País Poema - Autores

seamus heaney

1-i-87
Hay peligro en los caminos. / Pero este año tengo el bastón / de mi padre para afrontar el hielo.
a tiempo
Energía, equilibrio, estallido: / mientras escuchaba a Bach / te vi dentro de muchos años / (más de los que me serán concedidos) / ya no como un bebé tambaleante, / s
acta de unión
I / Esta noche, un primer movimiento, un pulso, / como si la lluvia se acumulase en el pantano / hasta romper y desbordarse: una presa que estalla, / un tajo abrien
alfabetos
I / Una sombra que hace su padre uniendo las manos / y los pulgares y los dedos mordisquea en la pared / como la cabeza de un conejo. Entiende / que entenderá más c
anahorish
Mi «lugar de agua clara», / la primera colina del mundo / donde los manantiales se filtraban / por la hierba brillante / y oscurecían los guijarros / del lecho del ca
anahorish 1944
«Estábamos sacrificando cerdos cuando llegaron los americanos. / Una mañana de martes, de sol y sangre en los desagües / fuera del matadero. Desde la carretera
andamios
Los albañiles, al empezar a hacer un edificio, / procuran comprobar siempre los andamios; / se aseguran de que ningún tablón pueda soltarse, / fijan las escaleras
broagh
En la ribera los largos caballones / acaban en densas acederas / y una trocha endoselada / baja hacia el vado. / Magullado el mantillo / del jardín, la llovizna / acumu
cadena humana
Mientras veía las bolsas de comida pasar de mano en mano / en primer plano por los cooperantes, y a los soldados / disparar sobre la turba, volví a encontrar ap
campo visual
Me acuerdo de esta mujer sentada durante años / en una silla de ruedas, siempre mirando de frente / por la ventana a los sicómoros que perdían / y echaban hojas e
canción
Un serbal como una chica con carmín en los labios. / Entre el camino lateral y la carretera principal / goteando a una húmeda distancia / se alzan entre los junco
casa de verano
I / ¿Era el viento de los vertederos / o algo en el calor / que nos seguía los pasos, con el verano agriándose, / y un nido pestilente incubando en algún lugar? / ¿De
casco
El de Bobby Breen. Su regalo de bombero de Boston / con Breen en letras escarlata sombre la amplia / ala en abanico, / tinturas de sudor y de gomina / en la almohad
castigo
Puedo sentir el tirón / del dogal en su nuca, / el roce del viento / sobre su torso desnudo. / Transforma sus pezones / en gotas de ámbar, / agita la arboladura / frágil
cavando
Descansa entre índice y pulgar la gruesa / estilográfica; ceñida igual que un arma. / Bajo la ventana, un nítido chirrido / al hundirse la pala en la grava del su
chanson d’aventure
I / Amarrado, de la camilla al elevador, fijado / en posición para el viaje, / zarandeado, dando botes con la velocidad, / la enfermera junto al conductor, tú insta
conduciendo de noche
Los olores cotidianos eran nuevos / en el viaje nocturno a través de Francia: / lluvia y heno y bosques en el aire / creaban cálidas corrientes de aire en el coch
de digas lo que digas no digas nada
I / Escribo esto justo después de un encuentro / con un periodista inglés que buscaba «opiniones / sobre el tema irlandés». He vuelto a los cuarteles / de invierno,
de fuera del maletín
1 / Todos nosotros salimos del maletín del doctor Kerlin. / Solía llegar con él, desaparecer en el cuarto / y en el momento en que reaparecía para lavarse / aquella
de iluminaciones
VIII / Dicen las crónicas: los monjes de Clonmacnoise / se encontraban rezando dentro del oratorio / cuando un barco apareció sobre ellos en el aire. / El ancla se
de la curación en troya
Los seres humanos sufren. / Se torturan los unos a los otros. / Se hacen daño, se hacen fuertes. / Un poema, un drama, una canción / nunca enmendarán del todo / un ma
de los sonetos de glanmore
