País Poema - Autores

a. sanh

mares en los que no me importaría ahogarme

Te propongo que apagues los ojos y veas con la mente. Simplemente cierra los párpados durante cinco segundos y respira profundo, cuando los abras todos los objetos de tu alrededor deberían haber desaparecido, ¿quién los necesita? Practica el arte de la respiración, inspira muy despacio por la nariz inflando el abdomen y retén el aire dentro de ti 10 segundos, siente como pasa de tus pulmones a tu torrente sanguíneo y de ahí a las células, después déjalo ir y expira aún más despacio por la boca mientras relajas todos los músculos de tu cuerpo. Cuando haces esto unas 20 veces seguidas, el cerebro reduce la presión sanguínea y minimiza la ansiedad. Si no abres los ojos notarás como tu atención se disuelve, pero en realidad estás potenciando la concentración, que no es lo mismo, por si no lo sabías.
Olvídate de donde estás, déjate envolver por una nada inventada por ti. Cambia todo lo material por una nada. Y no cualquier nada, no hablo de un vacío inocuo sino de una nada donde NADA te falte. Si ves la diferencia también verás el truco, es sencillo, los espirituales te proponen una nada antimaterial e interdimensional, yo te propongo una nada plena y enriquecida, un vacío lleno de todo lo que precises para sentirte completo. ¿Puedes visualizarlo? Si no puedes, potencia tu imaginación, el mecanismo es fácil, observa y sustituye, modela, intercambia, reorganiza, elimina, integra, poco a poco y paso a paso, nunca todo de una vez, transforma los objetos en lo que tu quieras. Intégrate en tu nada y piérdete en ella el tiempo que te apetezca. Sería ideal que no abrieses los ojos y que no dejases de respirar como te he dicho. No te muevas. Estás oxigenando todos tus vasos capilares y estás haciendo trabajar a tu mente, piensa en ella como un superpoder, una extensión de tus cinco sentidos que te lleva a lugares imposibles.
Yo tengo mi propia nada en la que he trabajado desde hace 6 años, dependiendo del problema del que esté huyendo puedo cambiar su forma de refugio mental con facilidad. Es un recurso más que útil cuando aprendes a dominarlo, no solo es evasión, es concentración, relajación y autodeterminación. En mi nada no me falta de nada, tengo todo lo que necesito al alcance de la palma de la mano y también tengo poco que necesitar, a veces abro los ojos y la realidad no me parece tan preocupante. Afrontar la realidad después de una breve vacación mental es como volver de un gran viaje y encontrar la casa igual que la dejaste, nada cambió excepto tú.
En mi nada no hay ansiedad porque no quiero necesitarla, hay estrellas que explotan y me introducen en vórtices espaciotemporales que me llevan de viaje a épocas pasadas de mi vida. Hay playas con arena blanca y muchas palmeras cocoteras, hay melodías punteadas por ukeleles de madera y un mar de café, que es un mar en el que no me importaría ahogarme. Hay espuma de cerveza formando nubes acrobáticas y hay piedras rosas transparentes que son caleidoscopios de cristal tallado. Hay una cala catalana azul turquesa y una casa de madera en un árbol. Ninguna de estas cosas está específicamente ordenada o colocada según la realidad, porque en mi nada no hay gravedad ni límites. Antes había ceniza, cuando no podía desahogarme volaba con mi mente a lugares donde me podía expresar a gusto, pero ya no, no sirve y explicaré por qué. Ahora hay una autovía infinita y un Ferrari con el que acelerar hasta atravesar la velocidad de la luz. Y cuando la atravieso todo está oscuro, y abro los ojos y estoy mejor.
En mi nada no hay personas porque no dependo de nadie para esquematizar mis pensamientos, no necesito introducir a nadie en ese mundo de auto-comprensión y auto-conocimiento. Si introduces gente lo estás haciendo mal, es algo exclusivo para ti, no compartas tus refugios o dejarán de ser refugios para convertirse en anhelos. Un refugio no te tiene que gustar, te tiene que hacer sentir seguro, por eso eliminé la droga del mío. Antes caía cocaína en forma de copos de nieve asimétricos, pero eso me hacía desear consumir y me hacía sentir inestable. Quiero decir que la imaginación puede jugar malas pasadas si no aprendes a utilizarla bien. En mi nada hay mucho autocontrol y serenidad, está compuesta por pequeños placeres que juntos crean mi universo perfecto donde todo está integrado con mis cinco sentidos. Hay lágrimas, porque en mi nada hay sitio para el desahogo, porque si todo fuera feliz no sería un refugio sino un anhelo... ya lo he dicho, ¿no? Allí puedo llorar cuanto quiera y confeccionar un mar de lágrimas, que es otro mar donde tampoco me importaría ahogarme porque prefiero que los problemas me coman por dentro que por fuera, y está mal.
Dame un minuto para aclarar los conceptos: no es un juego de niños ni una mente traviesa, es metáfora neuronal; no es ilusión deshecha ni despecho, es un ecosistema de pensamientos que fluyen con el organismo. Mente y cuerpo trabajan a la vez para depurar el malestar mental. No es soñar, es diseñar. Es escapar, pero no es fingir que nada existe. Es relajarse, pero no desatenderse. Ya lo he dicho, es complicado, pero si controlas tu imaginación podrás controlar tu emoción, no es sencillo, nada en esta vida lo es. Imaginar es un arte, refugiarse es un arte, ahogarse es un arte, dejar el dolor es un arte. Sé un artista conceptual en tu propio universo y conócete mejor.