PAIS POEMA

Libros de rubén darío

Autores

rubén darío

a colón
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, / tu india virgen y hermosa de sangre cálida, / la perla de tus sueños, es una histérica / de convulsivos nervios y frente pálida. / Un desastroso espirítu posee
a francisca
Ajena al dolo y al sentir artero, / llena de la ilusión que da la fe, / lazarillo de Dios en mi sendero, / Francisca Sánchez, acompáñame… / En mi pensar de duelo y de martirio / casi inconsciente me pusiste
a goya
Poderoso visionario, / raro ingenio temerario, / por ti enciendo mi incensario. / Por ti, cuya gran paleta, / caprichosa, brusca, inquieta, / debe amar todo poeta; / por tus lóbregas visiones, / tus blancas irr
a juan ramón jiménez
¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza / para empezar, valiente, la divina pelea? / ¿Has visto si resiste el metal de tu idea / la furia del mandoble y el peso de la maza? / ¿Te sientes con la sangre de l
a los poetas risueños
Anacreonte, padre de la sana alegría; / Ovidio, sacerdote de la ciencia amorosa; / Quevedo, en cuyo cáliz licor jovial rebosa; / Banville, insigne orfeo de la sacra Harmonía, / y con vosotros toda la grey
a maestre gonzalo de berceo
Amo tu delicioso alejandrino / como el de Hugo, espíritu de España; / éste vale una copa de champaña / como aquél vale «un vaso de bon vino». / Mas a uno y otro pájaro divino / la primitiva cárcel es extrañ
a margarita debayle
Margarita está linda la mar, / y el viento, / lleva esencia sutil de azahar; / yo siento / en el alma una alondra cantar; / tu acento: / Margarita, te voy a contar / un cuento: / Esto era un rey que tenía / un pala
a mi madre
Soñé que me hallaba un día / en lo profundo del mar: / sobre el coral que allí había / y las perlas, relucía / una tumba singular. / Acerqueme cauteloso / a aquel lugar del dolor / y leí: «Yace en reposo / aquel
a phocás, el campesino
Phocás el campesino, hijo mío, que tienes / en apenas escasos meses de vida, tantos / dolores en tus ojos que esperan tantos llantos / por el fatal pensar que revelan tus sienes… / Tarda a venir a este do
a roosevelt
¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, / que habría que llegar hasta ti, Cazador! / Primitivo y moderno, sencillo y complicado, / con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. / Eres los Estad
a un poeta
Nada más triste que un titán que llora, / Hombre-montaña encadenado a un lirio, / Que gime fuerte, que pujante implora: / Víctima propia en su fatal martirio. / Hércules loco que a los pies de Onfalia / La
abrojos
Lloraba en mis brazos vestida de negro, / se oía el latido de su corazón, / cubríanle el cuello los rizos castaños / y toda temblaba de miedo y de amor. / ¿Quién tuvo la culpa? La noche callada. / Ya iba a
abrojos – iv
Puso el poeta en sus versos / todas las perlas del mar, / todo el oro de las minas, / todo el marfil oriental; / los diamantes de Golconda, / los tesoros de Bagdad, / los joyeles y preseas / de los cofres de un
acuarela
Primavera. Ya las azucenas floridas y llenas de miel han abierto sus cálices pálidos bajo el oro del sol. Ya los gorriones tornasolados, esos amantes acariciadores, adulan a las rosas frescas, esa
agencia
¿Qué hay de nuevo?… Tiembla la Tierra. / En La Haya incuba la guerra. / Los reyes han terror profundo. / Huele a podrido en todo el mundo. / No hay aromas en Galaad. / Desembarcó el marqués de Sade / proceden
al rey óscar
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega / la paloma de plata de Suecia y de Noruega, / que trae en vez de olivo una rosa de fuego. / Un búcaro latino, un noble vaso griego / recibirá el regalo del p
alaba los ojos negros de julia
¿Eva era rubia? No. Con negros ojos / vio la manzana del jardín: con labios / rojos probó su miel; con labios rojos / que saben hoy más ciencia que los sabios. / Venus tuvo el azur en sus pupilas / pero su
allá lejos
– XL – / Allá lejos / Buey que vi en mi niñez echando vaho un día / bajo el nicaragüense sol de encendidos oros, / en la hacienda fecunda, plena de armonía / del trópico; paloma de los bosques sonoros /
alma blanca, más blanca que el lirio…
Alma blanca, más blanca que el lirio / frente blanca, más blanca que el cirio / que ilumina el altar del Señor: / ya serás por hermosa encendida, / ya será sonrosada y herida / por el rayo de la luz del amo
alma mía
Alma mía, perdura en tu idea divina; / todo está bajo el signo de un destino supremo; / sigue en tu rumbo, sigue hasta el ocaso extremo / por el camino que hacia la Esfinge te encamina. / Corta la flor al
ama tu ritmo
Ama tu ritmo y ritma tus acciones / bajo su ley, así como tus versos; / eres un universo de universos / y tu alma una fuente de canciones. / La celeste unidad que presupones / hará brotar en ti mundos diver
ama tu ritmo y ritma tus acciones
Ama tu ritmo y ritma tus acciones / bajo su ley, así como tus versos; / eres un universo de universos / y tu alma una fuente de canciones. / La celeste unidad que presupones / hará brotar en ti mundos diver
amo, amas
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo / el ser y con la tierra y con el cielo, / con lo claro del sol y lo oscuro del lodo; / amar por toda ciencia y amar por todo anhelo. / Y cuando la montaña de la v
anagké
Y dijo la paloma: / Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo, / En el árbol en flor, junto a la poma / Llena de miel, junto al retoño suave / Y húmedo por las gotas de rocío, / Tengo mi hogar. Y vuelo / Con mis an
año nuevo
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria / y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, / sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria, / San Silvestre. / Más hermoso q
antes de todo, ¡gloria a ti, leda!