II / Presentimientos, algo que aflora de los escondites, / palabras que casi forman parte del sentido del tacto, / saliendo como hurones de su oscura conejera… / «S
de regreso a glanmore
VII El tragaluz / Tú eras partidaria del tragaluz. Yo me oponía / a cortar la curada madera machihembrada / de pino bronco. Me gustaba que fuera bajo y cerrado, / e
de ruta 110
I / Con un manchado guardapolvo abotonado por delante / —de un marrón seco con las costuras carmesíes— / desde la sección de Clásicos hacia un pasillo / que huele a
de station island
VII / Había llegado al borde del agua, / cuya sola vista me aliviaba, y me quedé allí, / como si fuera un barómetro transparente / o un espejo, cuando sin que apare
de tala
3 / Cuando todos los demás se marchaban a misa / me tenía solo para ella y pelábamos patatas. / Rompían el silencio al dejarlas caer una a una / como de un soldador
de travesías
XXVII / Todo fluye. Incluso a un hombre fornido, / un pilar de sí mismo y de su oficio, / con sus botas amarillas, su bastón y su sombrero, / pueden brotarle alas e
desde la república de la conciencia
I / Cuando aterricé en la república de la conciencia / era tanto el silencio al apagarse los motores / que alcancé a oír un alcaraván sobre la pista. / En inmigraci
día de boda
Tengo miedo. / El sonido se ha parado en el día / y las imágenes se repiten / sin cesar. ¿Por qué esas lágrimas, / el pesar salvaje en su rostro / fuera del taxi? Cre
district y circle
Las melodías de un flautín subterráneo / se enroscaban por el pasillo que solía recorrer / hacia donde sabía que siempre me esperaba / mi observador sobre las bal
dos camiones
Llueve sobre negro carbón y tibia y húmeda ceniza. / En el patio hay marcas de neumáticos, el viejo camión / de Agnew tiene las cartolas bajadas y Agnew el carb
el árbol de los deseos
Me la imaginaba como el árbol de los deseos que murió / y que vi elevarse, raíces y ramas, hacia al cielo, / derramando tras de sí todo lo que había sido / clavad
el farol del espino
La inverniza majuela se enciende fuera de temporada, / poma del espino, luz menuda para gentes menudas, / de quienes nada requiere aparte de que eviten / que se l
el hombre de grauballe
Como si lo hubieran bañado / en alquitrán, descansa / en una almohada de turba / y parece llorar / el río negro de sí mismo. / Las vetas de las muñecas / son de madera
el hombre de tollund
I / Algún día iré a Aarhus / a ver su cabeza color turba, / las suaves vainas de sus párpados, / su gorro puntiagudo de piel. / En la llanura vecina / al lugar donde fu
el lazo de la cosecha
Al trenzar el lazo de la cosecha / entretejiste el sosegado silencio que hay en ti / en unas espigas que no se deterioran / sino que mejoran al tensarse vuelta a
el metro
Ahí estábamos corriendo por los túneles abovedados, / tú deprisa delante, con tu abrigo de estreno / y yo, yo entonces como un dios velocísimo ganándote / terreno
el ministerio del miedo
Bueno, como decía Kavanagh, hemos vivido / en sitios importantes. La escarpa solitaria / del St. Columb’s College, donde me acantoné / seis años, dominaba desde l
el mirlo de glanmore
Sobre la hierba cuando llego, / llenando de vida la quietud, / pero propenso a espantarse / al primer paso en falso. / En la hiedra al marcharme. / Eres tú, mirlo, a
el otro lado
I / Hundido entre juncias y caléndulas, / un vecino tendió su sombra / en el riachuelo y declaró: / «Es tan pobre como Lázaro, esa tierra», / y se alejó abriéndose ca
el palo de lluvia
Pon en vertical el palo de lluvia y lo que ocurre / es una música que nunca te habrías esperado / escuchar. Por un tallo de cactus fluye / un aguacero, el desagüe
el recado
«¡Va, vete ya! Hijo, corre como el diablo / y dile a tu madre que intente / encontrarme una burbuja para el nivel del espíritu / y un nuevo nudo para esta corbata
