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Libros de salvador espriu

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salvador espriu

a la manera de salvador espriu
Mi viejo precio he de pagar, la muerte, / y hoy se me cansan los ojos de la luz. / Bajados con esfuerzo todos los escalones, / me adentran en dominios de la muerte. / En silencio me elevo rey de la noche /
a la orilla del mar
A la orilla del mar. Tenía / una casa, mi sueño, / a la orilla del mar / Altas proa. Por libres / caminos de agua, la esbelta / barca que yo guiaba. / Conocían los ojos / el reposo y el orden / de una pequeña pat
al alba
Yo no sé qué / fría noche me alejaba / de tu silencio. / Al alba te miré / por última vez. / por las olas amargas. / ¡Que caigan en los abismos / de una muerte sin gracia! / Desde la noche defiendo / la soledad gan
árbol
Yo te soñé, invisible majestad / que planea por la faz de todas las cosas. / Arraigado en el dolor de la ceniza, / un hombre tan sólo, te llevaba, sepulcro, / padre muerto, dentro de mí, en silencio, / y te
cementerio de sinera
Digo adiós a los que quieran / mentirse perdurables / en el torrente. Cosechadas / son ya las flores, y se encalman / recuerdos, miradas, alas, / todo mi mar. Benigno / aire nocturno acerca / claridad de fuente
danza de la muerte
Por el diverso azar / de nuestro tiempo, la lluvia / sutil ha de juntarnos. / En la noche que escucha / arderán lentos cirios, / cera rebelde, ejército / desazonado por el lejano / orden de las serenas / patrias
despedida
¿Quién conoce la grave partida / de hoy o de mañana, / o quién diría todavía / una palabra? / Sólo sonrío y pienso / en destruir el nombre / con el silencio. / B., 1934 – 1951
el jardín de los cinco árboles
Luego, cuando ya me había / causado mucho daño y casi / tan sólo podía sonreír, / escogí las palabras / más sencillas, para decirme / cómo pasó un momentáneo / oro de sol sobre la hiedra / del jardín de los cin
ensayo de cántico en el templo
¡Oh, qué cansado estoy / de mi cobarde, vieja, tan salvaje tierra, / y cómo me gustaría alejarme, / hacia el norte, / en donde dicen que la gente es limpia / y noble, culta, rica, libre, / despierta y feliz! /
es propia de mi mundo una reservada felicidad
Detrás de esta puerta vivo, / pero no sé / si puedo llamarla vida. / Cuando vuelvo, al atardecer, / de mi diario odio contra el pan / (¿no sabías que tengo / la inmensa suerte de venderme / a trozos por una mon
espera
Entonces diré: «Cimas y nubes / y tierras a lo lejos y la lenta / herida del río y el incendio / del cielo, muchos crepúsculos / sobre el desierto y los viejos árboles / amados cual dioses, aún vuelven / para
final del laberinto
Cuando aquellos dedos sensibles / toquen frágiles músicas / y lentamente vacilen / cambiantes luces de cirios, / sal de la fiesta. Mira / cuánta noche, qué extrema / soledad se te lleva, / por la risa, al hombr
frágil espejo
Non so chi sia, ma so ch’ei non è solo. / Purg., 14, 4. / Recordando a B. Rosselló-Pòrcel (5-1-1938) / Alejado en abismos, / donde el rostro me aguarda, / me acerco a verme. / Cuando la sombra penetra / el cris
galope
En tanto cabalgas temor, caminos, / potradas de noche y de voces, solitario / jinete ciego y ventoso, caído de golpe / en la paz, no pensado para siempre jamás.
i beg your pardon
Meditación, con ciertos ripios, en / torno a la teoría atómica, tal como / se la alude en los periódicos. / Cuando el centro del rnundo / no eres exactamente tú / (por más ilusiones que te hagas), / si te des
llama
En círculo, noche, observan / reciente silencio, mármol / en triunfo, apagada / boca rebelde. ¿Qué ritmo / extraño de metales, por árido / reino, te conduce / a un desnudo combate? Presiento / cómo se convierte
lluvia
De ninguna parte llega. ¿Partir? / No existe la mágica palabra que rompa / esta costumbre del ojo, este silencio / sonoro de dardos. La primavera, el lujo / de los años y de la luz, se perdía ahora / en el
los jacintos
Sentir tan sólo, conocer de cada cosa / el nombre sencillo, el simple nombre, caricia / cual la de abril sobre las nuevas hojas, / mientras la luz de lluvia de la tarde / se aleja poco a poco con los jaci
naufragio
¿Adónde huir? Sólo sombra, recuerdo, / oscuro dominio. Ciega y lenta, en triunfo / por calles de agua negra, la noche / ha besado este mármol.
no conviene que digamos el nombre
No conviene que digamos el nombre / de aquel que nos piensa más allá de nuestro miedo, / Si tropezamos a tientas / con este extraño ciego / y nos sentimos observados siempre / por la blanca mirada del ciego
noche
Palidez. Súplicas, / hundido, con ávidos labios / de nieve, más cántico / instantes de abril. Todavía, / en cerco de noche, se debatían / los guerreros, música, púrpura, / frágiles recuerdos de sedas, / en tant
otoño
El viento, los bosques / mueren besando la lenta / luz de la tarde. / Ejércitos de noche llegan / por los caminos solitarios.
poco mas o menos, amor
Estalla tu risa, y miro / cómo crece en la garganta / un vulgar disfraz / de deseos metafísicos. / Ante mí, creerías / que pienso en ti, cuando siento / tan sólo pesadumbre de árboles, / salvajes clamores de su
pontos
En el fondo de los ojos tranquilos del mar / he visto el sueño / caído, roto, del templo / de un dios antiguo. / ¡Ay, frío- mármol del tiempo, mi vida / que pierdo contra el hielo de las palabras! / Sobre la
presa segura
Paso de cazador . / Siento cómo se acerca / por soles de otoño. / Lentamente, de esta / fuente de agua helada / ha bebido. Después / he mirado a lo alto. / Volaban halcones / sobre la certeza / de mi muerte.
psyche
Desnuda, vencida, / por el esplandor del alba, / la viajera / llena de crímenes, inútil / y vacilante vuelo, falena.
rostro
Dolor del sueño, me alzo / cual fuente nocturna, por recibir / tu sed. Medusa, / ojos maternales. Te aniñas / para siempre, paz, al verme / desde recuerdos, nublados / veranos, espejos, navío / serenado por el
sus pies
Cada mañana contemplo / dos pies de vencido dentro / de zapatos que ríen. / Si lo tengo cerca, la ropa / sobre los débiles hombros / refleja mi rostro. / ¡Qué dolor de heridas / de piel y de carne viva, / tanto t