quién soy cuando no hablo de mí
Se han olvidado de ti, lo siento, pero es así, se olvidaron desde el principio, se olvidaron de lo que eras. Ve y pregúntales quién eras antes, ve y pregúntales el rumbo que marcaban tus pasos, ve y observa la perplejidad en sus ojos. ¿Es que no fuiste siempre así? Te han borrado, te han impuesto la condición de ser un cero a la izquierda, duele, pero nunca exististe para ellos, solo eras ese alguien que atravesó la habitación más oscura en el momento equivocado. Y es lo único que importa.
Duele saberlo ahora, ahora que eres una persona hecha y derecha, por así llamarlo. Duele ahora, que no puedes moldear el tiempo a tu antojo, o borrar las huellas de barro con las que marcaste tu camino. Más que doler... mata. Mata saber que todo fue en vano, que no hay parte de tu naturaleza que haya aflorado a lo largo de estos años. Tu alma ya se ha envenenado, tu corazón ya se ha vuelto oscuro, y tu mente ha sido taladrada, perforada hacia dentro con la maldad del ser humano irracional, llevando por delante la sangre, el ser, la esencia.
Y yo te vi, te vi brotando de vida, como hojas en blanco, te vi, además, como pájaros libres, llenos de vitalidad, de energía, de libertad. Te vi con las alas abiertas, ansiando volar. Te vi volar. Juraría que te vi caer más tarde, y te vi sonreír. Era como una de esas películas de Sábado en las que el protagonista se enfrenta a duros obstáculos y no te preocupa, porque sabes que acabará bien. Te vi siendo la protagonista de una historia aún sin nudo, pero eso sí, con un prólogo excitante cuanto menos.
Naciste en blanco, pero te robaron el alma, y a día de hoy, no sabes quién eres, ni porque has llegado aquí, ni sabes si lo que estás haciendo va contra tus valores o a favor. Ellos te han olvidado desde el primer momento en el que te vieron, y tú no sabes cuándo, pero a ti te sucedió lo mismo: te olvidaste, como quien olvida un amanecer que no ha fotografiado. A veces odias de tal manera el hecho de que no sabes quién te dio ese poder, esa fuerza, para destruir a los demás y, sobre todo, a ti misma, que entonces despiertas, y parece que emerges de nuevo.