el santuario de la ropa
Qué placer tan completamente nuevo / encontrarse en los primeros días / leves blusas de muselina blanca / en un hilo de nailon transparente / secándose gota a gota
el zahorí
Tras cortar una horquilla de avellano del verde arbusto, / la sostenía con fuerza por los brazos de la V: / trazaba círculos por el terreno, buscando el tirón / d
elegía
La forma en que elegimos vivir, / con timidez o audacia, / esa habrá sido nuestra vida. / Robert Lowell, / la lámpara junto a la que escribo / ilumina al geranio del
en banagher
Entonces se me aparece de repente / el oficial de sastre que fue mi antecesor: / subido en una mesa, cruzado de piernas, rasgando / una prenda que debe recortar o
en busca de moras
A finales de agosto, tras toda una semana / de aguaceros y sol, las moras maduraban. / Al principio una sola, un lustroso coágulo morado / entre otras, rojas, ver
en el ático
I / Como Jim Hawkins subido a la cruceta / del Hispaniola, con nada bajo él / sino agua verde en calma y arena limpia al fondo, / el barco encallado, en la distanci
en el brocal
Tus canciones, cuando las cantas con los ojos cerrados / como haces siempre, son como una carretera local / de la que en el pasado conocíamos cada curva… / esa ca
en el interior de arcadia
Todo era opulencia y amén en la carretera de montaña. / En un desfiladero le compramos nueces a un campesino / que había trabajado en Melbourne y ahora canaliza
en recuerdo de francis ledwidge
El soldado de bronce tironea de una capa de bronce / que rígidamente arruga un viento imaginario / por mucho que el viento de verdad pula y azote / su súbita carr
hacia el oeste
Me siento bajo el «Mapa oficial / de la luna» de Rand McNally / —color piel de rana, / los poros ampliados / abiertos y uno denominado / «Pitiscus» a la altura de los
helicón personal
De niño no podían mantenerme alejado de los pozos / y las viejas bombas con cabestrantes y cubos. / Me encantaba la oscura caída, el cielo atrapado, los olores /
höfn
El glaciar de tres lenguas ha empezado a fundirse. / ¿Qué haremos, se preguntan, cuando la rocosa lecha / descienda revolcándose por los llanos del delta / y las
intemperie
Es diciembre en Wicklow: / alisos goteantes, abedules / herederos de las últimas luces, / un fresno que da frío de mirarlo. / Un cometa que se perdió / debería poder
la casa del cantante
Si decían Carrickfergus yo era capaz de oír / el eco congelado de los picos de los mineros de la sal. / Me la imaginé, abovedada y reluciente, / una ciudad hecha
la conway stewart
Un plumín «medio» de 14 quilates, / tres anillos de oro en la rosca junto al clip, / en el cuerpo jaspeado una fina y espatulada / palanca de carga / de la que el t
la dificultad de inglaterra
Me movía como un agente doble entre los conceptos. / La palabra «enemigo» tenía la eficacia dental de un cortacésped. Era un ruido mecánico y distante más all
la fragua
Todo lo que conozco es una puerta que da a la oscuridad. / Fuera, viejos ejes y oxidadas argollas de hierro; / dentro, el conciso tañido del martillo sobre el y
la mofeta
Enhiesta, negra, rayada y damascada como la casulla / de una misa fúnebre, la cola de la mofeta / hacía desfilar a la mofeta. Noche tras noche / la esperaba como
la nota dada
En la más occidental de las Blaskets / en una choza con muros de albarrada / obtuvo este aire de la noche. / Ruidos extraños fueron escuchados / por quienes le sigu
la nutria
Cuando te zambullías / la luz de la Toscana temblaba / y oscilaba en la piscina / de extremo a extremo. / Me encantaban tu cabeza mojada y tu crol de primera, / la es
la península
Cuando te quedes sin nada que decir, vete / un día a dar una vuelta en coche a la península. / El cielo parece estar encaramado a una pasarela, / la tierra no tie
