PAIS POEMA

Libros de virgilio dávila

Autores

virgilio dávila

borinquen
Piense de mí lo que pensar le plazca / aquel que, de altruista blasonando, / dice que tiene por su patria el mundo, / y son todos los hombres sus hermanos. / Piense de mí lo que pensar le plazca, / mientras
el bohío
Al pie de la montaña, junto al río, / que le manda sus cantos en la brisa, / de un platanar en medio, se devisa / el muy humilde y rústico bohío. / Es como el nido del ramaje umbrío / por su estructura débi
el cafetal
En el monte riqueño de la base a la cumbre, / las eurítmicas copas de las guavas se ven, / y debajo de ellas, cual soldados en filas, / los preciosos arbustos del precioso café. / Los arbustos florecen, y
el jíbaro
En la montaña, junto al río, / y bajo el techo de un bohío / que el buen labriego de mi padre tejió con yaguas del palmar, / llegué a la vida en esa hora / en que la tierra se colora, / porque recibe apasio
el maestro
Mi mentor era un viejo de ojos claros y vivos / que al llegar los exámenes a su terminación, / pronunciaba un discurso de muchos adjetivos, / y alcanzaba del pueblo una gran ovación. / Mientras cura y alc
elegía de reyes
Ahora es igual que los otros / el que fue nuestro gran día. / ¡Ay! ¡Madre Melancolía! / ¡Que ya no somos nosotros! / Tiempos atrás, al acento / del tiple y de la maraca, / saltaba yo de la hamaca / entusiasmado
la jibarita
Por la vereda angosta que baja de la sierra / y con el calabazo terciado en el cuadril, / poblando viene el aire de rústicas canciones / la jibarita anémica, la jibarita triste, / como una flor escuálida
la palma real
La palma real es un tesoro / de mucho más valor que el oro. / Sirve a los campos de ornato, / a hombres y brutos dá sustento: / y es de recursos una mina / para la choza campesina. / La palma real es un adorn
la tierruca
Es el móvil océano gran espejo / donde luce como adorno sin igual / el terruño borincano, que es reflejo / del perdido paraíso terrenal. / Son de fáciles pendientes sus colinas, / y en sus valles, de ríquis
las comadres
Doña Paz, doña Luisa, doña Inés, doña Juana / y otras cuantas comadres que hay en la vecindad / van cotidianamente a la misa temprana, / ansiosas de indulgencias para la eternidad. / Pobres sexagenarias y
lo que dice la tierruca
Mediaba ya la noche, y en la imponente calma / la voz de la tierruca metióse por mi alma. / ¡Oid lo que decía! / ¡Porque ella es vuestra madre, lo mismo que es la mía! / “El mar cantó sus ansias, y en un
no des tu tierra al extraño
Dios, el mundo concluido, / tiróle un beso al azar; / y el beso cayó en el mar, / y es la tierra en que has nacido. / En ella formas tu nido, / de amor rendido al amaño; / ella un año y otro año / te brinda con
nostalgia
Tras un futuro mejor / el lar nativo dejé, / y mi tienda levanté / en medio de Nueva York. / Lo que miro en derredor / es un triste panorama, / y mi espíritu reclama / por honda nostalgia herido / el retorno al p
nostalgia (¡mamá! ¡borinquen me llama!)
¡Mamá! ¡Borinquen me llama! / ¡Este país no es el mío! / Borinquen es pura flama, / ¡y aquí me muero de frío’! / Tras un futuro mejor / el lar nativo dejé, / y mi tienda levanté / en medio de Nueva York. / Lo que
stella matutina
Llegaba el alborear. Sólo se oía, / dominando en el monte y la llanura, / cual la voz de un gigante que murmura, / el sordo ruido precursor del día. / Yo a Venus vi que en el espacio ardía, / bañando el cie
visión del porvenir
¡Ay! ¡Qué soberbia cúpula tu cielo! / ¡Qué emporio de colores tu llanada, / y qué ricos estuches tus colinas, / y qué beso inefable el de tus auras, / y qué mar apacible el que, amoroso, / en holocausto a t
¡responde!
Te lo dijo Matienzo y no quisiste / oír del prócer el consejo sano, / y poco a poco en extranjera mano / cayendo va la tierra en que naciste. / Si el alma de criollo no resiste / la tentación del oro americ