salvador díaz mirón
a bertaYa que eres grata como el cariño / ya que eres bella como el querub, / ya que eres blanca como el armiño, / ¡sé siempre ingenua, sé siempre tú! / El torpe engaño que el vicio fragua / nunca se aviene con la
a blanca¡Tu belleza mirífica no asoma / y en éxtasis escucho tu voz clara, / que llega del jardín cual un aroma, / pero cual un aroma que cantara! / ¡Endulzas con tu acento un mar de acíbar / y en éxtasis escucho t
a déltimaVuelve a mí la odorífera corola / y acoge la oblación de mis gorjeos, / ¡oh tú, la rosa mística, la sola / flor viva del jardín de mis deseos! / Tu esencia, en que mi anhelo se sacia, / es tu cáliz nítido,
a ellaSemejas esculpida en el más fino / hielo de cumbre sonrojado al beso / del sol, y tienes ánimo travieso, / y eres embriagadora como el vino. / Y mientras: no imitaste al peregrino / que cruza un monte de pe
a glóriaNo intentes convencerme de torpeza / con los delirios de tu mente loca: / mi razón es al par luz y firmeza, / firmeza y luz como el cristal de roca. / Semejante al nocturno peregrino, / mi esperanza inmorta
a m...¿Detenerme? ¿Cejar? ¡Vana congoja! / La cabeza no manda al corazón. / Prohibe al aquilón que alce la hoja, / no a la hoja que ceda al aquilón! / ¡Cuando el torrente por los campos halla / de pronto un dique
a margarita¡Qué radiosa es tu faz blanca y tranquila / bajo el dosel de tu melena blonda! / ¡Qué abismo tan profundo tu pupila, / pérfida y azulada como la onda! / El fulgor soñoliento que destella / en tus ojos donde
a piedadLlegas a mí con garbo presumido, / tierna y gentil. ¡Cuán vario es el orgullo! / Ostenta en el león crin y rugido, / y en la paloma tornasol y arrullo. / Brillas y triunfas, y a carnal deseo / cierras la ve
a tiPortas al cuello la gentil nobleza / del heráldico lirio; y en la mano / el puro corte del cincel pagano; / y en los ojos abismos de belleza. / Hay en tus rasgos acritud y alteza, / orgullo encrudecido en u
a una damaBailas por antojo que al mancebo engríe; / y «escotada» luces dos hechizos fuera, / y en el rubio monte de tu cabellera / una flor de grana bruscamente ríe. / ¡Pasas, huyes, tornas y el placer deslíe / fósf
al separarnosNuestras dos almas se han confundido / en la existencia de un ser común, / como dos notas en un sonido, / como dos llamas en una luz. / Fueron esencias que alzó un exceso, / que alzó un exceso de juventud, /
canción medioeval¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada, / que caída en torrente barre las losas, / y que volando incita las mariposas, / porque así luce aspecto de llamarada! / Linajuda Regina que, por taimada, / finges
cintas de solI / La joven madre perdió a su hijo, / se ha vuelto loca y está en su lecho. / Eleva un brazo, descubre un pecho, / suma las líneas de un enredijo. / El dedo en alto y el ojo fijo, / cuenta las curvas que orn
cleopatraLa vi tendida de espaldas / entre púrpura revuelta. / Estaba toda desnuda, / aspirando humo de esencias / en largo tubo, escarchado / de diamantes y de perlas. / Sobre la siniestra mano / apoyada la cabeza; / y c
con qué dolor, y válgame ser franco¡Con qué dolor, y válgame ser franco, / trazo los versos que a mi lado impetras! / Esta cuartilla de papel en blanco / me parece una lápida sin letras. / Tristísimo recuerdo me acongoja / y pienso, visionar
confidenciasUna flor por el suelo, / un cielo de hojas empapado en lloro / y encima de ese cielo, el otro cielo / lleno de luna y de brillantes y oro… / Un arroyo que el aura acariciaba; / un banco… sobre el banco / así,
