vicente gerbasi
a los soldados caídos en la guerraNo reposéis bajo las ruinas, en silencio: / las madres sollozan. / No hagáis crecer pinos en vuestro recuerdo: / las novias sollozan. / Permaneced vigilantes sobre
amanecerSiento llegar el día como un rumor de animales, / a la orilla del pantano, de la fiebre, del junco, / más allá, entre las colinas de viento oscuro, / donde la luz
aquí he llegadoAquí he llegado / para imponerme el conocimiento de la eternidad, / para ver rodar mi cabeza / tiempo abajo, / arena abajo, / alucinación abajo, / hacia el metálico red
bosque de músicaMi ser fluye en tu música, / bosque dormido en el tiempo, / rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. / ¿cómo olvidar que soy oculta melodía / y tu adusta penu
canto iVenimos de la noche y hacia la noche vamos. / Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores, / donde vive el almendro, el niño y el leopardo. / Atrás quedan los d
canto iiVenimos de la noche y hacia la noche vamos. / Los pasos en el polvo, el fuego de la sangre, / el sudor de la frente, la mano sobre el hombro, / el llanto en la me
canto iiiRelámpago extasiado entre dos noches, / pez que nada entre nubes vespertinas, / palpitación del brillo, memoria aprisionada, / tembloroso nenúfar sobre la oscura
canto ivLo que siento en mi sangre como un reloj de arena, / cerca de algún retrato, del hilo y del salero; / lo que escucho en mi sangre como un rumor del día, / cuando
canto ixDejaste en mi existencia la nostalgia del mundo. / Adoro las ventanas que tiñen los crepúsculos, / contemplo las estampas de algún campo del norte, / elevo las al
canto vA veces caigo en mí, como viniendo de ti, / y me recojo en una tristeza inmóvil; / como una bandera que ha olvidado el viento. / Por mis sentidos pasan ángeles de
canto viEl velero lustroso de la muerte / pasea tu silencio por mis mares sombríos, / entre brillos de un agua negra en ondas, / donde cantan marinos de otro tiempo, / ahog
canto viiTu aldea en la colina redonda bajo el aire del trigo, / frente al mar con pescadores en la aurora, / levantaba torres y olivos plateados. / Bajaban por el césped
canto viiiCuando tú venías, venías hacia la muerte, / porque así son nuestros pasos en los días: / hacia las montañas detenidas en los crepúsculos; / hacia las ciudades que
canto x¿Qué fuego de tiniebla, qué círculo de trueno, / cayó sobre tu frente cuando viste esta tierra? / Pasaron costas negras, arbustos inflamados, / barcas con piñas,
canto xiPor ti sé que el remo que regresa del horizonte, / y el hacha que al contacto del árbol / llena de resonancia el día, / y el martillo que aplasta el hierro / y lo m
canto xiiSiempre te encuentro, oigo tu voz, / en mi hora más secreta, cuando refulgen las gemas del alma, / como heridas por la luz de los sentidos, / cuando el tiempo me
canto xiii¿Quién me llama, quién me enciende ojos de leopardos / en la noche de los tamarindos? / Callan las guitarras al soplo misterioso de la muerte, / y las voces calla
canto xivÁspero cuero de tigre, / estrellada lentitud de arqueado lomo, / fuerte cabeza insomne, / dientes detenidos en la sombra. / Un viento vegetal lame las peñas, / húmeda
canto xixTe señalo en el mediodía de la angustia, / entre árboles y espinas y cigarras, / entre lenguas de fuego bajo el sol, / ahí donde un caballo anda por nuestra trist
canto xvSí, la noche sostenida en las grandes hojas espesas, / en las lianas que bajan hasta las aguas negras, / como lentas serpientes encantadas por los brujos, / en lo
canto xviTodas las colinas ondulaban hacia el sitio que buscabas. / Los árboles ondulaban, ondulaban en la soledad de tu alma, / como un recuerdo de los siglos en el vie
canto xviiAhí te acogían, y ahí estaba tu noche. / Tú venías, venías con tu vida y tus recuerdos, / con tu voz y tus pequeños papeles amarillos, / con tu alegría y tus angu
canto xviiiLlegaba el día del agua verde, / espesa como un lienzo oscuro con flores. / El agua estancada con gérmenes de fiebre, / el agua solitaria, perdida, abandonada, / do
canto xxAquí la noche deja los juncales / con sangrientos reflejos, / con ondas purpurinas en penumbra / y escamas aceradas. / Un profundo combate / hiere cuerpos perdidos en
