catarsis
Caminar entre polvo lunar, provocar el deseo y destruir el amor; infundir terror con sus dos ojos como espadas de doble filo; excitar el hastío carnal de insatisfechos que aúllan pasión entre sábanas impolutas. Entender que drogarse es un acto que conlleva al deseo de aniquilar la materia gris de un cuerpo hecho de carne envenenada, es la quimera que debe perseguir el hombre que anhela ser y no es. No culpes al que paga la cama en la que duermes de la desgracia de tus días de mala salud y vicio, culpa al pasado, al presente y al provenir. Decir que eres la persona con el espíritu más apetecible es demostrar mi interés por conocer el terciopelo que es tu alma dormitando en él. Mira, tienes dos vidas: la que aplaudes y santificas por un pedazo de cielo que tal vez nunca encuentres y en su lugar hallas unas terribles ganas de pegarte un tiro; y la vida en la que ya eres la portentosa dueña de un universo entero, de tu placer de mujer navegante de las aguas turbulentas de lujurias y silencios. Solo puedes tener una de ellas. Es mejor ser sorprendidos por la suerte a encontrarnos caminando como dos iguales entre el cemento y la noche, para, de igual manera, terminar en la taberna solitaria que oculta las sombras de un final distante pero inevitable. La vida no es un jardín, y ni aquí, ni allá, ni por arte de la mano inmaculada de un Dios poseedor del Edén, nacerán líneas de colores dibujadas en el aíre ¿o sí? El alma es un fortín que todos llevamos sobre nuestras cabezas, como cascos futuristas plateados; somos parte de la misma especie, pero chocamos para derribarnos, creyendo que los que en pie permanezcan serán llamados gloriosos; pero solamente poseerán un ataúd más caro. Luchamos por la química como solución a la tristeza sumida hasta la catarsis, pensando que así moriremos más felices, pero solo moriremos sin dejar huella.