Bueno, todo está arreglado
y no he de virar a tras,
de la forma que tú estás
tienes que tener cuidado.
No es para estar enojado
con quien quiere hacerte bien
así que olvida el desdén
tus hijos, Oscar y Ana
te llevarán a la Habana
y María irá también.
No se porque la obsesión
de llevarme a un hospital
de allá de la capital,
y con María a mi unión.
Pero les voy a advertir
que si es que va a intervenir
Celestino el medicucho
yo lo voy a sentir mucho
pero yo no quiero ir.
María está acostumbrada
a estas cosas de correr
y poco tiene que ver
ir por ella acompañada.
Su hermano no tiene nada
que ver en esta cuestión,
tú tienes mala opinión
de Celestino y su hermana,
por esos motivos Ana
ya vive sin ilusión.
Mientras en la capital
Celestino ansioso espera
la visita de quien fuera
luz en su tierra natal.
Ya tiene en el hospital
una cama reservada,
y un doctor, que a la llegada
de Juan bien lo va a tender
para que Ana pueda ser
en la vida afortunada.
Por fin Rosa y Ana van
con carácter decidido
al cuarto del engreído
y Rosa le dice, Juan
ya es hora de que tú ese afán
de tu orgullo, y de la raza
lo borres en esta casa
porque tienes que saber
que para volver a ver
un peligro te amenaza.
Está bien, voy a la Habana
y dices tú que María
es la que sirve de guía
que vayan Oscar y Ana.
Prepara por la mañana
quiero temprano partir
y si María a de ir
he de advertirte una cosa
y es que Celestino, Rosa
no tenga que intervenir.
Pierde el cuidado, María
conoció otro doctor
que dicen que es el mejor
de fama y categoría.
Su hermano no intervendría,
cuando se traté de ti
mira sin tan es así,
no porque yo lo imagino,
que desde que Celestino
se marchó, no ha vuelto aquí.
A la mañana siguiente
van los cuatros hacia el andén
donde tomarán el tren
que viaja hacia el occidente.
Juan como siempre impaciente
para llegar a la Habana,
también está ansiosa Ana
por ver volar el camino
y por ver a Celestino,
quien espera por su hermana.
Celestino los recibe
en la estación terminal
lo ingresa en el hospital
muy cerca de donde vive.
Ana una angustia describe,
en su rostro de mujer
porque ve desfallecer
el amor de sus amores
y llena de sinsabores
quiere desaparecer.
María, yo te ruego
pero es tan grande esta pena,
y como tú eres tan buena,
jamás mi dolor te niego.
Yo quisiera que hables luego
con Oscar y Celestino,
voy a tomar el camino
porque quiero regresar,
y no quiero tropezar
con el dolor que imagino.
No puedes hacer tal cosa
dejarnos a mí y a Oscar
cuanto te vea llegar
no te lo perdona Rosa.
Esa idea caprichosa
bórratela de la mente
si tu alma angustia siente
como un puñal asesino
demuéstrale a Celestino
que te es indiferente.
No puedo mostrarme así,
la indiferencia María
tiene un límite, hasta un día,
no sé qué será de mí.
Si voy a quedarme aquí
te agradeceré un favor
no cometas el error
de decirlo que aún lo quiero,
porque mil veces prefiero
callar sola mi dolor.
Ana esa noche se va
a quedar al hospital
como es lo más normal
a cuidar a su papá.
Amanece en el y ya
vuelve a casa de la tía,
donde la espera María
que es la tía de Celestino
y tropieza en el camino
con el ser que más quería.
Ana escúchame un momento
lo que te quiero decir,
es imposible vivir
con lo que en el alma siento.
Yo tengo el presentimiento
que me quieres todavía
y según dice María
vives llena de dolor
crucificada a un amor
que despreciaste un día.
El haberte despreciado
no fue mi culpa, lo sabes
existieron cosas graves
que por mi padre, han pasado.
