romeo murga
a lo lejos... un cantoA lo lejos se escucha un canto, / vago y tembloroso, lejano, lejano… / Una voz de niña, que en él va llorando, / vibra cono un dulce timbre puro y claro. / Solo y t
canción en la hora del olvidoYa nuestro amor no es nada sino un recuerdo, y una / claridad imposible sobre la vida mía. / ya todo nos separa, ya nos aleja todo, / y entre nosotros corre, como
con baja y lenta vozNadie lo sepa, amada, y a pesar del espacio / que nos separa, hablemos con baja y lenta voz / de aquel amor que yace, como un niño dormido, / sobre mi corazón, so
cuando seamos viejosCuando seamos viejos, todo este amor enorme / se irá por los caminos y brotará en los huertos, / y será una ilusión muy lejana y deforme / que enturbiará la paz d
el organilloOrganillo sonoro de la música vieja, / ¿Qué poema doliente se estremece en tu voz? / Esa canción amarga que se acerca y se aleja, / ¿es un suspiro largo, o es un
elegía en recuerdo de mi infanciaYo no sé donde está mi camino de rosas, / Ni ese ancho cielo suave que miraron mis ojos, / qué mano despiadada, sobre el camino en sombras / echó siembra de abroj
graciasMujer, la de esos besos, la de esos largos besos, / la de esos besos breves, húmedos y calientes, / la del regocijado sonreír en la sombra / que iluminó la vaga b
invocaciónNo, Señor Jesucristo ¡Yo no soy como todos! / yo pronuncio tu nombre con honda devoción. / Aunque arrastre mi cuerpo sobre todos los lodos, / alzo como una hostia
la égloga del amadorDulce y buen Garcilaso, pastor de églogas tristes, / dame tu don secreto de hacer suave el sollozo. / Préstale a mi Amador la voz acongojada / que ante el verde c
la lluvia y túLlegó la triste noche oscura; / pasó la lluvia y no llegaste. / Para endulzar tanta amargura / no habrá miel rubia que me baste! / Llegó la noche, pasó la lluvia / Y
lejanaComo el sendero blanco porque vuela mi verso, / eres tú, toda llena de cosas lejanas. / Llevas algo de extraño, de sutil y disperso / como el polvo que dejan atrá
madres de los poetasMadres de los poetas que en el pasado han sido, / vengo a hablar con vosotras de vuestros hijos tristes. / Carne doliente, en vuestras entrañas han dormido / y no
mi voz no es más que un eco¿Qué he de hacer con mi voz sino cantarte siempre, / sino decirte siempre que eres bella y que te amo? / Toda mi poesía, oh Amada, no es más que eso: / el vasto n
morirás un día.Y la noche terrible se te entrará en los huesos. / (Acaso en nuestras horas de amor lo presentiste). / En tu morada oscura, la canción de mis besos / pondrá un te
palabra de amorVoy hacia ti, mujer, después de alguna ausencia, / llenos de mis sonrisas y mis palabras suaves. / Me tenderé a la clara sombra de tu presencia, / y te diré otra
soledad, otoñoEstoy solo en la vasta soledad de la tarde, / solo entre todo el mundo; junto a la vida, solo. / Caen sobre el camino polvoriento del parque / las hojas de oro. / T
tu vozTu voz, eso es lo que amo, / más que tu corazón y casi más que a ti; / esa cosa invisible que sale de tus labios, / y junto a mis oídos, triste, viene a morir; / es
tus ojos me miraronTus ojos me miraron, te miraron mis ojos / y nunca más nos hemos vuelto a ver. / Fue tan sólo un instante, no más, pero en él supe / que tú eras la elegida que pa
una tristeza fielUna tristeza fiel cubre mi vida: / pálido cielo sobre la tierra negra. / De esa tristeza suave, vive mi alma. / ¿Qué sería de mí sin mi tristeza? / ¿Qué sería de mí
yo soy el hombre silenciosoYo soy el hombre silencioso, / silencioso para cantar. / No sé del grito, del sollozo / ni del ronco rumor del mar. / Mi voz ungida en suavidades, / que canta lo tris