la playa de lough beg
Dejando atrás el blanco resplandor de las gasolineras / y unas pocas farolas solitarias entre prados / subiste las colinas hacia Newtownhamilton / más allá del bo
la sentencia de piedra
Cuando se presente en el lugar del juicio / con el bastón en la mano y el sombrero ancho / aún en la cabeza, minado por su inseguridad / y un antiguo desdén por l
la visita de un agente
Su bicicleta se apoyaba en el alféizar, / la cubierta de goma de la aleta / bordeaba el guardabarros delantero, / las gruesas cintas negras del manillar / se calent
las andas
Un primer germen verde: el espino a medio brotar. / Su funeral ocupó toda la calle / y podría haber salido de una antigua fotografía / de un pardon bretón, remota
las estaciones del oeste
En mi primera noche en la Gaeltacht la anciana me habló en inglés: «Estarás bien». / Me senté al borde de un lecho iluminado por el crepúsculo, escuchando a t
los niños del ferrocarril
Cuando trepábamos las laderas del desmonte / quedaban a nuestra altura las jícaras blancas / de los postes del telégrafo y los cables crepitantes. / Como un trazo
los paseos de grava
Grava del río. En un principio, eso. / Pleno verano, y la motocicleta del pescador hundida / entre las flores de la cuneta, como un caballero abatido / a cuyo fan
marcas
I / Marcábamos la cancha: cuatro chaquetas para cuatro postes, / eso era todo. Las esquinas y las áreas / eran allí como la longitud y la latitud / bajo el terreno
milagro
No el que toma su camilla y echa a andar / sino aquellos que le han conocido desde siempre / y cargan con él. / Los hombros entumecidos, doloridas y encorvadas / si
mossbawn: dos poemas dedicados
I / LUZ DEL SOL / Una ausencia bañada por el sol. / En el patio la bomba de agua / caldeaba su hierro, / el agua se melaba / en el cubo colgado / y el sol parecía / una par
muerte de un naturalista
Durante todo el año el dique de lino supuraba / en el corazón del pueblo; verde y de cabeza pesada / el lino se pudría allí, aplastado por enormes terruños. / A d
ostras
Nuestras conchas repiqueteaban en los platos. / Mi lengua era un estuario en marea alta, / de mi paladar pendían las estrellas: / mientras saboreaba las saladas P
postdata
Y algún día tómate un día para conducir hacia el oeste / al condado de Clare, a lo largo de Flaggy Shore, / en septiembre o en octubre, cuando el viento / y la lu
réquiem por los croppies
Con los bolsillos del gabán repletos de cebada / —en la huida no hay cocina, no se montan campamentos— / viajábamos rápido y por sorpresa en nuestro propio país
ritos funerarios
I / Asumía una cierta hombría / al ofrecerme a levantar los ataúdes / de los parientes fallecidos. / Habían sido amortajados / en mancilladas estancias, / los párpados
san kevin y el mirlo
Y luego tenemos a san Kevin y el mirlo. / El santo está arrodillado, los brazos en cruz, dentro / de su celda, pero la celda es angosta, así que / una mano, palma
seguidor
Mi padre trabajaba con un arado romano, / los hombros como una vela henchida / atada entre el surco y las estevas. / Los caballos tiraban al chascar la lengua. / Un
seguir adelante
El gaitero que viene de muy lejos eres tú / con una brocha de encalar por escarcela / bailando en la cintura, una silla de la cocina / dada la vuelta sobre el hom
sibila
Mi lengua se movía, una relajante bisagra ondulante. / Le dije a ella, «¿qué será de nosotros?» / Y como agua olvidada en un pozo puede agitarse / tras una explos
tate’s avenue
No la primera manta de viaje marrón y beis, aquella / extendida en la arena junto al mar pero que olía a tierra, / los pliegues vestales desplegados, la zona de
tímidos por partida doble
Con tu pañuelo a lo Bardot / y tus zapatos de gamuza / me acompañaste una tarde / a tomar el aire y a charlar. / Cruzamos el silencioso río / y enfilamos el paseo de
