PAIS POEMA

Libros de yanira soundy

Autores

yanira soundy

a ese hombre
Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a / desbordarse, que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de / la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla. / Pienso en ese hombre, dócil
a los niños y niñas que fueron violados bajo la noche
Esta noche ha entrado la luz casi dormida, atrapando estrellas y violines. / Ha venido con su boca helada y rendida, con su alma gris templando mis raíces. / Ha venido a tallar el tiempo, con un manoj
abril
Ha crecido el abril en mi abandono. / Ha venido a llenarlo todo con su llanto, para humedecer las / lunas del cristal, los tallos verdes, la gracia que toca el / suelo duro. / Se ha llenado de cigarras, q
amor de pampa y mar adentro
Te toco en la memoria y una luz cae mar abierto, eres fuerza irresistible que me atrae y voluntad que precipita cada uno de mis pasos. Impulso que mezcla el gozo y la tristeza, suspiro y amor que
amor eterno
Fallezco en el intento de tocarte, amor de tierra, espacio y piel, porque este viento sólo habla de tormentas y sombras que se rompen en pedazos. / Soy el beso virgen que prendido de tus ojos hace f
amor inaccesible
En esta cárcel de mi alma giro sin huellas. / Soy la rosa ya palidecida, la hoja temerosa que tiembla entre tus alas, un nido vacío. / Detrás de mí, están el suspiro largo y frío, una lejana música, a
chele ladilla
Se ha quedado quieto, conversando con el polvo y las hormigas, tiritan sus labios en un charco del parqueo que se traga su risa. / Se ha quedado quieto, sembrando maíz en los recuerdos, bajo los oíd
con el velo en la noche
Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche / y cruzas en silencio el húmedo paisaje de mi / cuerpo, el ala errante del viento / se quiebra en nuestro sueño. / La luna cae sobre el mar, / llena de sile
esa mujer
Soy esa mujer, la que no amas. El seno desnudo de tu / agónica luz, el enjambre prendido de tus ramas, el cristal / que sueña tu mirada. / Soy esa mujer, la que no amas. Breña, mata, punzante / jarra, cal
favor detente en la próxima estación (primera parte)
¡Favor detente en la próxima estación! (Primera Parte) / Tú en mis brazos y en tus ojos el ardor de mis sentidos / El majestuoso tren corre aprisa buscando el valle de la vida. / No me dices nada. Yo ta
hundido a mi silencio
Me vestiré sin prisa, / mientras tu luz anida / en el gemido de mi pecho, / encadenada a tus surcos, / tus barrancos y tus selvas. / Me vestiré sin prisa con la piel solitaria, / hecha colina virgen y volcán
llamas húmedas (i-iii)
I / Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, / intensa, fuerte. / Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del / cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la / úl
llamas húmedas (i-iix)
I / Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte. / Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la úl
madre
Te encuentro lejanamente ausente, húmeda en silencios. Abriendo la memoria al viejo sillón desocupado de mi padre, con el alma perdida, amando lo que no está, lo que se ha ido. / Yo que te busco par
maría
La muerte llega con un gesto de burla, a quebrar su nombre entre las fábulas. / María, más pequeña que un dedal, detiene el paso. / Al verla, los árboles se empinan sobre sus raíces, con una curiosida
moza
¡Qué osadía el querer abrir los velos de la muerte!… / En las hojas pálidas, y en las aves de los nidos. Idolatrando dioses de hojalata y placeres prometidos. / En un jardín envenenado por flores amar
niña durmiente
A esa pequeña que murió en el vientre de María… / ¿Para qué despertar, Niña Durmiente? / Entre un charco de sangre y periódicos rotos, con una madre huelepega y un letargo de cosas amargas. / Ve a la bl
niño de viento
Volví a estremecer mis entrañas. Era la hora de la / estrella, la hora en que llegarías a mi vida, desde un / barco peregrino cargado de deseos. / Era la hora y así llegaste, acariciándome el corazón co
niño lanza fuego
A ese pequeño dragón que habita las calles del boulevard Los Próceres… / ¿Quién deshizo tu vida con el fuego? / El secreto de la piedra o el hambre… / Niño moribundo en las ciudades, cuerpo desnudo que
niños de escarcha
Carta a Pulguita / PULGUITA: / ¿Que haces sentado dejando escapar tu vida entre pedazos de vidrio? / Descubre tu rostro en el agua oscura y mira tu sonrisa por primera vez. / Deja escapar tu alma de niño,
otra vez
La luz cae como una hoja seca para iluminarte todo…estás / largamente desnudo. / Otra vez tus dedos ansiosos traspasan mi pecho y el amor sube / en sílabas de humedad hasta mis senos. / Tus labios erizan
para llegar a amarme
Este día en el ascensor, la inquietud ha vedado nuestro beso. A pesar de vernos llegar sin el usual cargamento de miedos y quimeras, con los ojos de ópalo y la sed que arde en nuestros cuerpos. / Es
rincón de sueños
Prefiere verse rubia de polen que llenarse de perfume. / Lleva en la mirada la luz de las luciérnagas / y bajo sus alas blancas, una canción de niña que arrulla a sus muñecas. / Hace sonar sus piedrecil
sin ti
Te vas y vuelan resignadas las gaviotas. Ya no llenaré tus oídos con mis rosas ni mojaré mi ayer con desventuras. Caminaré sin ti bajo este cielo; será como vestirme de una voz nueva, y aprender a
tu recuerdo
El viento es monótono y seco. Pasan los días como los sueños y las voces, el ayer lánguido y triste. / ¿Cómo escuchar tu voz en los labios del silencio? / Mírame – en la inmóvil yedra- imaginándote en
verdad
Por ti he sembrado la esperanza en los rincones, temblorosa de miedo y / cubierta de tu inmensidad. / He vuelto a escribir con las pupilas húmedas tu luz sobre la hierba. / Hoy hablo con la tibieza cónc