los días junto a ti ya no son de este mundo
No vamos a ser la primera pareja en separarse, ni la segunda, ni la tercera. No hay que aferrarse, el futuro va primero y tu futuro es lo más valioso que tienes; a veces hay que dejar algunas cosas para tener otras y eso me lo has enseñado tú. También me has enseñado a coger la oportunidad que pasa y no espero menos de ti, de ti y de mí deseo un porvenir brillante y asequible y si es por separado que así sea, cuando se cierra una puerta se abre otra y esto es la casualidad más hermosa que experimentarás nunca; estés donde estés. En Berlín o en Pekín, en Teheran o en Canberra, en Santo Domingo y hasta en Benarés se te van a abrir cientos de puertas. Para que lo entiendas, yo he sido otra puerta, esa puerta que te sacó de una relación sin oxígeno y tú cogiste el tren, y si has de cambiar a otro, sin miedo.
No te enfades porque pienses que no te quiero, o que no apuesto por esto, o que estoy deseando que marches para rehacer mi vida o destrozarla. No te enfades si la sangre a la sangre tira, o si hay diferentes caminos para mí. En eso consiste la vida, no siempre se puede apostar por el amor (¡y no por eso amas menos!), no siempre se puede apostar al ganador, no siempre se puede apostar. Es mejor no apostar e ir a lo seguro, y aquí es donde te digo, que habré sido la puerta que te oxigenó, pero que como puerta y acaparando el rol de puerta, me despersonifico y me cosifico y te admito sin pena que tal como abro, cierro; tal como dejo pasar el aire, me vuelvo un muro impenetrable y lo bloqueo. Soy la puerta de un castillo de arena, no soy tu apuesta segura. Te dolerá, me dolerá, querremos renunciar y mandarlo todo a la mierda y vernos, a lo mejor lo haremos, pero la vida pondrá todo en su lugar. Si ha de ser, será; si has de irte, irte es lo que harás.
Te voy a confesar un secreto ahora que no me escucha nadie, ojalá que te quedases, ojalá que mi vida fuera tan perfecta que pudiera desatenderme de todo un rato e irme contigo, ojalá que estuviéramos mil años juntos, ojalá que no te ofrezcan el trabajo. Y como te digo eso, te puedo decir, y con la cabeza tan fría como el hielo de un cubata, que deseo que todo en esta vida te vaya como tú quieras y que seas feliz con quién sea que te haga feliz. Podría haber sido yo, pero has de seguir tu instinto. Podría haber sido yo, pero la suerte cambia y te regala ocasiones a cambio de momentos perfectos. Tal vez fui yo la que te hizo tan feliz que te inundaste de la mayor positivismo y energía para emprender una aventura nueva; me gustaría que hubiese sido así. No vamos a ser la primera pareja que se separa, ni la última; pero podemos ser la primera pareja que cuyos miembros se hicieron tan felices el uno al otro que ya no hubo necesidad de que siguieran por el mismo camino.
Eso has hecho tú por mí, me has dado alas que no pesan ni causan resaca, me has dado el regalo de la confianza y la libertad; así te recordaré, dentro de unos años escribiré sobre ti como ese punto de inflexión hacia la felicidad que me renovó completamente y me demostró cosas sobre el amor que creía erróneas. Y te voy a decir el verdadero secreto, ya no siento nada de nada de miedo; me has demostrado que el amor puede ser tan platónico como idealista y aún así puede ser más real que la vida en su momento de esplendor; por primera vez en mi vida creo en el amor como una realidad fuera del contexto social que no entiende de moda, ni de raza, ni de edad, ni de dinero, ni de sexo, ni de futuro o pasado. Te sonará a cliché o frase de eslogan publicitario, nada más lejos que eso, siempre he pensado que el amor ata y te obliga a sacrificar cosas y ahora solo pienso en libertad y confianza cuando oigo la palabra amor. Lo nuestro no es de película ni estamos locamente enamorados, pero nos complementamos de maravilla. Nos encontramos con un propósito y quizá, y solo quizá, ya lo hayamos cumplido. Gracias y gracias. Gracias por suceder y gracias por aparecer en el momento indicado.