Es verdad que no he dejado
de quererte Celestino
tú eres mi sueño divino
que me convierte en mujer
y no te puedo querer
por las cosas del destino.
Si pudiera hacerte ver,
las cosas de otra manera
vieras que distinto fuera
me pudieras querer.
Pero tu modo de ser
me tiene desesperado
y me había conformado
al pensar que te perdí
pero he vuelto verte aquí
y he revivido el pasado.
Reanudan las relaciones,
la amistad que había perdido,
los que siempre se han querido
sin plazos, sin ambiciones.
Pero no, sus corazones
no pueden volverse a amar
Ana no es igual que Oscar,
Oscar se enfrenta al destino
pero Ana con Celestino
tiene distinto pensar.
Celestino ve a María
para que le diga a Oscar,
que quiere con él hablar
bien temprano al otro día.
Por necesidad tenía
que hablarle de una cuestión
que era con relación
al médico que trato
a Juan y recomendó
rápida operación.
María me dio el recado
que tenía para mí,
y vine corriendo a aquí,
para ver que había pasado.
Es que yo estoy preocupado
y me da vuelta la mente,
anoche vi nuevamente
al doctor que atiende a Juan,
y entre varios de ellos han
opinado que es urgente.
Bueno en esa situación
yo no me puedo meter
pero; ¿qué piensas hacer
en cuanto a la operación?
En realidad la cuestión
tú no lo sabes Oscar,
ya estoy loco por pensar,
porque el médico que opera,
va en una misión afuera
y no lo puede operar.
El médico director
llamó a Celestino a parte
y le dijo quiero hablarte
para pedirte un favor.
Creó que será mejor
le dijo así el cirujano,
que tú operes al anciano,
al que con tu hermana vino,
que para eso Celestino
tú tienes muy buena mano.
Yo lo voy a consultar
con sus dos hijos primeros,
porque en realidad no quiero
la situación agravar.
Si aceptan lo he de operar
y sé porque se lo digo,
porque aunque el hijo es mi amigo
existe un secreto grave.
En el fondo usted no sabe
que el anciano es mi enemigo.
Celestino, consultó
con Oscar la situación
respecto a la operación,
y de buen gusto aceptó.
Lo mismo le contesto
Ana, quien le respondiera
con una forma sincera
si tú lo vas operar,
no tienes que preguntar
y le hablo de esta manera.
Tú bien sabes Celestino,
que yo a mi padre lo adoro,
para mí no hay más tesoro,
ni existe nada divino.
Y si él acepto y vino
para operarse a la Habana,
y aceptó que tu hermana
lo acompañara también,
pues no ha de importarle quien
lo opere el día de mañana.
Y tú ¿qué piensas hacer?
En cuanto a mi se refiere
la indiferencia me hiere,
mucho más de una mujer.
No te puedo responder,
ya sabes como yo pienso,
todo tiene su comienzo,
y todo tiene un final,
nuestro amor nació fatal,
a pesar de ser inmenso.
A pesar de todo eso,
mi inquietud me provoca,
estas ganas de tu boca,
estas ganas de tu beso,
calla tú sabes que rezo,
por no volver a ceder,
y no quisiera volver,
no me obligues Celestino,
ya yo tomé este camino,
no quiero retroceder.
Ana no quiero volver,
y se tortura la mente
porque quiere y presiente,
que lo tendrá que querer,
en su rostro de mujer
se le nota amor profundo,
y no vacila un segundo
de lo que por ella pasa
¿qué tiene que ver la raza
entre los pobres del mundo?
Oscar pasado mañana,
operan a tu papá
avísale a tu mamá
y hay que decírselo a Ana.
Desde hora muy temprana
realiza la operación
y si no hay interrupción,
según dijo Celestino,
será un éxito divino,
que me alegra el corazón.
Yo también estoy contento
y ojala salga bien
que quiero tomar el tren
de regreso en un momento.