consonanciasA M…* / Tu traición justifica mi falsía / aunque lo niegues con tu voz de arrullo; / mi amor era muy grande, pero había / algo más grande que mi amor, mi orgullo. / Calla, pues. Ocultemos nuestro duelo, / la
copo de nievePara endulzar un poco tus desvíos / fijas en mí tu angelical mirada / y hundes tus dedos pálidos y fríos / en mi oscura melena alborotada. / ¡Pero en vano, mujer! No me consuelas. / Estamos separados por un
dedicatoriaCuanto en mí vierte luz y armonía / ha nacido a tus besos de miel; / yo soy bardo y tribuno, alma mía, / porque tú eres aliento y laurel. / Si he lanzado una piedra a los cielos, / si fui cruel, no me guard
dentro de una esmeraldaJunto al plátano sueltas, en congoja / de doncella insegura, el broche al sayo. / La fuente ríe, y en el borde gayo / atisbo el tumbo de la veste floja. / Y allá, por cima de tus crenchas, hoja / que de vid
deseosYo quisiera salvar esa distancia / ese abismo fatal que nos divide, / y embriagarme de amor con la fragancia / mística y pura que tu ser despide. / Yo quisiera ser uno de los lazos / con que decoras tus rad
despedida al pianoTristes los ojos, pálido el semblante, / de opaca luz al resplandor incierto, / una joven con paso vacilante / su sombra traza en el salón incierto. / Se sienta al piano: su mirada grave / fija en el lago d
el arroyoNo descansas jamás… y alegre y puro, / murmurador y manso, / corriendo vas sobre tu cauce duro… / ¡Yo también como tú corro y murmuro, / yo también como tú jamás descanso! / ¡Yo camino al vaivén de mis dolo
en el álbum de la señorita ana markoeEspléndida rosa de mágico prado / que entreabre sus hojas al sol del amor, / eso eres, Anita. Yo soy, a tu lado, / la espina en la rosa, la nube en el sol. / Dejé mis riberas, mi nido de palma, / colgado de
en el álbum de la señorita luz landero¡Tus trovas dejan profundos rastros… / Son arroyuelos y ruiseñores: / aves que trinan entre los astros / y ondas que cantan entre las flores! / ¡Nada conozco que inspire tanto / como tus versos blondos y su
en el álbum de matilde¡Si yo tuviera aliento como el águila / que se remonta a la región azul, / me elevaría a la mansión espléndida / donde se sienta el Padre de la luz! / Y postrado a sus pies como los ángeles / que bendicen s
en un álbumDicen que el nauta que frecuenta el hielo / del yermo boreal, venciendo el frío, / recibe a veces de ignorado cielo / una olorosa ráfaga de estío. / ¡Qué beso el de tal hálito de paso! / ¡Qué fruición! ¡Qué
engarceEl misterio nocturno era divino. / Eudora estaba como nunca bella, / y tenía en los ojos la centella, / la luz de un gozo conquistado al vino. / De alto balcón apostrofóme a tino; / y rostro al cielo depart
epístolaA Déltima * / Me hallo solo y estoy triste. / Tu viaje -que no maldigo / porque tú lo decidiste-, / me hundió en la sombra. ¡Partiste, / y la luz se fue contigo! / ¡Somos, en este momento / en que el afán nos c
estrofas variasA ti la de radiante y angélica hermosura, / la rubia de ojos negros que lleva el traje azul, / la del lunar lascivo junto a la boca pura, / mujer hecha de aroma, música y de luz. / * * * / Voz que adoras me
idilio (fragmentos)A tres leguas de un puerto bullente / que a desbordes y grescas anima, / y al que un tiempo la gloria y el clima / adornan de palmas la frente, / hay un agrio breñal, y en la cima / de un alcor un casucho a
infeliz el cónyuge, ¡ay del que se fíe!Infeliz el cónyuge, ¡ay del que se fíe / de joven hermosa, dulce y hechicera / en brazos de un mozo que apriete y porfíe! / Ella dulcemente mueve la cadera, / y él no mira cosa que la contraríe, / y en los
