PAIS POEMA

Libros de sylvia plath

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sylvia plath

amapolas en julio
Pequeñas amapolas, llamitas infernales, / ¿es que daño no hacéis? / Se apagan y reviven. No puedo tocarlas. / En su fuego pongo las manos. Nada se incendia. / Contemplarlas me consume / Llameando así, su ro
aparición
La sonrisa de las neveras me aniquila. / ¡Qué corrientes por las venas de mi amada! / Oigo ronronear su gran corazón. / Conjunciones y signos de porcentaje / exhalan sus labios, como besos. / En su mente ho
canción putesca
La blanca helada se acabó, / los sueños verdes nada valen, / tras un mal día de trabajo / llega el momento de la sucia puta: / su simple fama llena nuestra calle. / Todos los hombres: / blancos, rubicundos, n
carta de amor
No es fácil expresar lo que has cambiado. / Si ahora estoy viva entonces muerta he estado, / aunque, como una piedra, sin saberlo, / quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo. / No me moviste un ápice, tamp
corneja negra en tiempo lluvioso
En una rama tiesa allá arriba / se encorva una corneja negra, mojada / arreglando y desarreglando sus plumas bajo la lluvia. / No espero un milagro / ni accidente / que encienda la visión / en mis ojos, ni bu
cruzando el agua
Lago negro, bote negro, dos personas recortadas en papel negro. / ¿Adónde van los árboles negros que beben aquí? / Sus sombras deben cubrir Canadá. / Entre las flores acuáticas se filtra algo de luz / Sus
el jardín solariego
Las fuentes resecas, las rosas terminan. / Incienso de muerte. Tu día se acerca. / Las peras engordan como Budas mínimos. / Una azul neblina, rémora del lago. / Y tú vas cruzando la hora de los peces, / los
escayola
¡Nunca me liberaré de esto! Ahora soy dos personas: / ésta, completamente blanca, y la antigua, amarilla, / y la blanca es, sin duda, la más importante. / No necesita alimentos, es, ciertamente, uno de
espejo
Soy de plata y exacto. Sin prejuicios. / Y cuanto veo trago sin tardanza / tal y como es, intacto de amor u odio. / No soy cruel, solamente veraz: / ojo cuadrangular de un diosecillo. / En la pared opuesta
gigolo
Reloj de bolsillo, bien tictaqueo. / Las calles, reptíleas rendijas, / a plomo, con huecos donde esconderse. / La mejor cita, un callejón sin salida, / un palacio de terciopelo / con ventanas de espejos. / Al
hombre de negro
Reciben el ímpetu / Y se amamantan de la mar gris / A la izquierda y la ola / Abre su puño contra el elevado / Promontorio alambrado de púas / De la prisión de Deer Island / Con sus cuidados criaderos, / Corral
hongos
De noche, muy / blancos, discretos, / muy silenciosos / nuestros pies, nuestras / narices captan / la tierra, el aire. / Nadie nos ve, / para, traiciona; / los granos abren / paso, los puños / púas apartan / y hojas tu
la otra
Llegas tarde, lamiéndote los labios. / ¿Qué dejé intacto en el umbral: / blanca Niké, / aullando entre mis muros? / Sonrientemente, azul relámpago / aceptas, como escarpia, el gravamen de sus partes; / Favore
la sonrisa de las heladeras me aniquila…
La sonrisa de las heladeras me aniquila / ¡Corrientes tan azules en las venas de mi amada! / Escucho el ronronear de su enorme corazón. / De su boca salen como besos / los símbolos de conjunción y porcent
llegas tarde, lamiéndote los labios…
Llegas tarde, lamiéndote los labios. / ¿Qué dejé intacto en el umbral: / blanca Niké, / aullando entre mis muros? / Sonrientemente, azul relámpago / aceptas, como escarpia, el gravamen de sus partes; / Favore
lo logré otra vez…
Lo logré otra vez, / Me las arreglo — / Una vez cada diez años. / Especie de fantasmal milagro, mi piel / Brillante como una pantalla nazi, / Mi diestro pie / Es un pisapapel, / Mi rostro un fino lienzo / Judío y