Lo mismo que tú yo intento,
pero con otra ambición,
yo con estar a tu unión,
me conformo en regresar,
yo a veces pienso Óscar
que no me amas de corazón.
Yo te amo ¿cómo he de darte
muestra que te amo María?
Cada minuto del día
no hago más nada que amarte.
Es que de un tiempo a esta parte
he notado cambio en ti,
desde que estamos aquí
en trajines en la Habana,
entre tu viejo y tu hermana,
me robas cariño a mí.
Ya era el día señalado
de la operación, había
después que pasara el día
esperar el resultado.
Celestino había operado
con bastante precisión
al anciano profesión
causa de su padecer
más Juan no pudo saber
quien hizo la operación.
No tengo con que pagarte
lo que le has hecho a Celestino
pero quizás el destino
otras cosas pueda darte.
No lo hice para cobrarte,
no tienes deuda conmigo
tan solamente te digo,
estas cosas sin rencor
pero me queda el dolor
de tan solo ser tu amigo.
¿Qué más pudiéramos ser?
Si entre tu vida y la mía
siempre papá se opondría
nada podemos hace.
Piensa que debe de haber
un modo, una solución
yo sigo con la ilusión
no solo de ser tú amigo,
querer casarme contigo
es mi única ambición.
No he de negar que la suerte
en nuestra vida se cruza
y del infeliz abusa
hasta el día de su muerte.
No he dejado de quererte
por el contrario sería
embustera, si diría
que olvidarte pretendí.
Si me acuerdo más de ti
cada vez que pasa un día.
Celestino la estrecho
en sus brazos con ternura,
con pasión y dulzura
en los labios la beso,
después de aquello quedo,
reanudado el dulce amor.
Ana presintió el temor
de lo que el padre diría,
pero, un rasgo de alegría,
le hizo olvidar el dolor.
Ya Celestino fue a dar
el acta a Juan. La mañana
era preciosa, y con Ana
llego María y Oscar.
Y que sorpresa al llegar
a la cama del paciente,
cuando con mirada hiriente,
Juan a Celestino mira
con una expresión de ira
y odio profundo que siente.
Quiero saber ¿qué hace aquí
la presencia de tu hermano?
Yo no quiero que su mano,
tenga que tocarme a mí.
Cuando vine consentí
la presencia de María
pero ya yo presentía,
todo lo que ahora digo,
al querer venir conmigo,
no era en vano que venía.
Perdóname Juan, pero yo
he venido aquí a la Habana,
por acompañar Ana
no porque usted lo pidió.
Si mi hermano lo operó
es justo que venga aquí´
y si usted lo trata así,
después que lo ha operado,
de todo lo que ha pasado,
écheme la culpa a mí.
¿Cómo has dicho? ¿Fue tu hermano,
el que me operó María?
Eso yo no lo sabía.
Te lo digo antemano.
Yo pensé que un cirujano
de aquí, me hubiera atendido,
y nunca hubiese creído
que tú hermano me opero
sabiendo cómo soy yo
no sé cómo se ha atrevido.
Después de Juan enterado
de todo lo que pasó,
insatisfecho quedó
esperando el resultado.
Celestino le había dado
el acta, aquella mañana,
y abandonaron la Habana
hacia el hogar campesino,
y muy triste Celestino,
fue a despedirse de Ana.
Ana vine a despedirte,
y sabrás cuanto lamento
no poder estar contento
en el instante de irte.
Pero quisiera decirte,
todo lo que estoy sufriendo
porque no sé, no comprendo
de la vida, este proceso
y a pesar de todo eso,
sé que te sigo queriendo.
No digas más Celestino,
la vida es triste, y es cruel
tan solo dulce es la miel,
y lo nuestro, un torbellino.
Nacimos con el destino,
marcado para sufrir,
solo te voy a pedir
en nombre de este dolor,
que conserves con amor,
lo que te quiero decir.