– IV – / Antes de todo, ¡gloria a ti, Leda! / tu dulce vientre cubrió de seda / el Dios. ¡Miel y oro sobre la brisa! / Sonaban alternativamente / flauta y cristales, Pan y la fuente. / ¡Tierra era canto, Ciel
augurios
– XXIV – / Augurios / Hoy pasó un águila / sobre mi cabeza, / lleva en sus alas / la tormenta, / lleva en sus garras / el rayo que deslumbra y aterra. / ¡Oh, águila! / Dame la fortaleza / de sentirme en el lodo human
autumnal
En las pálidas tardes / yerran nubes tranquilas / en el azul; en las ardientes manos / se posan las cabezas pensativas. / ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! / ¡Ah las tristezas íntimas! / ¡Ah el polvo d
ay, triste del que un día
– XXII – / Ay, triste del que un día… / Ay, triste del que un día en su esfinge interior / pone los ojos e interroga. Está perdido. / Ay del que pide eurekas al placer o al dolor. / Dos dioses hay, y son: I
balada en honor de las musas de carne y hueso
A Gregorio Martínez Sierra / Nada mejor para cantar la vida, / y aún para dar sonrisas a la muerte, / que la áurea copa en donde Venus vierte / la esencia azul de su viña encendida. / Por respirar los perfu
blasón
El olímpico cisne de nieve / con el ágata rosa del pico / lustra el ala eucarística y breve / que abre al sol como un casto abanico. / En la forma de un brazo de lira / y del asa de un ánfora griega / en su c
bota, bota, bella niña
Bota, bota, bella niña, / ese precioso collar / en que brillan los diamantes / como el líquido cristal / de las perlas del rocío matinal. / Del bolsillo de aquel sátiro / salió el oro y salió el mal. / Bota, bo
bouquet
Un poeta egregio del país de Francia, / que con versos áureos alabó el amor, / formó un ramo armónico, lleno de elegancia, / en su Sinfonía en Blanco Mayor. / Yo por ti formara, Blanca deliciosa, / el regal
campoamor
Éste del cabello cano, / como la piel del armiño, / juntó su candor de niño / con su experiencia de anciano; / cuando se tiene en la mano / un libro de tal varón, / abeja es cada expresión / que, volando del pa
canción
Amor tu ventana enflora / y tu amante esta mañana / preludia por ti una diana / en la lira de la Aurora. / Desnuda sale la bella, / y del cabello el tesoro / pone una nube de oro / en la desnudez de estrella; / y
canción de carnaval
Musa, la máscara apresta, / ensaya un aire jovial / y goza y ríe en la fiesta / del Carnaval. / Ríe en la danza que gira, / muestra la pierna rosada, / y suene, como una lira, / tu carcajada. / Para volar más lig
canción de otoño en primavera
Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar, no lloro… / y a veces lloro sin querer… / Plural ha sido la celeste / historia de mi corazón. / Era una dulce niña, en este / mundo
canto de esperanza
– X – / Canto de esperanza / Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste. / Un soplo milenario trae amagos de peste. / Se asesinan los hombres en el extremo Este. / ¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo
canto de la sangre
Sangre de Abel. Clarín de las batallas. / Luchas fraternales; estruendos, horrores; / flotan las banderas, hieren las metrallas, / y visten la púrpura los emperadores. / Sangre del Cristo. El órga
cantos de vida y esperanza
1. Yo soy aquel que ayer no más decía… / Yo soy aquél que ayer no más decía / el verso azul y la canción profana, / en cuya noche un ruiseñor había / que era alondra de luz por la mañana. / El dueño fui de
caracol
En la playa he encontrado un caracol de oro / macizo y recamado de las perlas más finas; / Europa le ha tocado con sus manos divinas / cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro. / He llevado a mis labi
caso
A un cruzado caballero, / garrido y noble garzón, / en el palenque guerrero / le clavaron un acero / tan cerca del corazón, / que el físico al contemplarle, / tras verle y examinarle, / dijo: «Quedará sin vida /
catulle mendés
Puede ajustarse al pecho coraza férrea y dura; / puede regir la lanza, la rienda del corcel; / sus músculos de atleta soportan la armadura… / pero el busca en las bocas rosadas leche y miel. / Artista, hi
caupolicán
Es algo formidable que vio la vieja raza: / robusto tronco de árbol al hombro de un campeón / salvaje y aguerrido, cuya fornida maza / blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón. / Por casco sus
charitas
A Vicente de Paúl, nuestro Rey Cristo / con dulce lengua dice: / -Hijo mío, tus labios / dignos son de imprimirse / en la herida que el ciego / en mi costado abrió. Tu amor sublime / tiene sublime premio: asc
cleopompo y heliodemo
Cleopompo y Heliodemo, cuya filosofía / es idéntica, gustan dialogar bajo el verde / palio del platanar. Allí Cleopompo muerde / la manzana epicúrea y Heliodemo fía / al aire su confianza en la eterna arm
coloquio de los centauros
En la isla en que detiene su esquife el argonauta / del inmortal Ensueño, donde la eterna pauta / de las eternas liras se escucha ?isla de oro / en que el tritón elige su caracol sonoro / y la sirena blan
cómo decía usted, amigo mío
¿Cómo decía usted, amigo mío? / ¿Qué el amor es un río? No es extraño. / Es ciertamente un río / que, uniéndose al confluente del desvío, / va a perderse en el mar del desengaño.
copla esparça
¡La gata blanca! En el lecho / maya, se encorva, se extiende. / Un rojo rubí se enciende / sobre los globos del pecho. / Los desatados cabellos / la divina espalda aroman. / Bajo la camisa asoman / dos cisnes d
cosas del cid
Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa, / una hazaña del Cid, fresca como una rosa, / pura como una perla. No se oyen en la hazaña / resonar en el viento las trompetas de España, / ni el azorado
cuando llegues a amar
Cuando llegues a amar, si no has amado, / sabrás que en este mundo / es el dolor más grande y más profundo / ser a un tiempo feliz y desgraciado. / Corolario: el amor es un abismo / de luz y sombra, poesía
cyrano en españa
– V – / Cyrano en España / He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa / de un salto el Pirineo. Cyrano está en su casa. / ¿No es en España, acaso, la sangre vino y fuego? / Al gran gascón saluda y abraza el gr
de invierno
En invernales horas, mirad a Carolina. / Medio apelotonada, descansa en el sillón, / envuelta con su abrigo de marta cibelina / y no lejos del fuego que brilla en el salón. / El fino angora blanco junto a
de otoño
Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora / con aquella locura armoniosa de antaño? / Ésos no ven la obra profunda de la hora, / la labor del minuto y el prodigio del año. / Yo, pobre árbol, pr
del campo
¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires / quedaron allá lejos el fuego y el hervor; / hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida, / respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol. / Muy buenos días, h
del trópico
Qué alegre y fresca la mañanita! / Me agarra el aire por la nariz: / los perros ladran, un chico grita / y una muchacha gorda y bonita, / junto a una piedra, muele maíz. / Un mozo trae por un sendero / sus he
dezir
Reina Venus, soberana / capitana / de deseos y pasiones, / en la tempestad humana / por ti mana / sangre de los corazones. / Una copa me dio el sino / y en ella bebí tu vino / y me embriagué de dolor, / pues me hiz
día de dolor
¡Día de dolor, / aquel en que vuela para siempre el ángel / del primer amor!
