PAIS POEMA

Libros de santos domínguez ramos

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santos domínguez ramos

el alfanje secreto (13)
Recostado en la arena, / el buen Abul Jaqam / te había prometido una noche de amor. / Tras la primera unión se ha quedado dormido / hasta el amanecer. / Y tú has tenido tiempo / de ver en él la imagen de las
el alfanje secreto (4)
Tarde en los alminares rojos de la medina. / Los almuecines ciegos llaman a la oración. / Hazam el cojo sube por las callejas de agua / trémula bajo el sol en las cúpulas de oro. / Tú ves oscurecerse la v
el alfanje secreto (i)
¿A quién pediremos noticias de Córdoba? / Ben Suhaid. / Se ha poblado de mirto el canto de las fuentes / y la paloma corta en dos el aire azul. / Allí está, con sus sombras, la luz de los recuerdos, / la ge
el alfanje secreto (ii)
La plaza de tu sueño es una algarabía / de razas que contemplan el viejo palmeral. / En esa plaza miras fluir el chorro lento / de cada atardecer: / el agua se detiene en acequias con sándalo / y alminares
el alfanje secreto (iii)
No te engañe la tarde serena del oasis / que lentamente afina, desde la alfarería, / la terca estalactita azul de la nostalgia, / las murallas de greda, / la luz arrebatada del desierto infinito, / el cordo
el alfanje secreto (ix)
Igual que una gacela herida por la tarde, / el dolor se refugia en la humedad del huerto. / Las sombras tutelares del vergel cicatrizan / la huella incandescente del león en su piel. / La estirpe de la ag
el alfanje secreto (v)
Desde los arrabales de la Puerta del Vino, / ¿no oís bajar la voz / por los caminos de agua / tibia de las acequias / del buen Abdul Bashur, / el de Guadalajara?
el alfanje secreto (vi)
La hora de la oración en la mezquita de oro. / A mí dadme las tardes serenas de la infancia. / La lentitud del patio, la penumbra del agua / invisible, el naranjo con flores, el mirto, / las columnas de m
el alfanje secreto (viii)
La plaza de los muertos en la medina, el arco / curvo de luz, el borde vegetal de la tarde. / La antigua voz del viento que lame como un perro / la arena innumerable, el crisol de los días, / la desolada
el alfanje secreto (x)
Donde los ballesteros, en la cima secreta / y apical de la tarde, / Israfil, el que anuncia el final de los días, / enciende sus hogueras de sándalo en las torres. / Los esclavos de Nubia sueñan en los za
el alfanje secreto (xi)
Ha quedado en el aire morado de la tarde / un hueco de alabastro y pigmentos de almagre. / Las palomas rasean su vuelo indiferente / sobre el mudo estertor del horizonte estrecho. / Se ha cerrado la noche
el alfanje secreto (xii)
Ya los músicos ciegos, con su salmodia oscura, / cruzan lentos la Puerta del Leproso. El estuco / dudoso de la tarde se enfría en las copas de oro / del salón del visir. / Y por los muladares que muerde u
el alfanje secreto (xiv)
La luz de parasceve, la casa de David. / Con espadas de fuego, los ángeles del sueño / encienden luminarias detrás de la medina. / En las puertas de bronce los eunucos se duermen / escuchando los cuentos
el alfanje secreto (xix)
Un hombre no es un hombre hasta que no ha sentido / en su pecho los negros lebreles del olvido, / la torva geografía del dolor riguroso, / la arquitectura aguda del ajimez desierto, / el alpechín amargo y
el alfanje secreto (xv)
Hasta la alcaicería la madrugada arrastra / por acequias sonoras estrellas con hinojo, / aliagas con espinas y rastros de planetas. / Desde la alberca oscura en donde los cipreses / como ciervos de vidrio
el alfanje secreto (xvi)
Con frialdad mineral de reptil, el alfanje secreto / del tiempo hiere esquinas, higueras y perfiles, / orillas y alamedas y el otoño del bosque. / Traza curvas fluviales de sextante celeste; / deposita en
el alfanje secreto (xvii)
Por los hondos barrancos del dolor se resbala / a pozos del silencio, a la almazara oscura / donde se exprime el fruto agrio del desengaño. / El panorama mudo y herido de la nieve / y un cuchillo de luna,
el alfanje secreto (xx)
Ya vas rindiendo al tiempo su sórdida alcabala: / este rastro de azufre de los hijos del trueno, / este limón salobre que hiere la garganta / y esta luz de atalaya sobre el cielo morado. / Cuando todo pre
el alfanje secreto (xxi)
Con la pasión secreta y erosiva del agua, / el lirio se levanta sobre los albañales, / regala su lunar plenitud de blancura / a la alquimia secreta de los asperjadores / y anuncia la costumbre fluvial de
el alfanje secreto (xxii)
Quien escribió estos versos no tuvo el privilegio / de conocer los días de un futuro imposible: / no percibió la imagen cabal del universo, / no supo de Alighieri, ni de Shakespeare; no estuvo / en las ar
la aljaba del viajero (i)
Aunque entre sus mayores se pudieran tal vez contar / Mutasim mismo y quienes lo vencieron. / Fernando Quiñones / La almendra de la noche en los aljibes hondos / de la memoria. / Volverás a La Zubia / cuando
la aljaba del viajero (ii)