la canción del pajeTan abierta de brazos como de piernas, / tocas el arpa y ludes madera y oro. / Dejo al mueble la plaza por el decoro / y contemplo caricias a hurgarme tiernas. / A tu ardor me figuras y subalternas / en la
la cita¡Adiós, amigo, adiós! ¡El sol se esconde, / la luna sale de la nube rota, / y Eva me aguarda en el estanque, donde / el cisne nada y el nelombo flota! / Voy a estrechar a la mujer que adoro. / ¡Cuál me fasc
la estrella mensajeraAl fin te asomas entre las nubes, / al fin te asomas y a verte voy… / Estrella mía que a oriente subes / ¿qué tal te ha ido de ayer a hoy? / Toda la tarde lloviendo estuvo, / toda la tarde, para mi mal, / por
la gigantaII / ¡Cuáles piernas! Dos columnas de capricho, bien labradas, / que de púas amarillas resplandecen espinosas, / en un pórfido que finge la vergüenza de las rosas, / por estar desnudo a trechos ante
la nube¿Qué te acongoja mientras que sube / del horizonte del mar la nube, / negro capuz? / Tendrán por ella frescura el cielo, / pureza el aire. verdor el suelo, / matiz la luna. / No tiembles. Deja que el viento a
los pariasAllá en el claro, cerca del monte / bajo una higuera como un dosel, / hubo una choza donde habitaba / una familia que ya no es. / El padre, muerto; la madre, muerta; / los cuatro niños muertos también: / él,
marcha fúnebreMi corazón percibe, sueña y presume. / Y como envuelta en oro tejido en gasa, / la tristeza de Verdi suspira y pasa / en la cadencia fina como un perfume. / Y frío de alta zona hiela y entume; / y luz de so
místicaSi en tus jardines, cuando yo muera, / cuando yo muera, brota una flor; / si en un celaje ves un lucero, / ves un lucero que nadie vio; / y llega una ave que te murmura, / que te murmura con dulce voz, / abri
mudanzaAyer, el cielo azul, la mar en calma / y el sol ignipotente y cremesino, / y muchas ilusiones en mi alma / y flores por doquier en mi camino. / Mi vida toda júbilos y encantos, / mi pecho rebosando de purez
música de schubertCrin que al aire te vuela, rizada y bruna, / parece a mis ahogos humo en fogata; / y del arpa desprendes la serenata / divinamente triste, como la luna. / Y del celo ardoroso despides una / fragancia de res
noxNoy hay almíbar ni aroma / como tu charla… / ¿Qué pastilla olorosa / y azucarada / disolverá en tu boca / su miel y su ámbar, / cuando conmigo a solas / ¡oh virgen! hablas? / La fiesta de tu boda / será mañana. / A l
ojos verdesOjos que nunca me veis, / por recelo o por decoro, / ojos de esmeralda y oro, / fuerza es que me contempléis; / quiero que me consoléis / hermosos ojos que adoro; / ¡estoy triste y os imploro / puesta en tierra
paquitoCubierto de jiras, / al ábrego hirsutas / al par que las mechas / crecidas y rubias, / el pobre chiquillo / se postra en la tumba, / y en voz de sollozos / revienta y murmura: / «Mamá, soy Paquito; / no haré traves
pepillaComo viste ropaje tan leve / me da pesadumbres, / pues él filtra y enseña vislumbres / de la carne de rosa y de nieve. / ¡Y qué andar! La mocita se mueve / con garbo de chula. / Viene y va, y en la marcha mod
rimasAl ver mi honda aflicción por tus desvíos, / fijas en mi tu angelical mirada / y hundes tus dedos pálidos y fríos / en mi oscura melena alborotada. / ¡Pero en vano, mujer! No me consuelas. / Estamos separad
vigilia y sueñoLa moza lucha con el mancebo / -su prometido y hermoso efebo- / y vence a costa de un traje nuevo. / Y huye sin mancha ni deterioro / en la pureza y en el decoro, / y es un gran lirio de nieve y oro. / Y entr
¿por qué?Cuando a mis ojos tristes la alegre mariposa, / como una flor errante discurre en el vergel, / ¿por qué se me figura que es tu alma caprichosa / que flota en la mañana y va de rosa en rosa / bebiendo hast