rosana acquaroni
como en los cuentos de duendes zapaterosComo en los cuentos de duendes zapateros / ella / lo hace por mí. / Ella, / la que desclava mis palabras, / hace el trabajo sucio / para luego / comerse mis perdices.
como una balsa ardiendoComo una balsa ardiendo / en el centro del agua, / una bañera terca rebosa lentamente / en mitad de la noche. / La tibieza del agua desatada, / liba la flor de las mareas / acarrea cigüeñas / y tortura con
el mar contiene al mundoNo nos deja olvidar / pues cada ola / es un recordatorio / bramando / nuestra muerte / hacia la orilla.
el niño amaestradoMiraba sus piececitos tapiados / como tallados litorales. / Huir de la tiranía de sus pasos / le haría bien. / Palabras / Descalzándose / Sin tiempo.
en alas del aireAprendo a concederme la hermosura del aire / entre lo humano. / Las páginas oscuras del secreto rosal / adelantan los labios. / Entiende amor, / que llamarán a tu puerta de muy lejos, / En alas del aire llama
en el fondo el olvidoComo un cuadro que ha sido / descolgado a destiempo / y deja una marca gris en la pared vacía, / mi cuerpo se desprende / más allá del olvido, / ocupa su lugar. / Lejos del paraíso, / donde ya no es posible / enm
en esa noche pabloEn esa noche Pablo / besó aquel cuerpo muerto muchas veces, / acarició sus muslos, / los labios deshojados, / la ternura del sexo impracticable. / El vientre entumecido, / la gangrena incipiente apenas florec
has visto a cada hombreHas visto a cada hombre / arrastrar hasta los vertederos / la neblina inmemorial de los banquetes, / a las mujeres arañando basuras / y a los perros / de húmedos hocicos / encima de las niñas.
hay ventanas que pueden habitarseHay ventanas que pueden habitarse / como se habita una ciudad, durante años. / Hay escenas que encienden una vida / y vidas / que encienden una muerte mientras duran. / Tan sólo fue un instante. / Después / aqu
he llegado al inicioHe llegado al inicio, / como quien se extravía / bajo la rotación laberíntica / de un bosque sin raíces. / Y doy vueltas / Y vueltas / sobre mi propia herida / tras la única gasa / que macera el silencio y su dre
huida hacia el amorCrecí nativa de laureles abiertos / y figuras de sombra. / Aún ahora, / tras las verjas de nadie me levanto. / No imagináis mis manos de silencio, / mi ronco corazón de sombra ante el salvaje / jardín de mans
la misma incertidumbreLa misma incertidumbre / con la que un día preciso / que ya fuiste acordando sin saberlo, / comienza a desprenderse / la leve gasa que ocultara / la trama de tu herida, / una herida reciente que late sin habl
las palabras desmienten la existencia del tiempoY tú me habías llamado aquella tarde, / a la hora de las piscinas, / cuando cualquier palabra se convierte / en una profanación. / Y habrías preferido / una merienda llena de veranos / (a la hora de la mastur
máquina temerariaMáquina temeraria. / Yo soy la que comienza a no existir. / Mientras ella / se preña / se atraganta / con mis escritos de la tarde. / Desordena / quiebra / despedaza / se adueña / sabe / que yo la escucho desde dentro.
me he quedado pensandoMe he quedado pensando / que de pronto una despedida / puede ser un comienzo. / Y he abierto mis manos / y he pensado besarte cuando ya estés dormido / inaugurar el campanario de los besos / dibujar un pañuel
niño sin sombraPara Andrés Romero, cuando sea mayor / Niño sin sombra, Andrés, / desmigada sonrisa, / cuerpo de junco tierno todavía. / Que la vida te lleve por caminos agrestes / no por sendas baldías. / Que un pájaro de a
sabríamos recordar cada trozo de mundoSabríamos recordar cada trozo de mundo, / cada tropiezo vivido / si al abrir la mirada / recobráramos de nuevo / la luz de cada instante, / pues toda inmolación deja su propio surco, / su propia oscuridad, / y
tiempo de opacidadTiempo de opacidad, / de desencuentro. / Hay mujeres que lloran / tras los escaparates de los supermercados, / golpeando las lunas de las lamentaciones, / en las monumentales góndolas / de los productos lácte
tú no estarásTú no estarás. Ya no. / En la última tarde tu mirada tenía / un dolor a jardines descuidados, / una luz huidiza y astillada, / un caminar de hombre con mirada de trapo, / y un corazón tartamudo. / Llevabas un
y es ahora y no nuncaY es ahora y no nunca / precisamente siempre, / cuando el náufrago desciende sin memoria / preguntando preguntándose / refrescando el olvido / de esa herida reciente / que no sangra ni alumbra. / Manantiales de
yo soy la que os escribeYo soy la que os escribe. / Mi luz es un antílope que pace / entre las ruinas del misterio. / El espino que sangra, / el surco desde dentro / que nunca cicatriza. / El manantial sonoro / que se expande en el su