roberto fernández retamar
a mi amadaEn el Día de los Enamorados, el domingo, he despedido a mi amada. / Subió al ómnibus de la mano de su compañero, / Que en la otra mano llevaba una guitarra reme
a mis hijasHijas: muy poco les he escrito, / y hoy lo hago de prisa. / Quiero decirles / que si también este momento pasa / y puedo estar de nuevo con ustedes, / en el sillón, o
alguien me pidió una rosa de rilkeY entonces regresaron / Las Cartas leídas por el atormentado joven poeta que fui, / El anhelante Corneta adolescente en la noche de la guerra, / Las páginas sobre
con la forasteraPues no tendrán en común ni un idioma / (No digamos una ciudad, un hogar, un hijo), / Ni siquiera esas canciones, esos sitios, / Esos olores que acaso sólo nos pa
con las mismas manosCon las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela. / Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo, / Pero los hombres
duerme, sueña, hazEchan abajo muros que nunca debieron existir / Y levantan o refuerzan otros que no deben existir tampoco / Y un día serán a su vez abajados con estruendo. / Avanz
el otro (enero 1, 1959)Nosotros, los sobrevivientes, / ¿a quiénes debemos la sobrevida? / ¿quién se murió por mí en la ergástula, / quién recibió la bala mía, / la para mí, en su corazón?
el primer otoño de sus ojosHojas color de hierro, color de sangre, color de oro, / Pedazos del castillo del día / Sobre los muertos pensativos. / Mientras la luz se filtra entre las ramas, /
epitafio de un invasorTu bisabuelo cabalgó por Texas, / Violó mexicanas trigueñas y robó caballos / Hasta que se casó con Mary Stonehill y fundó un hogar / De muebles de roble y God Bl
estáElla está echada en la penumbra humedeciendo la / madrugada inicial. / Hay un jardín en ella y él está deslumbrado en ese jardín. / Florece entera para él, se est
felices los normalesFelices los normales, esos seres extraños, / Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente, / Una casa en ninguna parte, una enferm
fue en los robles donde ella, que sabíaFue en Los Robles donde ella, que sabía, / Dijera la verdad. Aquella noche / Estaban dadas todas las estrellas. / Tiempo de suspirar juntas las bocas. / Parpadeaba
hacia el anochecerHacia el anochecer, bajábamos / Por las humildes calles, piedras / Casi en amarga piel, que recorríamos / Dejando caer nuestras risas / Hasta el fondo de su pobreza
llama guardadaCómo podía él saber que su poema, / Encontrado una noche blanca de vago andar, / En un país distante que ella aún no conocía, / Era en los ojos de ella que se har
mi hija mayor va a buenos aires1 / Mi hija mayor va a Buenos Aires / Casi con la misma edad que yo tenía / Cuando en 1961 estuve por primera vez allí, / Y en el vestíbulo del hotel, recién llegad
otro poema conjetural(J.L.B., 1899-1999) / Así como descreí (al menos eso he repetido) de la fama, / Descreí también de la inmortalidad, / Y es claro que hoy finado no puedo ser quien
palacio cotidianoYo decía que el mundo era una estrella ardiente, / laberinto de plata, cerrazón con diamante: / y ahora descubro el júbilo de la estancia minúscula, / la vida emo
por primera vezEn países y más países, / Casas, hoteles, embajadas, / Suelos, hamacas, autos, tierra, / Rodeados de agua o sobre el lino. / Olor de desnudez primera. / Vasija de arc
qué son las islasEsto tienen de bueno los poetas, / Que han dicho lo que uno quería decir. / ¿Dé que otra manera comunicarle lo que sintió / Al ver desde el aire los islotes verde
un hombre y una mujerSi un hombre y una mujer atraviesan calles que nadie ve / sino ellos, / calles populares que van a dar al atardecer, al aire, / con un fondo de paisaje nuevo y an
una salva de porvenirA Jacqueline y Claude Julien. / A Fina y Cintio. / No hay pruebas. / Las pruebas son que no hay pruebas. / No estaban, no están, no estarán dadas las condiciones. / C