PAIS POEMA

Libros de saint-john perse

Autores

saint-john perse

el libro
Y qué queja entonces en boca del lar, una noche / de largas lluvias en marcha hacia la ciudad, removía / en tu corazón el oscuro nacimiento del lenguaje: / “…De un luminoso exilio -y más lejano ya que l
el muro
El lienzo de muro está enfrente, para conjurar el círculo de tu sueño. / Pero la imagen lanza su grito. / La cabeza contra una oreja del sillón grasiento, exploras tus dientes / con tu lengua: el sabor
exilio
Puertas abiertas sobre las arenas, puertas abiertas sobre el exilio, / Las llaves a las gentes del faro, y el astro enrodado vivo sobre la piedra del umbral: / Huésped mío, déjame tu casa de vidrio en
imágenes para crusoe
1. Las campanas / Anciano de manos desnudas / repuesto entre los hombres, ¡Crusoe! / llorabas, imagino, cuando desde las torres de la / Abadía, como un flujo, se derramaba el sollozo de / las campanas sobre
la ciudad
La pizarra cubre sus techos, o bien la teja en que vegetan los musgos. / Su aliento se vierte por el tiro de las chimeneas. / ¡Grasas! / ¡Olor de los hombres urgidos, como de un soso matadero!, / ¡agrios
lluvias
I / El baniano de la lluvia echa sus raíces sobre / la Ciudad. / Un polipero apresurado sube a sus bodas de coral en toda esa leche de agua viva, / Y la idea desnuda como un reciario peina en los jardines
mares
Estrechos son los bajeles / I. …Estrechos son los bajeles, estrecho nuestro lecho. / Inmensa la extensión de las aguas, más vasto nuestro imperio / En las cerradas estancias del deseo. / Entra el Verano,
nieves
Y luego cayeron las nieves, las primeras nieves de la ausencia, sobre los grandes anchos tejidos por el sueño y por lo real; y remitida toda pena a los hombres memoriosos, hubo una frescura de tel
para celebrar una infancia
¡Palmeras…! / Entonces te bañaban en el agua de hojas verdes; / y era también el agua verde sol, y las sirvientas de tu madre, / altas mozas lucientes, meneaban sus cálidas piernas cerca de tu temblor… /
y vosotros, mares
I / Y vosotros, Mares, que leíais en más vastos sueños, ¿nos abandonaréis una noche a los rostros de la Ciudad, entre la piedra pública y los pámpanos de bronce? / Más grande, oh muchedumbre, es nuest