dice mía
Mi pobre alma pálida / era una crisálida. / Luego, mariposa / de color de rosa. / Un céfiro inquieto / dijo mi secreto… / ?¿Has sabido tu secreto un día? / ¡Oh Mía! / Tu secreto es una / melodía de un rayo de luna…
dichoso el árbol que es apenas sensitivo…
– XLI – / Lo fatal / Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida cons
divagación
¿Vienes? Me llega aquí, pues que suspiras, / un soplo de las mágicas fragancias / que hicieran los delirios de las liras / en las Grecias, las Romas y las Francias. / ¡Suspira así! Revuelan las abejas; / al
divagaciones
Mis ojos espantos han visto, / tal ha sido mi triste suerte; / cual la de mi Señor Jesucristo, / mi alma está triste hasta la muerte. / Hombre malvado y hombre listo / en mi enemigo se convierte; / cual la de
divina psiquis
– XIII – / ¡Divina Psiquis, dulce Mariposa invisible / que desde los abismos has venido a ser todo / lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible / forma la chispa sacra de la estatua de lodo! / Te aso
dream
Se desgrana un cristal fino / sobre el sueño de una flor; / trina el poeta divino… / ¡Bien trinado, Ruiseñor! / Bottom oye ese cristal / caer, y bajo la brisa / se siente sentimental. / Titania toda es sonrisa.
el ala del cuervo
I / ¡Ea! apretad esas cinchas / y apercibid los overos; / y que ya tasquen los potros / el bocado de los frenos. / Preparad las jabalinas, / poned traílla a los perros; / sonad las trompas de caza / y azores llev
el canto errante
El cantor va por todo el mundo / sonriente o meditabundo. / El cantor va sobre la tierra / en blanca paz o en roja guerra. / Sobre el lomo del elefante / por la enorme India alucinante. / En palanquín y en se
el cisne
Fue una hora divina para el género humano. / El Cisne antes cantaba sólo para morir. / Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano / fue en medio de una aurora, fue para revivir. / Sobre las tempestades
el faisán
Dijo sus secretos el faisán de oro: / En el gabinete mi blanco tesoro, / de sus claras risas el divino coro, / las bellas figuras de los gobelinos, / los cristales llenos de aromados vinos, / las rosas fran
el país del sol
Junto al negro palacio del rey de la isla de Hierro ?(¡Oh, cruel, horrible, destierro!)? ¿Cómo es que / tú, hermana armoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable ca
el poeta pregunta por stella
Lirio divino, lirio de las Anunciaciones; / lirio, florido príncipe, / hermano perfumado de las estrellas castas, / joya de los abriles. / A ti las blancas dianas de los parques ducales; / los cuellos de lo
el reino interior
Una selva suntuosa / en el azul celeste su rudo perfil calca. / Un camino. La tierra es de color de rosa, / cual la que pinta fra Domenico Cavalca / en sus Vidas de santos. Se ven extrañas flores / de la fl
el soneto de trece versos
¡De una juvenil inocencia / qué conservar sino el sutil / perfume, esencia de su Abril, / la más maravillosa esencia! / Por lamentar a mi conciencia / quedó de un sonoro marfil / un cuento que fue de las Mil /
el verso sutil que pasa o se posa
El verso sutil que pasa o se posa / sobre la mujer o sobre la rosa, / beso puede ser, o ser mariposa. / En la fresca flor el verso sutil; / el triunfo de Amor en el mes de abril: / Amor, verso y flor, la ni
elogio de la seguidilla
Metro mágico y rico que al alma expresas / llameantes alegrías, penas arcanas, / desde en los suaves labios de las princesas / hasta en las bocas rojas de las gitanas. / Las almas harmoniosas buscan tu en
en el kiosco bien oliente
En el kiosco bien oliente / besé tanto a mi odalisca / en los ojos, en la frente, / y en la boca y las mejillas, / que los besos que la he dado / devolverme no podría / ni con todos los que guarda / la avarient
en el país de las alegorías
En el país de las Alegorías / Salomé siempre danza, / ante el tiarado Herodes, / eternamente, / Y la cabeza de Juan el Bautista, / ante quien tiemblan los leones, / cae al hachazo. Sangre llueve. / Pues la rosa
en la muerte de rafael núñez
– II – / En la muerte de Rafael Núñez / El pensador llegó a la barca negra; / y le vieron hundirse / en las brumas del lago del Misterio, / los ojos de los Cisnes. / Su manto de poeta / reconocieron los ilustre
en la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría…
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. / En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. / En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, / como incrustado en ébano un dorado y div
epístola
I / Madame Lugones, J’ai commencé ces vers / en écoutant la voix d’un carillon d’Anvers… / ¡Así empecé, en francés, pensando en Rodenbach / cuando hice hacia el Brasil una fuga… de Bach! / En Río de Janeiro
epitalamio bárbaro
El alba aún no aparece en su gloria de oro. / Canta el mar con la música de sus ninfas en coro / y el aliento del campo se va cuajando en bruma. / Teje la náyade el encaje de su espuma / y el bosque inici
era un aire suave de pausados giros
Era un aire suave de pausados giros; / el hada Harmonía, ritmaba sus vuelos, / e iban frases vagas y tenues suspiros / entre los sollozos y los violoncelos. / Sobre la terraza, junto a los ramajes, / dirías
era un aire suave…
Era un aire suave, de pausados giros; / el hada Harmonía ritmaba sus vuelos; / e iban frases vagas y tenues suspiros / entre los sollozos de los violoncelos. / Sobre la terraza, junto a los ramajes, / diría
es algo formidable que vio la vieja raza
