PAIS POEMA

Libros de rosa chacel

Autores

rosa chacel

a la orilla de un pozo (2)
A Rafael Alberti / Cuando la mar esté bajo tu almohada / ¡Alegría de turbas infantiles! / ¡Triunfo de los egregios, varoniles / pámpanos que estremece la alborada! / Frutos dará la náyade dorada / que llamea
antinoo
Tu nariz pensativa sostiene la balanza de tus hombros, / tan breve el balanceo quedaron en el fiel diestra y siniestra. / Dentro está el péndulo / dispuesto a señalar con su parada el perfecto equilibri
apolo
Habitante de los anchos portales / donde el laurel de la sombra oculta el arpa de la araña, / donde las losas académicas, / donde las arcas y las llaves mudas, / donde el papel caído / recubre el polvo de f
ausencia
Cuarenta metros cúbicos de soledad, el cuarto. / El abrigo de la percha, ahorcado, / el sombrero en la mesa, como un cráneo, / los zapatos, / uno delante de otro, echando el paso. / Y una escarpia negra pos
belleza en nueva york
Bien conozco tu cara, que me mira / hoy desde el fondo mismo de esta noche… / sobre el agua, tan tersa, pasan barcos, / sobre este agua que llaman Río Hudson. / Pero tu cara, igual que sobre el Nilo, / sobr
en el infierno había un violoncello
A Musia Sackhaina / En el infierno había un violoncello / entre el café y el humo de pitillos / y cien aulas con libros amarillos / y nieve y sangre y barro por el suelo. / P / ero tú, resguardada por el velo
en un corsé de cálidas entrañas
A Paz González / En un corsé de cálidas entrañas / duerme una estrella, pasionaria o rosa, / y allí la casta Ester, la misteriosa / Cleopatra y otras cien reinas extrañas / con fieros gestos e indecibles ma
la culpa
La culpa se levanta al caer de la tarde, / la oscuridad la alumbra, / el ocaso es su aurora… / Se empieza a oír la sombra desde lejos / cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles / como una pampa ver
la ventana que iba sobre la muerte
La ventana que da sobre la muerte, / abierta sin espacio, hueco espeso, / deja pasar la luz, pero no alienta / y se rompen la frente los suspiros / contra la piedra que creyeron alma. / Lo mismo que el vací
los marineros
Ellos son los que viven sin nacer a la tierra: / no les sigáis con vuestros ojos, / vuestra mirada dura, nutrida de firmezas, / cae a sus pies como impotente llanto. / Ellos son los que viven en el líquid
mariposa nocturna
¿Quién podría abrazarte, diosa oscura, / quién osaría acariciar tu cuerpo / o respirar el aire de la noche / por entre el pelo pardo de tu cara?… / ¡Ah!, ¿quién te enlazaría cuando pasas / sobre la frente c
narciso
¿Dónde habitas, amor, en qué profundo / seno existes del agua o de mi alma? / Lejos, en tu sin fondo abismo verde, / a mi llamada pronto e infalible. / Nuestras frentes unánimes separa / frío, cruel cristal
reina artemisa
Sentada, como el mundo, sobre tu propio peso, / por tu falda extendida la paz de las laderas, / el silencio y la sombra de las grutas marinas / junto a tus pies dormidos. / ¿A qué profunda alcoba dan paso
tú, de las grietas dueña y moradora
A Concha Albornoz / Tú, de las grietas dueña y moradora, / émula de la víbora argentina. / Tú, que el imperio esquivas de la endrina / y huyes del orto en la bisiesta hora. / Tú, que, cual la dorada tejedor
una música oscura, temblorosa
A María Zambrano / Una música oscura, temblorosa, / cruzada de relámpagos y trinos, / de maléficos hálitos, divinos, / del negro lirio y de la ebúrnea rosa. / Una página helada, que no osa / copiar la faz de
urganda la desconocida por delacroix
Entre las breñas, la Desconocida / azul como la flor del cardo, asoma. / Lleva, arcana, en las manos, la redoma / del bálsamo, melena gris ceñida / de hojas secas. Un águila, cernida / en el espacio, apresa
yo me encontré el olivo y el acanto
A Nikos Kazanzaki / Yo me encontré el olivo y el acanto / que sin saber plantaste, hallé dormidas / las piedras de tu frente desprendidas, / y el de tu búho fiel, solemne canto. / El rebaño inmortal, pacien