diccionarios
Lo que hicimos anoche no tiene nombre. Y en caso de tenerlo, probablemente lo sepan solamente tres o cuatros pervertidos de la intranet profunda. En caso de tenerlo es difícil que lo podamos encontrar en algún diccionario. En caso de tenerlo, te aseguro que hay muchas posibilidades de que sea un calco o un modernismo del inglés, o tal vez un eufemismo adaptado de cualquier novela erótica francófona. Lo que quiero decir es que, si tuviera nombre, deberían quitárselo, porque seguro que no está a la altura. Y digo más: si tiene nombre, ojalá que esté en desuso. Y si lo usan que dejen de hacerlo, que lo desnombren, que lo desmiembren y lo deroguen, que derrumben toda pragmática y que cada uno lo denomine objetivamente. O mejor no, mejor que le pongan un nombre nuevo, uno más fresco y original; por ejemplo el nuestro. Por ejemplo el tuyo.
Por ejemplo yo y para ejemplo ayer y que lo sepan todos, que no me avergüenzo, que a mí no me quitan el sueño las críticas. El sueño me lo quitas tú, me lo robas, me lo arrebatas, te lo has llevado lejos donde yo no puedo recuperarlo. Eres un carterista profesional y yo una soñadora sin sueño. El equinoccio de un bostezo o la brevedad de una siesta de media mañana son conceptos que han perdido originalidad para mí, ahora me excitan los cafés de consolación y las alarmas de los móviles de los vecinos. Que no quiero dormir, ¿cómo te lo explico? que si duermo te veo menos. Soy una soñadora que no tiene sueño y que vive en las nubes porque tú lo permites. Y si no es así, desmiéntelo y procura no llevarme al cielo la próxima vez que me visites, llévame al éxtasis si te parece mejor, o hazme sentir cosas que no tengan nombre.
En otra vida tuviste que ser centinela de algún jardín de postal, porque esta sinfonía alegre que oigo cada mañana de insomnio se parece mucho a algo que leí alguna vez en los libros de historia. En otra vida tuviste que ser flor de jazmín y lo sé porque esa manía de perfumarme las madrugadas ha de tener una explicación razonable. En otra vida tuve que ser tinta de monasterio, imprenta revolucionaria o pergamino indescifrable, sino ¿por qué me siento tan fusionada contigo? Entiende que es como si fuéramos uno, que no tiene nombre, he dicho, ni nombre ni denominador común ni paralelismo bíblico. Repito que ni paralelismo bíblico ni críticas insípidas van a conseguir que me despegue de ti, al menos no esta noche. Necesitaría diccionarios de sustantivos inexistentes para explicarme, eres el hombre más eléctrico que he besado jamás, en otra vida tuvimos que ser la misma persona y por eso ahora te escribo como si me robases el alma con cada palabra que me sacas. La calma de las alarmas me salva. No quiero dormir más por miedo a despertarme y perderme tu sonrisa, lo mío no tiene nombre, y en caso de tenerlo, prefiero no saberlo.