reprogramación meteorológica
El primer paso hacia la independencia moral es librarse de la tormenta constante que destroza tu vida y todo lo que hay a su alrededor.
Padres, amigos, hermanas, parejas, trabajo y organismo... todos acorralados por el maremoto de ideas, desorientados en un mar abusivo que ni empieza ni termina, y que cansa, y yo en mi barco sin poder echar el ancla y pausar.
Pausa.
Siempre está lloviendo, siempre hace tormenta, los despertares son como anticiclones de las Azores, de los que te hacen sufrir en agosto elevando el mercurio. La tensión sube en mi ambiente cuando la tormenta aprieta más. Llueve en casa, llueve en el coche, llueve en el hospital, llueve en la cama. Lavo los platos y con la otra mano sujeto el paraguas. Y cuando todo se inunda soy la única incapaz de mantenerse a flote y pausar.
Pausa.
Ya está, de una vez lo he dicho. Hay que librarse de la tormenta; propongo tomarme un poco mejor todo lo que reciba sea bueno o regular o por mi bien, propongo tomarme un respiro de escribir sobre drogas, propongo un descanso de buscar cada noche donde dormir, propongo dejar de huir de la lluvia infinita y mojarme un poco hasta que me de igual la tormenta y así hacer mi vida mientras todo se pone en su sitio.
Tomar el control.
Y así ejercer una presión sobrehumana sobre el clima de manera que se produzca un fenómeno atmosférico-mental imposible en el cual las nubes se reprograman para formar figuras divertidas que se disuelven y dejan pasar a los rayos de sol poco a poco para que no me venga todo lo bueno de golpe y lo estropee, y yo, dominando el barómetro y la física atmosférica debería lograr detener los relámpagos de este tormento neuronal, y, reescribiendo un futuro más o menos establecido, redefiniré los estándares meteorológicos para que no haga demasiado frío ni demasiado calor, y estar bien un rato, templada, gris, poco extremista, easy, fresh, impermeable si es necesario, y algo más simpática, nadie podrá decir que vivo atormentada, porque oye, me estoy desatormentando.
Pausa.