Es algo formidable que vio la vieja raza: / robusto tronco de árbol al hombro de un campeón / salvaje y aguerrido, cuya fornida maza / blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón. / Por casco sus
españa
Dejad que siga y bogue la galera / bajo la tempestad, sobre las olas: / va con rumbo a una Atlántida española, / en donde el porvenir calla y espera. / No se apague el rencor ni el odio muera / ante el pend
estival
I / La tigre de Bengala / con su lustrosa piel manchada a trechos, / está alegre y gentil, está de gala. / Salta de los repechos / de un ribazo, al tupido / carrizal de un bambú; luego a la roca / que se yergue
filosofía
Saluda al sol, araña, no seas rencorosa. / Da tus gracias a Dios, ¡oh, sapo!, pues que eres. / El peludo cangrejo tiene espinas de rosa / y los moluscos reminiscencias de mujeres. / Sabed ser lo que sois,
franca, cristalina
Franca, cristalina, / alma sororal, / entre la neblina / de mi dolor y de mi mal! / Alma pura, / alma franca, / alma obscura / y tan blanca… / Sé conmigo / un amigo, / sé lo que debes ser, / lo que Dios te propuso, / la
francisca, sé suave
Francisca, sé suave, / es tu dulce deber; / sé para mí un ave / que fuera una mujer. / Francisca, sé una flor / y mi vida perfuma, / hecha toda de amor / y de dolor y espuma. / Francisca, sé un ungüento / como
friso
Cabe una fresca viña de Corinto / que verde techo presta al simulacro / del Dios viril, que artífice de Atenas / en intacto pentélico labrara, / un día alegre, al deslumbrar el mundo / la harmonía del carro
gaita galaica
Gaita galaica, sabes cantar / lo que profundo y dulce nos es. / Dices de amor, y dices después / de un amargor como el de la mar. / Canta. Es el tiempo. Haremos danzar / al fino verso de rítmicos pies. / Ya n
gaita galaica, sabes cantar…
Gaita galaica, sabes cantar / lo que profundo y dulce nos es. / Dices de amor, y dices después / de un amargor como el de la mar. / Canta. Es el tiempo. Haremos danzar / al fino verso rítmicos pies. / Ya nos
garconniere
Cómo era el instante, dígalo la musa / que las dichas trae, que las penas lleva: / la tristeza pasa, velada y confusa; / la alegría, rosas y azahares nieva. / Era en un amable nido de soltero, / de risas y
helios
– XII – / Helios / ¡Oh ruido divino!, / ¡oh ruido sonoro! / Lanzó la alondra matinal el trino / y sobre ese preludio cristalino, / los caballos de oro / de que el Hiperionida / lleva la rienda asida, / al trotar fo
hemos de ser justos, hemos de ser buenos…
Hemos de ser justos, hemos de ser buenos, / Hemos de embriagarnos de paz y amor, / Y llevar el alma siempre a flor de labios / Y desnudo y limpio nuestro corazón. / Hemos de olvidarnos de todos los odios,
heraldos
¡Helena! / La anuncia el blancor de un cisne. / ¡Makheda! / La anuncia un pavo real. / ¡Ifigenia, Electra, Catalina! / Anúncialas un caballero con un hacha. / ¡Ruth, Lía, Enone! / Anúncialas un paje con un liri
ibis
Cuidadoso estoy siempre ante el Ibis de Ovidio, / enigma humano tan ponzoñoso y suave / Que casi no pretende su condición de ave / cuando se ha conquistado sus terrores de ofidio.
invernal
Noche. Este viento vagabundo lleva / las alas entumidas / y heladas. El gran Andes / yergue al inmenso azul su blanca cima. / La nieve cae en copos, / sus rosas transparentes cristaliza; / en la ciudad, los d
ite, missa est
A Reynaldo de Rafael / Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa, / virgen como la nieve y honda como la mar; / su espíritu es la hostia de mi amorosa misa, / y alzo al son de una dulce lira crepuscular
j.j. palma
Ya de un corintio templo cincela una metopa, / ya de un morisco alcázar el capitel sutil, / ya, como Benvenuto, del oro de una copa / forma un joyel artístico, prodigio del buril. / Pinta las dulces Graci
joven, te ofrezco el don de esta copa de plata
Joven, te ofrezco el don de esta copa de plata / para que un día puedas colmar la sed ardiente, / la sed que con su fuego más que la muerte mata. / Mas debes abrevarte tan sólo en una fuente, / otra agua
la anciana
Pues la anciana me dijo: mira esta rosa seca / que encantó el aparato de su estación un día: / el tiempo que los muros altísimos derrueca / no privará este libro de su sabiduría. / En esos secos pétalos h
la cabeza del rawí
I / ¿Cuentos quieres, niña bella? / Tengo muchos que contar: / de una sirena de mar, / de un ruiseñor y una estrella, / de una cándida doncella / que robó un encantador, / de un gallardo trovador / y de una odali
la calumnia
Puede una gota de lodo / sobre un diamante caer; / puede también de este modo / su fulgor oscurecer; / pero aunque el diamante todo / se encuentre de fango lleno, / el valor que lo hace bueno / no perderá ni un
la cartuja
Este vetusto monasterio ha visto, / secos de orar y pálidos de ayuno, / con el breviario y con el Santo Cristo, / a los callados hijos de San Bruno. / A los que en su existencia solitaria / con la locura de
la copa de las hadas
¿Fue en las islas de las rosas, / en el país de los sueños, / en donde hay niños risueños / y enjambre de mariposas? / Quizá. / En sus grutas doradas, / con sus diademas de oro, / allí estaban, como un coro / de
la dea
Alberto, en el propíleo del templo soberano / donde Renán rezaba, Verlaine cantado hubiera. / Primavera una rosa de amor tiene en la mano / y cerca de la joven y dulce Primavera. / Término su sonrisa de p
la dulzura del ángelus
– III – / La dulzura del ángelus / La dulzura del ángelus matinal y divino / que diluyen ingenuas campanas provinciales / en un aire inocente a fuerza de rosales, / de plegaria, de ensueño de virgen y de tr
