País Poema - Autores

a. sanh

desde el armario

Hay monstruos debajo de mi cama.
Sus caras están borrosas, las líneas que delimitan sus facciones son difusas y, peligrosamente camaleónicas, se camuflan insistentes entre el maquillaje expresivo de sus máscaras y el reflejo dorado del sol en sus pieles. No les reconozco, mi mente no puede dar forma a esos rostros difuminados, ni siquiera puede distinguir quién ríe de quién llora. Las emociones ya no se visten de gala, ahora se llevan con la ropa de estar por casa, como esa camiseta turística que te da tanta vergüenza enseñar. No sé con quienes estoy hablando y no sé si me hablan a mí. Solo veo formas y colores entremezclados como un cuadro al óleo formando una masa uniforme de apariencia humana, pero altamente difusa. ¿Quiénes son y qué hacen en mi habitación? Puede que no sean humanos del todo, a lo mejor solo son reflejos, a lo mejor solo son sombras, a lo mejor solo son recuerdos. Sé que están aquí por mí, quizá buscan algo que solo yo les puedo dar, no se conformarán con un leve intento de mi parte. No quiero verlos. Voy a cerrar los ojos.
Siento miedo por dentro, un miedo que me paraliza y me congela la respiración. Un miedo que me desconecta de cualquier realidad con la que esté familiarizada. Me agota la incomunicación, ellos también hablan borroso y no les entiendo. ¿Están contentos? Nuestros idiomas distan de cualquier entendimiento y sus gestos son demasiado complejos para esta inexperta cabeza. Me abruman sus miradas cegadoras tan opacas como turbias, no sé qué quieren. No sé qué esperan. Parece que nos vemos a través de un cristal rayado, desconozco si ellos me reconocen a mí. ¿En qué nos hemos convertido? Hace tiempo, todos estos seres y yo solíamos ser uno, solíamos formar un ecosistema cerrado impenetrable, al menos eso creo recordar. Ahora no nos identificamos, no interaccionamos, no nos tocamos. Compartimos un hábitat tenso y volcánico, sus reproches me queman y yo intento gritar. Sus caras se vuelven completamente planas. Sus contornos se difuminan entre los muebles de la habitación y respiro. Mis demonios se han ido. O quizá eran mis familiares. Voy a abrir los ojos.
Me estoy volviendo loca.