PAIS POEMA

Libros de stéphane mallarmé

Autores

stéphane mallarmé

angustia
Hoy no vengo a vencer tu cuerpo, oh bestia llena / de todos los pecados de un pueblo que te ama, / ni a alzar tormentas tristes en tu impura melena / bajo el tedio incurable que mi labio derrama. / Pido a
angustia (otra versión)
Yo no vengo esta noche para vencer tu cuerpo, / en el que están los pecados de un pueblo ni para, / en tu impuro cabello, alzar tormenta / bajo el fastidio incurable .que destilan mis besos. / Pido a tu l
aparición
La luna se entristecía. Serafines llorando / sueñan, el arquillo en los dedos, en la calma de las flores / vaporosas, sacaban de las lánguidas violas / blancos sollozos resbalando por el azul de las cor
brisa marina
Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste. / ¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan / entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe, / ni los viejos jardines que los ojos reflejan, / ni
don del poema
¡Aquí te traigo el hijo de una noche idumea! / Desplumada, con su ala que sangra y que negrea / en los cristales, de oro y aromas abrasados, / en los tristes aún, ¡ay!, vidrios empañados, / cayó, sobre la
el abanico de madame mallarmé
Como sin otra expresión / que un latir que al cielo anhela / el verso futuro vuela / de la exquisita mansión / Ala baja mensajera / es el abanico si / el mismo es que tras de ti / a sí propio espejo fuera / tan l
el cigarro
Toda el alma resumida / cuando lenta la consumo / entre cada rueda de humo / en otra rueda abolida. / El cigarro dice luego / por poco que arda a conciencia: / la ceniza es decadencia / del claro beso de fuego.
el hijo pródigo
I / En aquellas en quienes el amor es una naranja seca / Que preserva un viejo perfume sin el néctar bermejo, / Busqué el Infinito que hace pecar al hombre / Y sólo hallé un Abismo enemigo del sueño. / &min
el infortunio
Por sobre el ganado aturdido de los hombres / Brincaban en claridades las salvajes melenas / De los mendigos del azur el pie en nuestros caminos. / Un negro viento sobre su marcha desplegado en pendones
el mal sino
Dominando el rebaño de la humanidad horrenda / mostraban las hirsutas melenas por momentos / los mendigos de azul, perdidos en la senda. / Su estandarte agitaban encenizados vientos / que en sí llevan del
el virgen, el vivaz…
El virgen, el vivaz y el hermoso día de hoy / ¡Nos desgarrará con un golpe de ala ebrio / Este lago duro olvidado que pena bajo la escarcha / El transparente glaciar de los vuelos que no han huido! / Un c
esta noche
La sombra amenazaba ya con su fatal ley / a un viejo Afán que mis vértebras ha deshecho; / triste por perecer bajo el fúnebre techo / sus alas posó en mí. ¡Ay, sala de carey / y de ébano, capaz de soborna
fútil beneplácito
Por sobre el ganado aturdido de los hombres / ¡Princesa, cómo envidio la suerte de esa Hebe / que de la taza sube hasta tus labios grana! / Mas quien no es ni aún abate, ni a desear se atreve / ver su des
herodías
(Escena) / La nodriza – Herodías / Nodriza / ¡Vives! ¿O aquí la sombra miro de una princesa? / A mis labios tus dedos, sus anillos, y cesa / de andar por ignoradas edades… / Herodías / Detente. / De mis inmaculad
instancia
Ha tiempo que he soñado, Duquesa, ser la Hebe / que en jícara ríe si a tu beso se entrega. / Yo no estoy en el Sèvres en que tu boca bebe, / pues no soy más que un vate que ni aun abate llega. / Rubia que
la cabellera vuelo…
La cabellera vuelo de una llama al extremo / Occidente de deseos para desplegarla entera / Se posa (yo diría morir una diadema) / Hacia la frente coronada su antiguo hogar. / Mas sin oro suspirar que esta
la siesta de un fauno
(Égloga) / El Fauno: / Estas ninfas quisiera perpetuar. / Que palpite / su granate ligero, y en el aire dormite / en sopor apretado. / ¿Quizás un sueño amaba? / Mi duda, en oprimida noche remota, acaba / en más d
la sombra amenazaba… 
La sombra amenazaba ya con su fatal ley / a un viejo Afán que mis vértebras ha deshecho; / triste por perecer bajo el fúnebre techo / sus alas posó en mí. ¡Ay, sala de carey / y de ébano, capaz de soborna
la tumba de edgar poe
Tal como al fin el tiempo lo transforma en sí mismo, / el poeta despierta con su desnuda espada / a su edad que no supo descubrir, espantada, / que la muerte inundaba su extraña voz de abismo. / Vio la hi
las cuatro estaciones
1. Resurgir / Primavera enfermiza tristemente ha expulsado / Al invierno, estación de arte sereno, lúcido, / Y, en mi ser presidido por la sangre sombría, / La impotencia se estira en un largo bo
las ventanas
Del hospital cansado y del fétido incienso / que asciende en la blancura vulgar de las cortinas, / al Santo Cristo magro de un gran clavo suspenso / el moribundo vuelve las espaldas en ruinas; / se arrast
saludo
Nada, esta espuma, verso virgen / Que no designa más que el corte; / Así lejos se sumerge un grupo / De sirenas muchas veces al envés. / Navegamos, oh diversos / Amigos míos, conmigo ya en la popa / Sois la f
santa
En la ventana está ocultando / desdorados sándalos viejos / de su viola resplandeciente / –flauta o laúd en otro tiempo–, / la pálida Santa que extiende / el libro viejo que prodiga / el Magnificat deslumbran
soneto
El de sus puras uñas onix, alto en ofrenda, / La Angustia, es medianoche, levanta, lampadóforo, / Mucho vesperal sueño quemado por el Fénix / Que ninguna recoge ánfora cineraria: / Salón sin nadie en las
una negra
Una negra por el demonio sacudida / Quiso en un niño triste gustar de nuevos frutos / Y criminales bajo su veste agujereada. / Esta voraz prepara sus trabajos astutos; / Con su vientre compara los airosos