la dulzura del ángelus matinal y divino
La dulzura del ángelus matinal y divino / que diluyen ingenuas campanas provinciales / en un aire inocente a fuerza de rosales, / de plegaria, de ensueño de virgen y de trino / de ruiseñor, opuesto todo a
la espiga
Mira el signo sutil que los dedos del viento / hacen al agitar el tallo que se inclina / y se alza en una rítmica virtud de movimiento. / Con el áureo pincel de la flor de la harina / trazan sobre la tela
la fe
En medio del abismo de la duda / lleno de oscuridad, de sombra vana / hay una estrella que reflejos mana / sublime, sí, mas silenciosa, muda. / Ella, con su fulgor divino, escuda, / alienta y guía a la conc
la gitanilla
Maravillosamente danzaba. Los diamantes / negros de sus pupilas vertían su destello; / era bello su rostro, era un rostro tan bello / como el de las gitanas de Miguel Cervantes. / Ornábase con rojos clave
la hoja de oro
En el verde laurel que decora la frente / que besaron los sueños y pulieron las horas, / una hoja suscita como la luz naciente / en que entreabren sus ojos de fuego las auroras; / o las solares pompas, o
la página blanca
Mis ojos miraban en hora de ensueños / la página blanca. / Y vino el desfile de ensueños y sombras. / ¡Y fueron mujeres de rostros de estatua, / mujeres de rostros de estatua de mármol, / tan tristes, tan d
la princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?…
La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color. / La princesa está pálida en su silla de oro, / está mud
la rosa niña
Cristal, oro y rosa. Alba en Palestina. / Salen los tres reyes de adorar al rey, / flor de infancia llena de una luz divina / que humaniza y dora la mula y el buey. / Baltasar medita, mirando la estrella /
lay
¿Qué pude yo hacer / para merecer / la ofrenda de ardor / de aquella mujer / a quien, como Ester, / maceró el Amor? / Intenso licor, / perfume y color / me hicieron sentir / su boca de flor; / dile el alma por / tan du
leconte de lisle
De las eternas musas el reino soberano / recorres bajo un soplo de eterna inspiración, / como un rajah soberbio que en su elefante indiano / por sus dominios pasa de rudo viento al son. / Tú tienes en tu
leda
El cisne en la sombra parece de nieve; / su pico es de ámbar, del alba al trasluz; / el suave crepúsculo que pasa tan breve / las cándidas alas sonrosa de luz. / Y luego en las ondas del lago azulado, / des
letanía de nuestro señor don quijote
Rey de los hidalgos, señor de los tristes, / que de fuerza alientas y de ensueños vistes, / coronado de áureo yelmo de ilusión; / que nadie ha podido vencer todavía, / por la adarga al brazo, toda fantasí
lo fatal
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente. / Ser y no
loor
¿A qué comparar la pura / arquitectura / de tu cuerpo? ¿A una sutil / torre de oro y marfil? / ¿O de Abril / a la loggia florecida? / Luz y vida / iluminan lo interior, / y el amor / tiene su antorcha encendida. / Qu
los cisnes
¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello / al paso de los tristes y errantes soñadores? / ¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello, / tiránico a las aguas e impasible a las flores? / Y
los motivos del lobo
El varón que tiene corazón de lis, / alma de querube, lengua celestial, / el mínimo y dulce Francisco de Asís, / está con un rudo y torvo animal, / bestia temerosa, de sangre y de robo, / las fauces de furi
los tres reyes magos
-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso. / Vengo a decir: La vida es pura y bella. / Existe Dios. El amor es inmenso. / ¡Todo lo sé por la divina Estrella! / -Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. / Existe D
madrigal exaltado
¡Dies irae, dies illa! / ¡Solvet seclum in favilla / cuando quema esa pupila! / La tierra se vuelve loca, / el cielo a la tierra invoca / cuando sonríe esa boca. / Tiemblan los lirios tempranos / y los árboles
marcha triunfal
¡Ya viene el cortejo! / ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines, / la espada se anuncia con vivo reflejo; / ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines. / Ya pasa debajo los arcos orn
margarita
¿Recuerdas que querías ser una Margarita / Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, / cuando cenamos juntos, en la primera cita, / en una noche alegre que nunca volverá. / Tus labios escarlatas d
margarita, está linda la mar…
Margarita, está linda la mar, / y el viento / lleva esencia sutil de azahar; / yo siento / en el alma una alondra cantar; / tu acento. / Margarita, te voy a contar / un cuento. / Este era un rey que tenía / un pala
marina
Mar armonioso. / mar maravilloso, / tu salada fragancia, / tus colores y músicas sonoras / me dan la sensación divina de mi infancia / en que suaves las horas / venían en un paso de danza reposada / a dejarme u
melancolía
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. / Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. / Voy bajo tempestades y tormentas / ciego de sueño y loco de armonía. / Ése es mi mal. Soñar. La poesía / es
mía
Mía: así te llamas. / ¿Qué más harmonía? / Mía: luz del día; / mía: rosas, llamas. / ¡Qué aroma derramas / en el alma mía / si sé que me amas! / ¡Oh Mía! ¡Oh Mía! / Tu sexo fundiste / con mi sexo fuerte, / fundiendo
mía: así te llamas…
Mía: así te llamas. / ¿Qué más harmonía? / Mía: luz del día, / Mía: rosas, llamas. / ¡Qué aroma derramas / en el alma mía / si sé que me amas, / ¡oh Mía!, ¡oh Mía! / Tu sexo fundiste / con mi sexo fuerte, / fundiendo
mientras tenéis, ¡oh negros corazones!
