PAIS POEMA

Libros de rosa lentini

Autores

rosa lentini

ahora que la noche me susurra
Ahora que la noche me susurra que la noche me susurra que ella y el agua son una misma / presencia, ahora que la voz del agua vuelve y nos invade, ahora que en esa religión del agua / he olvidado habl
cuenta el bosque
Corteza de árbol el vestido de novia, / fantasma blanco de resina. / Los días nacen de las noches, / no entre pliegues de luz, / una colina es sólo fango endurecido, / el nacimiento una lejana estrella, / y e
desnudos, asomados
Desnudos, asomados / a un pasaje colmado de pinturas, / donde, vueltos de espaldas, / las figuras parecen mirar / hacia el interior de cada cuadro / las nubes, un tronco, unas piedras. / Olvidadas de sí, sus
el camino a casa
«Dentro no hay distancia ??dice una voz??, / aquí abajo, pulso a pulso, / se sucede el bombeo del alimento. / Ese instante antes del comienzo / en el que aún todo es posible. / El caos tranquilo y uno, / cabe
el daño
Del cordón umbilical de las preguntas / sólo tira hacia afuera lo que quema, / una apuesta sostenida, / un color remoto y dócil que se fue. / Perdimos incluso el rastro de la rabia / en mundos insomnes. / La
en horas insomnes como rocas
En horas insomnes como rocas / veo tu frente herida por el aire, / tu espalda que el aire descubre y explora, / tu boca entreabriéndose y tus manos huecas / oreadas en la densidad de la noche. / Te escucho
la parte teórica
Luego llegaron los carros / de otros desheredados / que se dirigían a nosotros / como si tuvieran la única respuesta, / como si fuera suya la última pregunta: / «¿Es ésta la frontera?» / y yo les contesté / «¿E
la rosa de hielo
La rosa esculpe / sus violentos colores en el frío, / y no es sino quimera de la rosa / en la nieve, rosa de invierno, / agua helada, blanco en lo blanco, / ofreciéndose . / La rosa crepita en la llama, / y en
leyendo a alejandra pizarnik
I / Sólo un nombre se murmuraba Alejandra a sí misma en 1956, el año en que yo fui concebida. Cuarenta años más tarde leo el nombre en minúscula «alejandra», en boca de quien poseyó la muerte como l
lo que dice la arena
Miradas al trasluz tus manos hojas, / sombra enlazada a sombras, / puro hechizo de voces deslizadas. / Lanzaderas, lanzaderas, / edades que van y vienen en sus conchas. / Tu cuerpo fue rama o voz, / resina fl
los dos sueños
Un haz frente a la costa / y un fuego que arde en el espejo, / ambos guardan los recuerdos: / el primero enturbia el viento que encrespa / al mar contra las calles nocturnas, / región de plegarias susurrada
si yo fuera alejandra la fugaz
Si yo fuera Alejandra la fugaz, / de bellos ojos enquistados en la fiebre, / ojos que dibujan su forma, / cansados de leer palabras / que nombran y hacen / sombras sin carne, / sabiendo que se trata de eso, / d
todo se dio en el pulso
Todo se dio en el pulso, / en un forcejeo celoso, / medianoche de agujeros de odio / que ahogan tus dedos de alga, / niños compitiendo como faros; / sin embargo hubiera sido fácil / en esta insaciabilidad / el
tsunami (i)
Espera, espacio al que nacemos, / codicia de las aguas previniéndonos, / obligados a imitar las ciudades / que erigen muros de contención / y puentes cruzando esos muros / aún después de largos años de calm
tsunami (ii)
El tsunami, despliegue de dudas, / las casas, las personas, / los animales y las aceras, / vacío en el rastro / de la doble ola en las arenas, / leías. / Lugar, suspiro del agua, / de urgencia y desolación / el p
voces
Primero te vi al final del túnel, a ti, a quien el polvo rebasa. Con lenguas de fuego / lames nuestros deseos, eres el alimento que palpita sobre un tronco hueco y sin nidos, / la llamada que en ampli