PAIS POEMA

Libros de salvatore quasimodo

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salvatore quasimodo

árbol
De ti una sombra se desprende / que la mía muerta parece / si al movimiento oscila / o rompe azulinas aguas frescas / a orillas del Ánapo, al que vuelvo esta noche / en que marzo lunar me incitó, / rico ya de
caída entre las flores
Se adivinaba la estación oculta / en la ansiedad de la nocturna lluvia, / en el vaivén celeste de las nubes / como ligeras cunas ondulantes… / Había muerto YO. / Una ciudad suspensa entre los aires / era mi e
carta a la madre
«Mater dulcíssima, ahora se levantan la nubes, / el Navío topa confusamente contra los diques, / los árboles se hinchan de agua, arden de nieve; / no estoy triste en el Norte; no estoy en paz / conmigo mi
ciudad muerta
Inútilmente, ¡oh manos! / removéis bajo el polvo: / la ciudad está muerta. / Sobre el Naviglio / todos oyeron el zumbar siniestro. / El ruiseñor en cuyo arpegio / se anunciaba el tramonto / cayó desde la antena
de 'aguas y tierras'
Antiguo invierno / Deseo de tus manos claras / en la penumbra de la llama: / sabían a roble ya rosas, / a muerte. Antiguo invierno. / Buscaban el mijo los pájaros / y enseguida eran de nieve; / e igual las pala
de 'dar y tener'
Dar y tener / Nada me das, no das nada, / tú que me escuchas. La sangre / de las guerras se ha secado, / el desprecio es un deseo puro / y no provoca un gesto / de un pensamiento humano, / fuera de la hora de l
de 'día tras día'
A mí, peregrino / He aquí que vuelvo a la tranquila plaza: / en tu balcón oscila solitaria / la bandera de fiesta ya pasada. / -Regresa -digo. Mas sólo a la edad / que anhela sortilegios burló el eco / de las
de 'erato y apolo'
Canto de Apolo / Noche terrenal, en tu exiguo fuego / me complací alguna vez / y descendí entre los mortales. / Y vi al hombre / inclinado sobre el regazo de la amada / escuchándose nacer, / y transformarse ent
de 'la vida no es sueño'
Color de lluvia y de hierro / Decías: muerte silencio soledad; / como amor, vida. Palabras / de nuestras provisorias imágenes. / Y el viento se ha alzado leve cada mañana / y el tiempo color de lluvia y de
de 'nuevas poesías'
El alto velero / Cuando vinieron los pájaros a mover las hojas / de los árboles amargos junto a mi casa / (eran ciegos volátiles nocturnos / que horadaban sus nidos en las cortezas), / alcé la frente hacia
de 'oboe sumergido'
Convalecencia / Siento amor convertirse en otra muerte / ignota para mí, pero más lenta, / que a menudo me empuja hacia sus formas. / Abandono de alga: / me busco en los oscuros acordes / de profundos despert
de 'visible, invisible'
La tierra incomparable / Hace tiempo que te debo palabras de amor: / o tal vez sean las que cada día / huyen deprisa apenas pronunciadas / y la memoria las teme, que transforma / los signos inevitables en d
la lluvia
He aquí la lluvia: / los aires callados remece, / y las golondrinas / -gaviotas de mínimos peces- / las aguas oscuras, tranquilas, / rizan en los lagos. / Un olor de heno / satura recintos y campos. / Y el año se
la noche se va
Ha muerto la Noche; la Luna / lentamente en el cielo se esfuma / y se deslíe sobre los canales. / Septiembre aún impera / sobre esta tierra de llanura; / los prados tienen la verdura / de los valles del sur e
ninguno
Tal vez soy un niño: / los muertos le causan pavura. / Sin embargo, a la muerte le clama / soltarlo de toda criatura / -niño, árbol, bestezuela- / de tantas cosas en que pulsan / corazones roídos de tristeza.
refugio
Al borde del tajo / se retuerce un pino / suspenso: curvado / cual una ballesta, / parece escrutar el abismo. / Las aves nocturnas / lo tienen de asilo; / y en horas profundas, / alas que se abaten / conturban el a
y súbito la noche
Hendido por un rayo de sol / todo hombre está solo / sobre el corazón de la tierra; / de pronto, / la noche que cierra.
y tu vestidura es blanca
Tienes la cabeza inclinada y me miras, / y tu vestidura es blanca, / y un seno asoma por el encaje / suelto sobre el hombro izquierdo. / Me rebasa la luz; tiembla / y toca tus brazos desnudos. / Vuelvo a vert