lorelei
No es noche ésta de ahogarse: / luna llena, reacio / río bajo luz suave, / acuosas nieblas bajan / tupidas como redes / cuyos dueños reposan, / traduciéndose en vidrio / lúcido mientras flotan / las torres del ca
metáforas
Adivíname: nueve sílabas / tengo, elefante, casa grande, / melón con sólo dos tentáculos. / ¡Oh fruta, marfil, leño fino! / Dinero nuevo en este bolso. / Soy medio, escena, vaca grávida. / Comí muchas manzana
místico
El aire, remolino de ganchos: / preguntas sin respuesta, / relucientes, ebrias como moscas / cuyo beso punge insosteniblemente / en los úteros fétidos de aire negro bajo estivos pinares. / Recuerdo / el olor
no quiero una caja cualquiera, quiero un sarcófago…
No quiero una caja cualquiera, quiero un sarcófago / con rayas de tigre, y una cara redonda / como la luna para poder contemplar. / Quiero estar mirándolos cuando vengan / juntando los minerales estúpidos
otoño de ranas
El verano envejece, madre fría, / y los insectos son raros y escuálidos. / En este hogar palustre solamente / graznamos, nos ajamos. / Las mañanas se van en somnolencia. / El sol tardíamente nos alumbra / ent
papi
Ya no, ya no, / ya no me sirves, zapato negro, / en el cual he vivido como un pie / durante treinta años, pobre y blanca, / sin atreverme apenas a respirar o hacer achís. / Papi: he tenido que matarte. / Te m
solterona
Esta chica de quien hablamos / en un paseo de abril ceremonioso / con su último pretendiente / súbitamente se asombró muchísimo / del charlar de los pájaros / y las hojas caídas. / Así, afligida, ella / vio que
soy plateado y exacto. no tengo prejuicios…
Soy plateado y exacto. No tengo prejuicios. / Todo lo que que veo lo trago de inmediato / tal como es, sin que me empañen ni el amor ni el disgusto. / No soy cruel, soy sincero, / el ojo de un pequeño dio
soy vertical
Mejor querría ser horizontal. / No soy un árbol con raíces hondas / en tierra, sorbiendo minerales y amor materno, / refloreciendo así de marzo en marzo, / reluciente, ni orgullo de parterre / blanco de adm
suceso
¡Cómo los elementos se endurecen! / La luz lunar, la peña como tiza, / en cuyo seno blanco ahora yacemos / espalda contra espalda. Oigo un búho / chillar desde su frío añil vocales / que en mi corazón entra
temores
Esta pared blanca sobre la que el cielo hácese a sí mismo: / infinita, verdad, intocablemente intocable. / Los ángeles se bañan en ella, y las estrellas igualmente, en indiferencia también. / Mi medio s
últimas palabras
No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago / de atigradas listas y un rostro pintado, redondo / como la luna, que mire, quiero / estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo / entre minerales mudos, r
una aparición
La sonrisa de las heladeras me aniquila. / ¡Corrientes tan azules en las venas de mi amada! / Escucho el ronronear de su enorme corazón. / De su boca salen como besos / los símbolos de conjunción y porcen
una vida
Tócala: no se encogerá como pupila / esta rareza oviforme, clara como una lágrima. / He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza, / azucena, como flora distinta / de un tapiz en la quieta urdimbre vasta
viuda
Viuda. Palabra que se autoconsume: / cuerpo, hoja de periódico en el fuego, / por el aire un instante sostenida / sobre la geografía roja y cálida / que arrancará su corazón cual ojo. / Viuda. Sílaba muerta
¡crueldad en la cocina!…
¡Crueldad en la cocina! / Las papas protestan silbando. / Todo es muy vulgar e indecente, este lugar sin ventanas, / La luz fluorescente, encendiéndose y apagándose en una mueca de dolor, / Como una terri