rené char
artinaAl Silencio de aquella que permite soñar / En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho / del tamaño de un bollo, un caño de plomo, una ráfaga de viento, un molusco / helado,
bailemos en baronniesVestida con falda de olivo / la Enamorada / había dicho: / Cree en mi muy infantil fidelidad. / Y desde entonces, / un valle abierto / una cuesta que brilla / un sendero de alianza / han invadido la ciudad / donde
bebedoraPor qué seguir entregando las palabras del propio porvenir / ahora que toda palabra hacia lo alto es boca ladradora de / cohete, ahora que el corazón de cuanto respira es caída / hedionda? / Para que pued
bienvenida¡Ojalá vuelvas a tu desorden, y el mundo al suyo. La asimetría / es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará / en ti el deseo d
consueloPor las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa / a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el / que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en / verdad le amó? / Mi amor busca su s
cuatro edadesI / El otoño para la hoja / El agua hirviendo para el cangrejo / Y el favorito el zorro / Ebrio sobre los hombros luminosos de la Actriz / Adherido al balcón naranja / Un ventisquero de rizos / Acampa en la ans
curso de las arcillasMira, portero agudo, de la mañana a la mañana, / Largas, adujando su chorro, a las zarzas frenéticas, / Cómo la tierra nos acucia con su mirada ausente, / Cómo el dolor se embota, grillo de canto parejo
desherenciaAntigua era la noche / Cuando la entreabrió el fuego. / Igualmente mi casa. / No se mata a la rosa / En las guerras del cielo. / Destierran a una lira. / Mi pena persistente / De una nube de nieve / Gana un lago
dyneDejando atrás al hombre extensible y al hombre traspasado / llegué ante la puerta de todos los júbilos, la del Verbo desellado / de sus restos mortales, formando lo nuevo, creando fuego / a partir de la
el besoMaciza lentitud, lentitud martillada; / Humana lentitud, lentitud forcejeada; / Desierta lentitud, desanda tus ardores; / Sublime lentitud, sube desde el amor; / Que la lechuza ha vuelto.
el desnudo perdidoLlevarán ramos aquellos cuyo aguante pueda desgastar la / noche nudosa que precede y sigue al relámpago. Su palabra / recibe existencia del fruto intermitente que la propaga / dilacerándose. Son los hij
el juicio de octubreMejilla contra mejilla dos pordioseras en su desamparo rígido; / La helada y el viento no las han instruido, las han ignorado; / Niñas de intrahistoria / Caídas de las estaciones que dejan atrás, y allí
el molinoUn ruido largo sale por el techo / golondrinas siempre blancas / agua que salta, agua que brilla / el grano salta, el agua muele / y el recinto donde el amor se arriesga / centellea y marca el paso.
el refugio maltratadoSiempre me ha gustado la proximidad, sobre un camino de tierra, / de un hilillo de agua caída del cielo que viene y va persiguiéndose / a sí mismo, y la tierna torpeza de la hierba mediana a la que un
en las alturasEspera aún a que yo venga / A romper el frío que nos retiene. / Nube, en tu vida tan amenazada como la mía. / (Había un precipicio en nuestra casa. / Por eso hemos partido y nos hemos establecido aquí).
gozo¡Con cuánta ternura ríe la tierra cuando la nieve se despierta encima de ella! Día tras día, yacente besada, llora y ríe. / El fuego que la evitaba se casa con ella apenas desaparece la nieve.
hambre rojaEstabas loca. / ¡Qué lejos queda! / Moriste, con un dedo delante de los labios, / En noble movimiento, / Para atajar la efusión; / En el sol frío de un reparto verde. / Estabas tan hermosa que nadie se dio cu
juego mudoCon los dientes / Apresé a la vida / Sobre el cuchillo de mi juventud. / Con los labios hoy, / Con mis labios solamente… / Corta advenediza, / La flor de los taludes, / El dardo de Orión / Ha vuelto a aparecer.
la compañera del cesteroYo te amaba. / Amaba tu rostro de manantial abarrancado por la tormenta y la cifra de tu dominio que cercaba mi beso. / Hay quien se confía a una imaginación redonda. A mí me basta ir. / He traído de la
la eternidad en lourmarinNo subsiste línea recta ni carretera iluminada hacia un ser que nos ha dejado. / ¿Dónde se aturde nuestro afecto? Un anillo de árbol tras otro, si se acerca es para hundirse al punto. Su rostro a ve
la libertadVino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba / o la palmatoria del crepúsculo. / Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas. / Fin de la renunciación de rostro cobard
la lujuriaEl águila ve como se borran gradualmente las huellas de la memoria helada / La extensión de la soledad hace apenas visible la presa que huye / A través de cada una de las regiones / Donde uno mata donde
la rosa de robleCada una de las letras que componen tu nombre, / oh Belleza, en el cuadro de honor de los suplicios, / desposa la llana simplicidad del sol, se inscribe / en la frase gigante que cierra el cielo, y se a
las murallas y el ríoNo querría marcharme precediéndote, semejante a una hierba / segada, a llamarte contra Thouzon desierto y su corazón / no destruido.
lied de la higueraHeló tanto que las ramas lechosas / Importunaron a la sierra, se rompieron en las manos. / la primavera no vio verdecer a las graciosas. / La higuera pidió al amo del yacente / El arbusto de una fe nueva.
los parajes de alsacia¡Te he enseñado La Petite Pierre, la dote de su bosque, el cielo / que nace en las ramas, / La amplitud de sus pájaros cazadores de otros pájaros, / El polen dos veces vivo bajo la llamarada de las flor
los soles canorosLa desapariciones inexplicables / Los accidentes imprevisibles / Los infortunios quizá excesivos / Las catástrofes de todo orden / Los cataclismos que ahogan y carbonizan / El suicidio considerado crimen / Lo
ni eterno ni temporal¡El trigo verde en una tierra que todavía no ha sudado, que no ha / hecho más que tiritar! A distancia feliz de los soles precipitados / de los fines de la vida. Rasante bajo la larga noche. Saciado d
permanente invisible de cazas codiciadasPermanente invisible de cazas codiciadas, / Cercano, cercano invisible tan cercano a mis dedos, / Oh presa mía distante la noche en que me inclino / Para un novel cuerpo a cuerpo. / Beber friolentamente,
redobleSobre la mediana de la tarde, el bamboleo intermitente, el / malecón iluminado de una dársena, y su rechazo del sueño. / El rostro de la muerte y las palabras del amor: el tálamo / de una playa intermin
remanencia¿Qué te hace sufrir? Como si se despertara en la casa sin ruido / el ascendiente de un rostro al que parecía haber fijado un agri0 espejo. Como si, bajadas la alta lámpara y su resplandor / encima de
septentriónHe paseado a orillas de la Folie. / A las preguntas de mi corazón, / Si no las planteaba, / Mi compañera cedía / -Así de imaginativa es la ausencia. / Y sus ojos decrecientes como el Nilo violeta / Parecían c
último escalónAlmohada roja, almohada negra, / Sueño, con un seno de costado, / Entre la estrella y el cuadrado / ¡Cuántas banderas en ruinas! / Cortar, acabar de una vez con vosotros, / Como el mosto se halla en la cuba
yvonneLa sed hospitalaria / Quién la oyó nunca quejarse? / Nadie más que ella hubiera podido beber las cuarenta fatigas / sin morir, / Esperar, muy adelantada, a quienes venían después; / Desde el alba hasta el c