– XI – / Mientras tenéis, ¡oh negros corazones!, / conciliábulos de odio y de miseria, / el órgano de amor niega sus sones. / Cantad, oíd: «La vida es dulce y seria». / Para ti, pensador meditabundo, / pálido
naturaleza muerta
He visto ayer por una ventana un tiesto lleno de lilas y de rosas pálidas, sobre un trípode. Por fondo tenía uno de esos cortinajes amarillos y opulentos, que hacen pensar en los mantos de los prí
no obstante
– IX – / ¡Oh, terremoto mental! / Yo sentí un día en mi cráneo / como el caer subitáneo / de una Babel de cristal. / De Pascal miré el abismo, / y vi lo que pudo ver / cuando sintió Baudelaire / «el ala del idiot
nocturno
Los que auscultasteis el corazón de la noche, / los que por el insomnio tenaz habéis oído / el cerrar de una puerta, el resonar de un coche / lejano, un eco vago, un ligero ruido… / En los instantes del s
nocturno (quiero expresar mi angustia)
Quiero expresar mi angustia en versos que abolida / dirán mi juventud de rosas y de ensueños, / y la desfloración amarga de mi vida / por un vasto dolor y cuidados pequeños. / Y el viaje a un vago Oriente
nocturno (silencio de la noche, doloroso silencio)
Silencio de la noche, doloroso silencio / nocturno… ¿Por qué el alma tiembla de tal manera? / Oigo el zumbido de mi sangre, / dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta. / ¡Insomnio! No poder dormir, y,
ofrenda
Bandera que aprisiona / el aliento de Abril, / corona / tu torre de marfil / Cual princesa encantada, / eres mimada por / un hada / de rosado color. / Las rosas que tú pises / tu boca han de envidiar; / los lises / tu
otro dezir
Ponte el traje azul que más / conviene a tu rubio encanto. / Luego, Mía, te pondrás / otro, color de amaranto, / y el que rima con tus ojos / y aquel de reflejos rojos / que a tu blancor sienta tanto. / En el o
palabras de la satiresa
Un día oí una risa bajo la fronda espesa, / vi frotar de lo verde dos manzanas lozanas; / erectos senos eran las lozanas manzanas / del busto que bruñía de sol la Satiresa: / Era un Satiresa de mis fiesta
palabras liminares
Después de Azul… después de Los Raros, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea ?todo bella cosecha?, solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fruc
palabras liminares de “prosas profanas”
Después de Azul… después de Los raros, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea -todo bella cosecha- solicitaron lo que, en conciencia, no h
palimpsesto
Escrita en viejo dialecto eolio / hallé esta página dentro un infolio / y entre los libros de un monasterio / del venerable San Agustín. / Un fraile acaso puso el escolio / que allí se encuentra; dómine ser
para la misma
Miré al sentarme a la mesa, / bañado en la luz del día / el retrato de María, / la cubana japonesa. / El aire acaricia y besa, / como un amante lo haría, / la orgullosa bizarría / de la cabellera espesa. / Diera
para una cubana
Poesía dulce y mística / busca a la blanca cubana / que se asomó a la ventana / como una visión artística. / Misteriosa y cabalística, / puede dar celos a Diana, / con su faz de porcelana / de una blancura euca
pasa y olvida
Peregrino que vas buscando en vano / un camino mejor que tu camino, / ¿cómo quieres que yo te dé la mano, / si mi signo es tu signo, Peregrino? / No llegarás jamás a tu destino; / llevas la muerte en ti com
pegaso
– VII – / Pegaso / Cuando iba yo a montar ese caballo rudo / y tembloroso, dije: «La vida es pura y bella». / Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella. / El cielo estaba azul y yo estaba desnudo. / Sobre
pensamiento de otoño
Huye el año a su término / Como arroyo que pasa, / Llevando del poniente / Luz fugitiva y pálida. / Y así como el del pájaro / Que triste tiende el ala, / El vuelo del recuerdo / Que al espacio se lanza / Languid
pequeño poema infantil las hadas
Las hadas, las bellas hadas, / existen, mi dulce niña, / Juana de Arco las vio aladas, / en la campiña. / Las vio al dejar el mirab, / ha largo tiempo, Mahoma. / Más chica que una paloma, / Shakespeare vio a la
poema de otoño
Tú que estás la barba en la mano / meditabundo, / ¿has dejado pasar, hermano, / la flor del mundo? / Te lamentas de los ayeres / con quejas vanas: / ¡aún hay promesas de placeres / en los mañanas! / Aún puedes ca
poema del otoño
Tú, que estás la barba en la mano / meditabundo, / ¿has dejado pasar, hermano, / la flor del mundo? / Te lamentas de los ayeres / con quejas vanas: / ¡aún hay promesas de placeres / en los mañanas! / Aún puedes c
por doquiera donde vaya…
Por doquiera donde vaya, / el recuerdo irá conmigo, / Del corazón de Masaya, / Tan hidalgo y tan amigo. / Son retorno y despedida / Juntos en este momento; / Más de Masaya florida / El nombre de mi pensamiento /
por el influjo de la primavera
Por el influjo de la primavera / Sobre el jarrón de cristal / hay flores nuevas. Anoche / hubo una lluvia de besos. / Despertó un fauno bicorne / tras un alma sensitiva. / Dieron su olor muchas flores. / En la
por un momento, ¡oh cisne!, juntaré mis anhelos
– III – / Por un momento, ¡oh Cisne!, juntaré mis anhelos / a los de tus dos alas que abrazaron a Leda, / y a mi maduro ensueño, aún vestido de seda, / dirás, por los Dioscuros, la gloria de los cielos. / E
pórtico
Libre la frente que el casco rehúsa, / casi desnuda en la gloria del día, / alza su tirso de rosas la musa / bajo el gran sol de la eterna Harmonía. / Es Floreal, eres tú, Primavera, / quien la sandalia cal
preludio
Hay un tropel de potros sobre la pampa inmensa. / ¿Es Pan que se incorpora? No: es un hombre que piensa, / es un hombre que tiene una lira en la mano: / él viene del azul, del sol, del Océano. / Trae ence
primaveral
Mes de rosas. Van mis rimas / en ronda, a la vasta selva, / a recoger miel y aromas / en las flores entreabiertas. / Amada, ven. El gran bosque / es nuestro templo; allí ondea / y flota un santo perfume / de am
programa matinal
¡Claras horas de la mañana / en que mil clarines de oro / dicen la divina diana! / ¡Salve al celeste Sol sonoro! / En la angustia de la ignorancia / de lo porvenir, saludemos / la barca llena de fragancia / que
propósito primaveral
A saludar me ofrezco y a celebrar me obligo / tu triunfo, Amor, al beso de la estación que llega / mientras el blanco cisne del lago azul navega / en el mágico parque de mis triunfos testigo. / Amor, tu h
que el amor no admite cuerdas reflexiones
Señora, Amor es violento, / y cuando nos transfigura / nos enciende el pensamiento / la locura. / No pidas paz a mis brazos / que a los tuyos tienen presos: / son de guerra mis abrazos / y son de incendio mis b
recreaciones arqueológicas
Escrita en viejo dialecto eolio / hallé esta página dentro un infolío / y entre los libros de un monasterio / del venerable San Agustín. / Un fraile acaso puso el escolio / que allí se encuentra; dómine ser
responso
Padre y maestro mágico, liróforo celeste / que al instrumento olímpico y a la siringa agreste / diste tu acento encantador; / ¡Panida! ¡Pan tú mismo, que coros condujiste / hacia el propíleo sacro que ama
responso a verlaine
Padre y maestro mágico, liróforo celeste / que al instrumento olímpico y a la siringa agreste / diste tu acento encantador; / ¡Panida! Pan tú mismo, con coros condujiste / hacia el propíleo sacro que amab
retorno
El retorno a la tierra natal ha sido tan / sentimental, y tan mental, y tan divino, / que aún las gotas del alba cristalinas están / en el jazmín de ensueño, de fragancia y de trino. / Por el Anfión antig
retratos
Don Gil, Don Juan, Don Lope, Don Carlos, Don Rodrigo, / ¿cúya es esta cabeza soberbia? ¿Esa faz fuerte? / ¿Esos ojos de jaspe? ¿Esa barba de trigo? / Este fue un caballero que persiguió a la Muerte / Cien
rimas x
En tus ojos un misterio; / en tus labios un enigma. / Y yo fijo en tus miradas / y extasiado en tus sonrisas.