todo puede pasar
Todo puede pasar. ¿Sabes cómo Júpiter / generalmente espera a que las nubes se acumulen / antes de lanzar el rayo? Pues bien, ahora mismo / cruzó al galope con su
tremedal
No tenemos praderas / que corten un gran sol al caer la tarde: / en cualquier lugar se rinde el ojo / a un horizonte intruso, / se ve atraído por el ojo ciclópeo / de
un niño de acogida
En la escuela me encantaba el intenso verdor de un cuadro: / horizontes arbolados de aspas y velas de molinos. / El callado contorno de las casas. En su sitio j
un perro estuvo también aullando esta noche en wicklow
Cuando los seres humanos supieron de la muerte / enviaron el perro a Chukwu con un mensaje: / querían que les dejaran volver a la casa de la vida. / No querían ac
un sofá en los cuarenta
Todos juntos en fila en el sofá, arrodillados / unos detrás de otros, del mayor al más joven, / los codos como pistones, pues esto era un tren / y entre el muro d
un sueño de celos
Caminando contigo y otra dama / por un parque boscoso, la susurrante hierba / corría sus dedos a través de nuestro silencio sospechoso / y los árboles se abrían h
un trago de agua
Acudía cada mañana a buscar agua / como un vejestorio subiendo a tumbos por el campo: / la tos convulsa de la bomba, el estrépito del cubo / y el lento diminuendo
una cabeza recostada
Matutinamente. La madreperla / de un verano prematuro. Carmines sajados / y lavados y lechosos azules. / Ser el primero en salir a la carretera, / madrugar con la n
una cometa para aibhín
Aire desde otra vida, otro tiempo, otro lugar, / un aire celeste y celestial que sostiene / un ala blanca que bate contra la brisa en lo alto, / y sí, ¡es una com
una cometa para michael y christopher
Durante toda aquella tarde dominical / una cometa sobrevoló el domingo, / una tensa piel de tambor, un batir de granza al viento. / La vi gris y poco fiable al co
una llamada
«Espera,» dijo ella, «saldré simplemente e iré a por él. / El tiempo aquí es tan bueno, que aprovecha / para escardar Un poco.» / De modo que lo vi / apoyado sobre
una vara de avellano para catherine ann
La viva madreperla de un salmón / nada más salir del agua / desaparece sin más, pero no pierde / tu vara nunca su plata asalmonada. / Seca y flexible la madera, log
vacaciones trimestrales
Me pasé la mañana en la enfermería de la escuela / contando las campanas de las clases que tocaban a su fin. / A las dos nuestros vecinos me llevaron a casa. / En
verano de 1969
Mientras la policía cubría a la multitud / disparando hacia Falls, yo tan solo / sufría el intimidante sol de Madrid. / Todas las tardes, metido en el horno / de aq
viaje nocturno
Los olores más cotidianos eran nuevos / al cruzar Francia nocturnamente en coche: / la lluvia y el heno y los bosques en el aire / formaban cálidas corrientes en
víctima
I / Solía beber por su cuenta / y alzar un pulgar curtido / hacia la balda más alta, / pidiendo otro ron más / y licor de grosellas sin / tener que alzar la voz, / o una
viendo visiones
I / Inishbofin una mañana de domingo. / Sol, humo de turba, gaviotas, atraques, diésel. / Uno a uno nos fueron ayudando a pasar / a una barca que se hundía y titube
yunque de medianoche
Si bien no estuve allí / cuando Barney Devlin batió / el yunque de medianoche / aun así puedo oírlo: doce golpes / dados por el milenio. / Su sobrino lo oyó / en Edmont
«la puerta estaba abierta y la casa a oscuras»
La puerta estaba abierta y la casa a oscuras, / así que pronuncié su nombre, aunque sabía / que esta vez la respuesta sería el silencio / que me quedé escuchando
«si no hubiera estado despierto»
Si no hubiera estado despierto me lo habría perdido, / un viento que se levantó y arreció hasta que el tejado / parloteó con las rápidas hojas caídas del sicómo