Por fin se va en el tren,
Ana, María y Oscar
y Juan con hondo mirar
junto a ellos va también
solo y triste en el andén,
ha quedado Celestino,
pensando en el cruel destino
el de él y el de su hermana
que fuera el padre de Ana,
quien se cruce en su camino.
Llegan de nuevo al hogar
humilde, Rosa esperaba
impaciente, porque ansiaba,
verlos de nuevo llegar.
Un beso le daba a Oscar,
y otro a María y a Ana,
a Juan lo abrazo con ganas,
y dijo de esta manera,
el saber me desespera
de lo que paso en la Habana.
Mamá, yo voy a contarte,
todo lo que aconteció,
pues la operación salió
que fue una obra de arte.
Ya puedes imaginarte
qué cosas del destino
el otro doctor no vino
con tiempo para operar,
y tuvo que realizar
la operación, Celestino.
Jamás hubiera esperado
de la vida tal acción,
ni pidiéndole perdón
creo, que le haya pagado
la acción de haberte operado,
sin obligación tener
es un gesto que hay que ver,
no con ojos de un satán,
y tú te has portado Juan
con indigno proceder.
Siempre me estas criticando
por la injusticia que luzco,
sin pensar que solo busco
el bien donde quiera que ando,
y como vivo buscando,
quien es bueno, y quien es malo,
la sinceridad igualo,
con inigualable afán,
pero se equivoca Juan,
hoy le voy hacer el regalo.
Como Juan hablo de hacer,
un regalo aquella tarde
y en todos, la llama arde
de curiosidad por ver.
La primera es su mujer,
Rosa, la que preguntó,
porque mucho la extraño
las palabras de su esposo,
y con pausado reposo,
el viejo Juan continúo.
Dije un regalo al hablar,
lo he conseguido en la Habana,
un regalo para Ana,
y un regalo para Oscar.
Alguien más se va a alegrar,
estoy seguro este día,
sé que les dará alegría
y no dirán que soy malo
porque con este regalo,
se beneficia María.
Padre quisiera saber
el regalo en qué consiste,
porque la inquietud insiste
y lo quiero conocer
hija tiene que tener
tranquilidad y sosiego,
aunque en realidad, no niego
que he sido bastante malo,
pero con este regalo
la felicidad te entrego.
¿De qué regalo se trata?
Acabalo de decir
que no hago más que sufrir
y la impaciencia me mata,
si mi persona fue ingrata
con Celestino y contigo,
por ser tan cruel, me maldigo,
ya lo sé que he sido cruel,
y que te cases con él
es el regalo que digo.
Ana no supo qué hacer,
cuando de su padre oyó,
el regalo que eligió,
no lo podía creer.
Era volver a nacer
a un nuevo mundo diría
pero pronto su alegría
la tuvo que refrenar,
pensando en su hermano Oscar
y en su cuñada María.
Ya pensé en ellos también
y consiento que se casen
y con sus bodas, me hacen
el idilio de un edén.
Ese es el único bien
que en la vida les regalo
aunque con esto no igualo
mi sentimiento anterior
de oponerme a un amor
que en realidad no era malo.
Fue infinita la alegría
en todos en general,
el mal ya no era tan mal
para Oscar, para María.
Ana, se alegro aquel día,
y la madre se alegro,
pero una deuda quedó
sembrada en el pecho de Ana,
pero al fin una mañana,
de aquella duda salió.
La pena que la afligía,
era como un torbellino,
pensando si Celestino
la quería todavía,
y el despertar de aquel día
la vida le devolvió
porque cuando amaneció
límpida aquella mañana,
asomado a su ventana
a su Celestino vio.
Las bodas tienen lugar,
un domingo de aquel mes,
fueron dos bodas después
una fiesta en el hogar.
Como era de pensar,
se acabo todo el exceso.
Juan ya nunca fue un peso
de los cuatros que se amaban
y que feliz se besaban
en la intimidad de un beso.