rimas xi
Voy a confiarte, amada, / uno de los secretos / que más me martirizan. Es el caso / que a las veces mi ceño / tiene en un punto un mismo / de cólera y esplín los fruncimientos. / O callo como un mudo, / o charl
rimas xii
¿Que no hay alma? ¡Insensatos! / Yo la he visto: es de luz… / (Se asoma a tus pupilas / cuando me miras tú.) / ¿Que no hay cielo? ¡Mentira! / ¿Queréis verle? Aquí está. / (Muestra, niña gentil, / ese rostro sin
rimas xiv
El ave azul del sueño / sobre mi frente pasa: / tengo en mi corazón la primavera / y en mi cerebro el alba. / Amo la luz, el pico de la tórtola, / la rosa y la campánula, / el labio de la virgen / y el cuello d
rimas xv
Un castillo de blancas azucenas / donde una mano leve / coloque entre armonías y rumores / rocío transparente; / un rayo misterioso de la luna / empapada en el éter; / un eco de las arpas que resuenan / y el co
salutación a leonardo
– VI – / Salutación a Leonardo / Maestro, Pomona levanta su cesto. Tu estirpe / saluda la Aurora. ¡Tu aurora! Que extirpe / de la indiferencia la mancha; que gaste / la dura cadena de siglos; que aplaste / al
salutación del optimista
– II – / Salutación del optimista / Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, / espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve! / Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos / le
señora, amor es violento…
Señora, Amor es violento, / y cuando nos transfigura / nos enciende el pensamiento / la locura. / No pidas paz a mis brazos / que a los tuyos tienen presos: / son de guerra mis abrazos / y son de incendio mis b
sinfonía en gris mayor
El mar como un vasto cristal azogado / refleja la lámina de un cielo de zinc; / lejanas bandadas de pájaros manchan / el fondo bruñido de pálido gris. / El sol como un vidrio redondo y opaco / con paso de e
sobre el diván
Sobre el diván dejé la mandolina / y fui a besar la boca purpurina, / la boca de mi hermosa Florentina. / Y es ella dulce y rosa y muerde y besa; / y es una boca rosa, fresa; / y Amor no ha visto boca como
sonatina
La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color. / La princesa está pálida en su silla de oro, / está mud
soneto
Este gran don Ramón de las barbas de chivo, / cuya sonrisa es la flor de su figura, / parece un viejo dios, altanero y esquivo, / que se animase en la frialdad de su escultura. / El cobre de sus ojos por
soneto al marqués de bradomín
Marqués (como el Divino lo eres), te saludo. / Es el otoño y vengo de un Versalles doliente. / Había mucho frío y erraba vulgar gente. / El chorro de agua de Verlaine estaba mudo. / Me quedé pensativo ant
soneto autumnal al marqués de bradomín
– XXXI – / Soneto autumnal al Marqués de Bradomín / Marqués (como el Divino lo eres), te saludo. / Es el otoño y vengo de un Versalles doliente. / Había mucho frío y erraba vulgar gente. / El chorro de agua
spes
Jesús, incomparable perdonador de injurias, / óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno / pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno, / una gracia lustral de iras y lujurias. / Dime que este espa
syrinx / dafne
¡Dafne, divina Dafne! Buscar quiero la leve / caña que corresponda a tus labios esquivos; / haré de ella mi flauta e inventaré motivos / que extasiarán de amor a los cisnes de nieve. / Al canto mío el tie
tarde del trópico
Es la tarde gris y triste. / Viste el mar de terciopelo / y el cielo profundo viste / de duelo. / Del abismo se levanta / la queja amarga y sonora / La onda, cuando el viento canta, / llora, / Los violines de la
tardes del trópico
– IV – / Tardes del trópico / Es la tarde gris y triste. / Viste el mar de terciopelo / y el cielo profundo viste / de duelo. / Del abismo se levanta / la queja amarga y sonora. / La onda, cuando el viento canta,
thanatos
En medio del camino de la Vida… / dijo Dante. Su verso se convierte: / En medio del camino de la Muerte. / Y no hay que aborrecer a la ignorada / emperatriz y reina de la Nada. / Por ella nuestra tela esta
trébol
– VII – / Trébol / 1 / De don Luis de Góngora y Argote / a don Diego de Silva y Velázquez / Mientras el brillo de tu gloria augura / ser en la eternidad sol sin poniente, / fénix de viva luz, fénix ardiente, / di
triste, muy tristemente
Un día estaba yo triste, muy tristemente / viendo cómo caía el agua de una fuente. / Era la noche dulce y argentina. Lloraba / la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba / la noche. Y el crepúsculo en su sua
triste, tristemente
Un día estaba yo triste, muy tristemente / viendo cómo caía el agua de una fuente; / era la noche dulce y argentina. Lloraba / la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba / la noche. Y el crepúsculo en su sua
tú eres mío, tú eres mía
Niña hermosa que me humillas / con tus ojos grandes, bellos: / son para ellos, son para ellos / estas suaves redondillas. / Son dos soles, son dos llamas, / son la luz del claro día; / son su fuego, niña mía,
tú y yo
I / Yo vi un ave / que süave / sus cantares / entonó / y voló… / Y a lo lejos, / los reflejos / de la luna en alta cumbre / que, argentando las espumas / bañaba de luz sus plumas / de tisú… / ¡y eras tú! / Y vi un alm
un retrato de watteau
