País Poema - Autores

a. sanh

no te vayas o voy yo

—Me gustaría ver el reflejo del sol en tus ojos, aunque fuera por última vez.
—Aquí siempre es de noche.
Alzó la vista al cielo oscuro y vacío, demasiado vacío para parecer real. Como un mantel negro e infinito, carente de estrellas, de astros luminosos, de nubes, de aviones o de una triste luna que lo adornase. Si alguna vez se había preguntado qué era la nada absoluta, ahora la tenía sobre su cabeza. Pero aquel cielo tan engañoso no cambiaba el hecho de que ella estuviera en frente, sentada sobre el borde del acantilado, dejando que el aire meciese sus piernas y su melena rubia. A penas podía verla entre tanta oscuridad, pero sabía que estaba preciosa, como siempre. Varios metros por debajo el mar se revelaba fiero y explosivo, rogando una luna ante la cual doblegarse, mostrándose negro cual reflejo de la absurda nada que se erigía ante ellos. Se preguntó hacia donde les llevaría ese mar. Probablemente a algún lugar más oscuro.
—Es de noche por que tú quieres. Estamos en tu cabeza.
—Ya… a lo mejor estamos en la tuya.
—Si este lugar lleno de acantilados y oscuridad fuera obra mía, al menos, irías vestida de blanco… y me estarías dando el sí quiero…
—Yo nunca te daría el sí quiero. Es tarde para eso.
—Es una pena. Porque he venido hasta tan lejos solo para pedírtelo.
—¿Incluso en este lugar tan tétrico?
—Incluso aquí.
—Pero estamos en el mundo de mis sueños.
— Los sueños se hacen realidad. El mío es confluir contigo.
—¿Después de tantos años?
—Las locuras son eternas.
Ella no contestó. Bajó la mirada y hundió la cabeza entre sus propias manos. No la podía ver, pero sabía que estaba llorando. Su frágil cuerpo estaba completamente consumido por la oscuridad.
—Entiendo que no puedas venir conmigo, pero quisiera besarte, aunque sea así, aunque sea aquí, aunque sea hoy, aunque no sea yo… aunque sigas siendo tú. Para mí eres perfecta en cualquier lugar.
—No puedo besarte. No cambiaría nada de todo lo que hemos pasado.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Quiero volver a volar. Quiero ese final.
—Pues salta. No mires atrás y salta. Y recuérdame.
Ella no miró atrás y se dejó caer. La vio perderse en la nada. Nunca la oyó caer al mar. Solo ahí supo que de verdad había volado.