País Poema - Autores

a. sanh

más frío y más sin ti

La vida es un prêt-à-porter, una colección otoño-invierno, un afán solitario de ser sociable a diario, una milésima en el reloj, una tangente entre el ecuador y la estratosfera, una invitación a una boda, o darse cuenta de lo fútil que resulta tu nombre. La navidad es todo eso más un chocolate caliente al lado de la chimenea; o incluso al lado del árbol con regalos para extraños y con las postales que nunca te mandé.
Las postales que nunca te he mandado llegaron tan tarde que no nos pudieron curar, quedaron atrapadas en mis manos tan vacías de romance y tan frías como el hielo. Se perdieron entre recuerdos y se apagaron como las luces del árbol en febrero. Las palabras que nunca te dije son tan pegadizas que ahora no las dejo de tararear, las canto al levantarme cada tarde y cambiaría tu nombre si no fuera porque lo he olvidado ya. Ya no sé si lo que tengo en entre mis manos es dinero o tabaco de liar.
Hace frío y me resulta inacabable la sentencia de tus dudas, y juro que si nieva olvidaría el triste agosto y pactaría con el escalón donde dejé mi zapato de cristal. Me sorprendo tan ingenua como la ilusión del 6 de enero, sin cerrar la puerta del todo, sin derretirme en otros brazos. Has de saber que mañana, o cuando los minutos se acaben, y vuelvas junto a mí; soltaré de golpe el aire que se amontona en mis pulmones, despojando mi garganta de su hollín, y no volveré a decirle al espejo lo que te debería haber dicho a ti.
Los besos que nunca te he dado son tan delicados que no volverán, se me hiela el corazón con tus caprichos y a ti se te hiela en navidad. Entiendo que verme de lejos resulta complejo si voy caminando hacia atrás, si las ventanas de mi coche reflejan lo que sientes al mirarme diseñando este disfraz. Me arrepiento tanto de no haber bailado aquel tango salado que ahora no puedo bailar, de sacarme las espinas para volverlas a clavar. He decidido que dormir contigo es mi estado mental preferido, aunque sea una alucinación. Cuando miro a mi enemigo y no le veo dormir conmigo todo va mejor.
He descubierto que ya no hay café que me consiga despertar del sueño que empezamos una noche en la barra de algún bar. El sueño ha acabado y estar a tu lado a través de una foto es lo más parecido a no estar, discuto con las paredes y con los dedos toco pecas de cristal. Los enfados que me has perdonados son tan afilados que cortan con solo mirar, hace frío también por dentro, como el día en el que te busqué hasta perderme en un mercado de diciembre que parecía carnaval.
Me despido en esta estrofa con los gestos de mis labios esbozando esa sonrisa que nunca te dediqué, y rezo porque entiendas mis pretextos para regalársela a él. Y puede que entonces la fría mañana me saque de la cama y te pueda enviar las postales atrasadas y los líos de palabras donde plasmé este cuento de hadas y esta mustia navidad. Has de saber que en diciembre, o cuando el frío se acabe y te haya puesto fin; soltaré de golpe el aire de mis pulmones, despojando mis recuerdos junto a ti, y no volveré a escribirte versos con lo que tenga que decir.