ricardo castrorrivas
canción del hermano menorYo tenía un hermano. / A pesar de todo, era un buen hermano. / Amaba la poesía y odiaba lo injusto. / Por eso lo amaron las muchachas del barrio. / Un día dijo: ‘He
de la locura azulCanciones llegaban desde lejos cuando mordí tus muslos / la vellosidad del durazno. / Y bebí en tus senos como un hijo malo. / Y besé tu boca y tus dientes de tig
el arroz con frijoles¡Qué alianza tan hermosa! / ¡Cerealera! / La del negro frijol / con el nevado / arroz, / que muestra ufano piel de cera, / contraste de un charol engalanado. / Fraternida
la flor de izoteEl izote, a que llaman bayoneta, / ¿Qué anuncia o qué defiende / Con su explosión de espadas? / Francisco Gavidia / Catedral de marfil petalecido, / campanularia emer
la taza de caféEs la musa que anima a los poetas / que van al cafetín / de tarde en tarde. / Mientras hablan de versos y cometas, / la cafeína / en sus cerebros arde. / Allí Mendoza,
las conchas negrasConcha negra sensual. / Cuando profano / el misterio / de tu cajita negra, / mi apetito de sátiro se alegra, / fáunicamente, / con tu sexo indiano. / En cópula ritual de
las pupusas¿De qué las quiere? / ¡Ardientes, / perfumadas con loroco! / ¡Con queso, / chicharrón y con frijoles! / ¡Las mías, / tan calientes como ausoles! / ¡Por las revueltas, / yo
mi soledadMi soledad es una virgen desnuda. / En la niña de sus ojos se refleja / mi nudez de ermitaño. / Mi soledad me sirve café y tabaco / de húmicas promesas. / Me eleva en