País Poema - Autores

a. sanh

he viajado por estrellas menos fugaces que yo

Diciembre de 2012:
Quiero hacer todo hoy, quiero tener todo ahora. Por si acaso no te vuelvo a ver. O por si esta noche me fundo con el sol y desaparezco. No sé si tendré alguna otra oportunidad.
—¿A dónde vas cuando desapareces? —preguntó ella temblando de frío, regalando una sonrisa que dejaba ver lo frágil que era.
—No lo sé, al infinito —respondí mirando a lo lejos, las estrellas, la oscuridad, la silueta de los coches.
—Al infinito me gustaría ir.
La miré y me acerqué a ella, ambas nos miramos de frente, incliné la cabeza y respiré fuerte; después, una sonrisa perfecta se dibujó en el firmamento. Las estrellas cambiaron sus coordenadas para formar constelaciones con nuestras iniciales. Era la manera del destino de decirnos que estábamos destinadas a a vivir por debajo de la atmósfera, mientras cientos de insensatos se divertían por el cosmos.
—¿Sabes que algunas de las estrellas que vemos desde aquí llevan muertas millones de años? —dije mientras las señalaba. Es algo que me gustaba decir cada vez que tenía oportunidad.
—¿A dónde van cuando desaparecen? —preguntó con curiosidad y consternación por las limitaciones humanas que solamente nos permitían contemplarlas desde aquí abajo.
A mí me hubiera gustado que el brillo de las estrellas me diese exactamente igual, pero ese dato se antojaba imposible de ignorar. Me parecía un hecho tan puro como la vida misma: que el brillo de una estrella llegue cuando ya no está, cuando ya no puedes explorarla o saber de ella es el equivalente humano a "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Las estrellas también son mortales y eso me cortaba la esperanza como hojas de acero.
—No creo que vayan a ningún sitio. Aunque hayan explotado siguen estando ahí, y en el caso de que no estén, su esencia seguirá existiendo siempre y cuando podamos ver su brillo —respondí.
Entonces me di cuenta de lo equivocada que estaba, una estrella no muere jamás. Sus destellos brillantes seguirán viajando eternamente por el tiempo y el espacio. Aunque dejemos de poder verla aquí en la tierra, la velocidad de la luz que porta su existencia jamás se detendrá. El alma de una estrella es inmortal, siempre habrá algún punto de este infinito universo en creación que recibirá su luz intermitente. Siempre que haya algo o alguien para contemplar lo que un día fue, significará que sigue viva.