En las encrucijadas de Basora el viajero se adiestra / en el hábito cruel de la renuncia, en curvas / de laberinto o álgebra cifrada de los días. / Vivir es desistir, es ir dejando / en cada paso un fardo
la aljaba del viajero (iii)
Como un leproso oscuro, también tú has escapado / bajo estrellas secretas, por sierras tenebrosas, / por ríos rigurosos y desiertos salados. / Has sufrido el estigma ardiente de los días, / la raíz tubero
la aljaba del viajero (iv)
Los almuédanos ciegos con sus cinco llamadas, / como cinco punzantes aguijones de sombra, / te recuerdan hirientes y certeros los cinco / años de lanzas negras y estandartes de muerte, / de sueños intranq
la aljaba del viajero (ix)
En esta noche de caballos negros / que galopan furiosos y van rompiendo nubes / con el sonido sordo que anuncia las tormentas, / ser, como Ulises, nadie; / y en alta mar sacarle / la hiel al tiburón fogoso
la aljaba del viajero (v)
Los puentes van trazando su leve alegoría / del mundo: / los puentes se atraviesan / mirando el vado oscuro que dibuja en la orilla / la azul caligrafía del recuerdo, / sus pasadizos turbios, la trama del t
la aljaba del viajero (vi)
Si vuelves a Damasco, / viajero, ponte un velo / delante de los ojos, / que el sueño aún no ha pulido / en los muros de adobe / la arista del dolor. / La madrugada, el gallo / de cobre por las cúpulas.
la aljaba del viajero (vii)
Cuando estabas mirando / las naranjas amargas de los huertos de Murcia, / el hijo de Ismaíl, el ciego del mercado / de dátiles de Málaga, / te ha tocado en el hombro para decir -y has visto / en su acento l
la aljaba del viajero (viii)
Como la torre que en la costa aguarda, / cercada de palmeras y arenales, / el improbable ataque berberisco; / como la torre expuesta al oleaje / exacto y riguroso y erosivo / de los días y los soles implaca
la aljaba del viajero (x)
¿Estar en otro sitio…? El viaje verdadero / es aquel que se emprende sabiendo que ya nunca / volveremos al punto de partida, a la exacta / certeza de los puertos que dejamos atrás. / ¿ Lo demás? Excursion
la memoria, ese alcázar (i)
El pasado es arcilla que el presente / labra a su antojo. Interminablemente. / J. L. Borges. / Con letras coloradas dibujas en el yeso / la geometría del verbo fugaz de los cometas, / la compleja gramática
la memoria, ese alcázar (ii)
La hora de los rabeles y los gatos, antiguos / y silentes guardianes de las puertas del templo. / Golpeas con una aldaba la entrada transparente / del tiempo. Igual que un sátrapa poderoso y altivo, / sub
la memoria, ese alcázar (iii)
Los arcángeles tristes de la memoria bajan / hasta los arrabales con hogueras y estanques. / Has sentido su vuelo de niebla por las torres / cuando la luz delgada te clavaba en los ojos / la herida de la
la memoria, ese alcázar (iv)
Como a los lobos negros que por la noche bajan, / envueltos en la sombra, al río para beberse / estrellas y ventiscas, la memoria, ese azogue / opaco y cuarteado, te devuelve al secreto / oasis y a los co
la memoria, ese alcázar (ix)
Un hombre es el paisaje de las ciudades que ama: / Sus callejones lentos, sus fuentes musicales, / sus estanques secretos, sus arduos laberintos, / sus plazas numerosas, sus jardines en sombra / y el difu
la memoria, ese alcázar (v)
Los cristales de plata del laúd de Ziryab / restituyen tu infancia en los palacios de agua. / Con una antorcha subes a los altos alcázares / de la memoria y miras latir a la ciudad: / los alminares negros
la memoria, ese alcázar (vi)
La ciudad de los ojos en tu recuerdo: el hilo / de luz en las callejas, los narradores ciegos / de cuentos, los viejos adivinos, / los camellos que traen maderas aromáticas. / El desertor, las torres, la
la memoria, ese alcázar (vii)
Los ríos del paraíso en las lentas marismas / de Hudaybiya, la médula / insondable del limo. / Con cálamos del Tigris dibujas en el aire / la sedición del tiempo, las torpes abluciones, / el anaquel de aren
la memoria, ese alcázar (viii)
El lugar de la luz en la alcazaba inmóvil / bajo la media luna. / Perdida la memoria, / tener la indiferencia mineral del lagarto, / la madurez cansada de la granada abierta / y, como los profetas, el don d
la orilla del invierno
‘Así tuvo lugar el único viaje’ / F. Brines / I / Surcarás otros mares de amarga geografía. / Volverá con las naves la paloma del sueño, / el velo del ocaso, la túnica del alba fría de los inviernos. / II / Sob
las islas orientales
‘sueño con los serrallos azules de Estambul’ / A. Colinas / I / Detrás de las almenas frágiles de los días, / sólo una patria, Livio, leve al hombre: / evocar las hogueras / en la cima del monte azul de la no
lear bajo la tormenta
“Blow, winds and crack your cheeks” / Shakespeare / Sobrevuelan los buitres mi ceguera de nieve. / Ladran los perros. Anda / despierta la mentira mientras la esquirla afila / su venganza agudísima por mis o
los puertos de la tarde
‘veo llegar cada tarde mis restos a la playa’ / J. Rodríguez Marcos / I / Así como el que cuenta sus denarios, / pesadamente inclina / su esqueleto de plomo en la tarde imprecisa, / así tú vas contando los oc