País Poema - Autores

serafina núñez

a un ruiseñor amaneciendo
Dulce señor del reino que enamora / inventando la estatua del desvelo / por el agua sin fin donde ya es vuelo / la partida granada de su aurora. / ¿Para la alcoba d
canción del tenaz alborozo
Si, bien lo sé, / el tiempo de mi llanto es tan antiguo: / pero los ojos resisten como gemas el fuego / consumiendo la vasta llanura de la tristeza. / Islas de la e
contemplación
Desde el balcón donde anochezco miro, / devorado por oros y por llamas / de suaves rojos, al poniente esclavo / del exacto vivir, que le sentencia / en preludio de
estancia de lo eterno
Amor de ti mi alma desdoblada / jadeando tu presencia a hez de hombres, / angustia de tu rostro la ganaba / en rara geometría y rudos cobres. / Polvo cansado por mi
hombre y tiempo
El tiempo te vigila, te sorprende, te encarcela, te anula. / Ardemos en su llama como un frágil pabilo intrascendente; / altivo crees vencerlo. Él siempre posee
jazmín de la presencia
Qué dulcísimo asombro de nube o de gacela / encendiendo, apagando, persiguiendo, ondulando, / marea gris-azul, azul-gris, rosa-tibio / clava en el aire ausente el
madrigal de una antigua voz
Cuando tu voz se pierda en las veloces / veleidades del aire, / y forme torbellinos de crepúsculos o de quemantes oros, / si todavía escucho, / si todavía al alma l
meditación
En la cierta penumbra mi tiempo se diluye / las olas de la vida con su ir y venir / fingen tumultos de espuma; / criaturas opacas me destruyen / el espejo feliz de
nocturno
En el pozo de la noche / la piel se vuelve de agua, / mientras que toda la vida / gira en esferas calladas. / En el sueño de la noche / el sueño toca sus arpas. / En el
poema
Te converso en el claustro de mi sangre, / tú respondes, eres el eco de mi propio ser, / el inaudito, el de las verdes costas infinitas, / el que no anota el tiem
poema de vigilia
Escribo en la noche susurrante y ajena, / en esta calle mía agresiva y ruidosa / como plaza de Roma colmada de peregrinos espectaculares / y comerciantes pregoner
soneto
Estoy sobre tu sol y tu sonrisa. / Para mi dalia busco luz y canto / en la guitarra tierna de tu brisa / desatada en el pecho con quebranto. / Funda a mi cielo bajo
soneto diferente
Verano para qué, si ya las sienes / altiva sombra ciñe fatigada / y el alma su soñar entregó en bienes / por el gran pordiosero reclamada. / Verano para qué, si sól
tú, el testimonio
Poesía; / vienes a soliviantar mis huesos, / a cavarme, / a darme este vestido desusado / de habitante / de los cuatro puntos cardinales. / Aérea giras / mirando siempre
versos al tiempo
El tiempo es un esquivo dromedario / que busca sus oasis en las almas. / Es el dios inflexible y desvelado, / habla un idioma siempre diferente. / Su majestad nos v
vigilia
En la noche sin mástiles goteaba tu silencio. / De su carne y penumbra el hombre se olvidaba. / nada más que la queja de un cielo peregrino / apagando veleros en