Estáis en los misterios de un tocador. Estáis viendo ese brazo de ninfa, esas manos diminutas que empolvan el haz de rizos rubios de la cabellera espléndida. La araña de luces opacas derrama la la
un soneto a cervantes
Horas de pesadumbre y de tristeza / paso en mi soledad. Pero Cervantes / es buen amigo. Endulza mis instantes / ásperos, y reposa mi cabeza. / Él es la vida y la naturaleza, / regala un yelmo de oros y diam
una votiva
Sobre el caro despojo esta urna cincelo: / un amable frescor de inmortal siempreviva / que decore la greca de la urna votiva / en la copa que guarda rocío del cielo; / una alondra fugaz sorprendida en su
urna votiva
– XXXIII – / Urna votiva / Sobre el caro despojo esta urna cincelo: / un amable frescor de inmortal siempreviva / que decore la greca de la urna votiva / en la copa que guarda rocío del cielo; / una alondra f
venus
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. / En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. / En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, / como incrustado en ébano un dorado y div
vesperal
Ha pasado la siesta / y la hora del Poniente se avecina, / y hay ya frescor en esta / costa que el sol del Trópico calcina. / Hay un suave alentar de aura marina / y el Occidente finge una floresta / que una
vii trébol
I / De D. Luis de Góngora y Argote a D. Diego de Silva Velázquez / Mientras el brillo de tu gloria augura / ser en la eternidad sol sin poniente, / fénix de viva luz, fénix ardiente, / diamante parangón de
voy a confiarte, amada
Voy a confiarte, amada, / uno de los secretos / que más me martirizan. Es el caso / que a las veces mi ceño / tiene en un punto mismo / de cólera y esplín los fruncimientos. / O callo como un mudo, / o charlo c
walt whitman
En su país de hierro vive el gran viejo, / bello como un patriarca, sereno y santo. / Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo / algo que impera y vence con noble encanto. / Su alma del infinito parece
xl allá lejos
Buey que vi en mi niñez echando vaho un día / bajo el nicaragüense sol de encendidos oros, / en la hacienda fecunda, plena de la armonía / del trópico; paloma de los bosques sonoros / del viento, de
xxvi ¡aleluya!
Rosas rosadas y blancas, ramas verdes, / corolas frescas y frescos / ramos, Alegría! / Nidos en los tibios árboles, / huevos en los tibios nidos, / dulzura, Alegría! / El beso de esa muchacha / rubia, y el de e
yo persigo una forma
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, / botón de pensamiento que busca ser la rosa; / se anuncia con un beso que en mis labios se posa / el abrazo imposible de la Venus de Milo. / Adornan verde
yo persigo una forma que no encuentro mi estilo…
Yo persigo una forma que no encuentro mi estilo, / botón de pensamiento que busca ser la rosa; / se anuncia con un beso que en mis labios se posa / al abrazo imposible de la Venus de Milo. / Adornan verde
yo soy aquel que ayer no más decía
– I – / Yo soy aquel que ayer no más decía / el verso azul y la canción profana, / en cuya noche un ruiseñor había / que era alondra de luz por la mañana. / El dueño fui de mi jardín de sueño, / lleno de rosa
¡aleluya!
– XXVI – / ¡Aleluya! / Rosas rosadas y blancas, ramas verdes, / corolas frescas y frescos / ramos, ¡Alegría! / Nidos en los tibios árboles, / huevos en los tibios nidos, / dulzura. ¡Alegría! / El beso de esa much
¡carne, celeste carne de la mujer!
¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla / -dijo Hugo-, ambrosía más bien, ¡oh maravilla!, / la vida se soporta, / tan doliente y tan corta, / solamente por eso: / roce, mordisco o beso / en ese pan divino /
¡oh mi adorada niña!
¡Oh mi adorada niña! / Te diré la verdad: / tus ojos me parecen / brasas tras un cristal; / tus rizos, negro luto, / y tu boca sin par, / la ensangrentada huella / del filo de un puñal.
¡oh, miseria de toda lucha por lo finito!
¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito! / Es como el ala de la mariposa / nuestro brazo que deja el pensamiento escrito. / Nuestra infancia vale la rosa, / el relámpago nuestro mirar, / y el ritmo que en
¡oh, terremoto mental!
¡Oh, terremoto mental! / Yo sentí un día en mi cráneo / como el caer subitáneo / de una Babel de cristal. / De Pascal miré el abismo, / y vi lo que pudo ver / cuando sintió Baudelaire / el ala del idiotismo. / Ha
¡qué alegre y fresca la mañanita!…
¡Qué alegre y fresca la mañanita! / Me agarra el aire por la nariz: / los perros ladran, un chico grita / y una muchacha gorda y bonita, / junto a una piedra, muele maíz. / Un mozo trae por un sendero / sus h
¡torres de dios! ¡poetas!
– IX – / ¡Torres de Dios! ¡Poetas! / ¡Pararrayos celestes, / que resistís las duras tempestades, / como crestas escuetas, / como picos agrestes, / rompeolas de las eternidades! / La mágica esperanza anuncia un
¿que por qué así? no es muy dulce
¿Que por qué así? No es muy dulce / la palabra, lo confieso. / Mas, de esa extraña amargura / la explicación está en esto: / después de llorar mis lágrimas / ásperas como el ajenjo, / me alborotó el corazón / l
¿tienes, joven amigo, ceñida la coraza…
¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza / para empezar, valiente, la divina pelea? / ¿Has visto si resiste el metal de tu idea / la furia del mandoble y el peso de la maza? / ¿Te sientes con la sangre de l