canto xxiY siempre fue un nuevo regresar, / un lento aproximarse de la noche, / un duro avanzar de la existencia, / un recobrarse a solas, un decirle a las sombras: / «Esper
canto xxii¿Habías visto, acaso, cómo ardía la soledad de tu sangre, / en medio del ancho mundo con océanos, llanuras y montañas? / ¿Cuál era tu angustia, y tu afán y tu o
canto xxiiiYo vengo de esa hora que soporta la tierra, / donde estaba tu vida contra los huracanes, / frente a las puertas selladas ante las bocas mudas. / ¿Acaso, lloraste
canto xxivDe todo tu andar de antiguo caminante, / de todo tu sufrir en desamparo, / de soportar el peso del hacha o del saco, / de asistir al herido y repartir el pan, / sól
canto xxixArden puertas oscuras hacia el fondo / de muros solitarios, / hacia la escala antigua de Jacob. / Resbalan las maderas, los metales, / cayendo en las tinieblas como
canto xxvEstán en ti mis orígenes, / mis dioses, mis resinas, mis sueños. / En tu vida de ayer y en tu muerte de hoy, / en el grave silencio que te guarda / en un bosque de
canto xxviAquí donde el caballo le da un trono al mendigo / entre los tapices cárdenos de la tarde, / aquí donde la hora sella labios malditos, / levantando humaredas, vivi
canto xxviiHijo desencadenado soy, / furia reconquistada, / ensoñación ante las puertas sagradas. / El resplandor ha coronado mi frente, / y la cumbre derrama sus hielos bajo
canto xxviiiTú, que me lanzaste sobre la tierra y hacia la nada, / desde el círculo incendiado de tus experiencias, / desde todas las puertas cerradas, / desde la calles perd
en el fondo forestal del díaEl acto simple de la araña que teje una estrella / en la penumbra, / el paso elástico del gato hacia la mariposa, / la mano que resbala por la espalda tibia del c
escritos en la piedraEn el valle que rodean montañas de la infancia / encontramos escritos en la piedra, / serpientes cinceladas, astros, / en un verano de negras termiteras. / En el si
hay muchas maneras de estar muertoNo quiero explicarme por qué mis ojos / pueden ver este castillo cubierto de hiedras / de verde muy oscuro y solitario / bajo los astros de los búhos, / ni por qué
la arena dispersa cangrejos…La arena dispersa cangrejos / en una luz de aceite caliente, / de humedad que resplandece en los sentidos / con olor a ostras abiertas / ¿Quién abandonó esta quietu
los enamoradosLos rostros de los enamorados, en el césped, / se vuelven indiferentes, hacia el trueno, / hasta que brillen en la lluvia / que hace temblar las flores. / Entre dur
madrugadaQué dulce almohada / del estar y no estar dormido / cuando en la madrugada llueve. / Blanda niebla de sueño / rozando los sentidos: / frescura de la hierba bajo el ag
mi padre el inmigranteI / Venimos de la noche y hacia la noche vamos. / Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores, / donde vive el almendro, el niño y el leopardo. / Atrás quedan los
mi ser fluye en tu música…Mi ser fluye en tu música, bosque dormido en el tiempo, / rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. / ¿Cómo olvidar que soy oculta melodía / y tu adusta penu
mi tierraEn la yerba tostada por el día, el sueño del caballo / nos rodea de flores, como el dibujo de un niño, / mientras la fruta cae del espeso follaje plateado, / que
música de tu tiempo soy, oh silencioDel árbol del día y de la noche fruto de amargo zumo / en ti se desprende el mundo de música extasiado, / y en tu adulto reposo plenos de ti los bosques viven e
penumbras secretasEncontré la desdicha al amanecer, / en un caballo que sangraba / con la cabeza un poco caída en la yerba / y el llanto de mi hermana de dos años / que había sido op
realidad de la nocheUna sombra de una almendra amarga / saboreo en medio del mundo. / Debajo de mis parpados se encierra el furor de la noche / y detrás de los días esta el rumor del
sencillez del tiempo y de la muerteDe su morada infinita viene el tiempo / despertando primaveras bajo inocentes miradas. / (Oh, las primaveras, celestes aventuras que pasan por mi vida, / fluyendo
te amo, infancia, te amo…Te amo, infancia, te amo / porque aún me guardas un césped con cabras, / tardes con cielos de cometas / y racimos de frutas en los pesados ramajes.
vigilia de náufragoA la hora de horizontes tumultuosos los mástiles me inclinan, / despertándome al desmayo de los vuelos, / en lluvia de alas heridas, / donde no cantan los círculo