PAIS POEMA

Libros de ramón lópez velarde

Autores

ramón lópez velarde

a doña inés de ulloa
Blanca flor de los claustros, irrisorio / capricho de don Juan, me abraso en gana / de platicar contigo, bella hermana, / en la paz del oscuro locutorio. / Mi cabeza en tus senos, el mortuorio / recuerdo ev
a fuerza de quererte…
A fuerza de quererte / me he convertido, Amor, en alma en pena. / ¿Por qué, Fuensanta mía, / si mi pasión de ayer está ya muerta / y en tu rostro se anuncia los estragos / de la vejez temida que se acerca, /
a la cálida vida que transcurre canora…
A la cálida vida que transcurre canora / con garbo de mujer sin letras ni antifaces, / a la invicta belleza que salva y que enamora, / responde, en la embriaguez de la encantada hora, / un encono de hormi
a la gracia primitiva de las aldeanas
Hambre y sed padezco: Siempre me he negado / a satisfacerlas en los turbadores / gozos de ciudades flores de pecado. / Esta hambre de amores y esta sed de ensueño / que se satisfagan en el ignorado / grupo
a la patrona de mi pueblo
Señora: llego a Ti / desde las tenebrosas anarquías / del pensamiento y la conducta, para / aspirar los naranjos / de elección, que florecen / en tu atrio, con una / nieve nupcial… Y entro / a tu Santuario, com
a la traición de una hermosa
Tú que prendiste ayer los aurorales / fulgores del amor en mi ventana; / tú, bella infiel, adoración lejana, / madona de eucologios y misales; / tú, que ostentas reflejos siderales / en el pecho enjoyado, g
a las provincianas mártires
Me enluto por ti, Mireya, / y te rezo esta epopeya. / Mis entrañables provincianas mías: / no sospeché alabar vuestro suicidio / en las facinerosas tropelías. / Antes de sucumbir al bandolero / se amortizaron
a las vírgenes
¡Oh vírgenes rebeldes y sumisas: / convertidme en el fiel reclinatorio / de vuestros oídos y vuestras sonrisas / y en la fragua sangrienta del holgorio / en que quieren quemarse vuestras prisas!… / ¡Oh boto
a mi padre
Nunca, señor, pensé que el verso mío / cuando te hablara en él por vez primera / la música filial de los veinte años, / del huérfano infelice la voz fuera. / Nada valió la familiar plegaria; / moriste en pl
a mi paso y al azar te desprendiste…
A mi paso y al azar te desprendiste / como el fruto más profano / que pudiera concederme la benévola / actitud de este verano. / (Blonda Sara, uva en sazón: mi apego franco / a tu persona, hoy me incita / a b
a mi prima águeda
A Jesús Villalpando / Mi madrina invitaba a mi prima Águeda / a que pasara el día con nosotros, / y mi prima llegaba / con un contradictorio / prestigio de almidón y de temible / luto ceremonioso. / Águeda apar
a sara
A J. de j. Núñez y Domínguez / A mi paso y al azar te desprendiste / como el fruto más profano / que pudiera concederme la benévola / actitud de este verano. / (Blonda Sara, uva en sazón: mi apego franco / a
a un imposible
Me arrancaré, mujer, el imposible / amor de melancólica plegaria, / y aunque se quede el alma solitaria / huirá la fe de mi pasión risible. / Iré muy lejos de tu vista grata / y morirás sin mi cariño tierno
a una pálida
Vos una claridad y yo una sombra / E. ROSTAND / Dama de las eternas palideces, / con tu mirar tranquilo me pareces, / irradiando destellos de pureza / el hada del país de la tristeza. / Eres la imagen del dol
aguafuerte
(Alfonso Camín) / Alfonso, inquisidor estrafalario: / te doy mi simpatía, porque tienes / un aire de murciélago y canario. / Tu capa de diabólicos vaivenes / brota del piso, en un conjunto doble / de Venecias
al decir que las penas son fugaces…
Al decir que las penas son fugaces / en tanto que la dicha persevera, / tu cara es sugestiva y hechicera / y juegan a los novios los rapaces. / Al escuchar la apología que haces / del mejor de los mundos, s
al volver
¡Bien hayas oh lejano / y glorioso contento / de volver a mirarla! / ¡Qué desgano / el del viaje de ahora, que me cubre / de una angustia de pésame! / Presiento / la fuga del amor en este octubre. / Corre la anti
alejandrinos eclesiásticos
Tú, Fuensanta, me libras de los lazos del mal; / queman mi boca exangüe de Isaías los carbones; / por ti me dan los cielos profundas contriciones / y el ensueño me otorga su gracia episcopal. / Para
alma en pena
A fuerza de quererte / me he convertido, amor, en alma en pena. / ¿Por qué, Fuensanta mía, / si mi pasión de ayer está ya muerta / y en tu rostro se anuncian los estragos / de la vejez temida que se acerca,
amada, es primavera….
Amada, es primavera. / Fuensanta, es que florece / la eclesiástica unción de la cuaresma. / Hay un alivio dulce / en las almas enfermas, / porque abril con sus auras les va dando / la sensación de la convalec
amanece: se iluminan…
Amanece: se iluminan / los vetustos Lepontinos, / los aldeanos llevan leche / en los jarros blanquecinos, / y en los aires se dispersan / de los pájaros los trinos. / Perezosos van remando / los ancianos gondol
ánima adoratriz
Mi virtud de sentir se acoge a la divisa / del barómetro lúbrico, que en su enagua violeta / los volubles matices de los climas sujeta / con una probidad instantánea y precisa. / Mi única virtud es sentir
anna pavlowa
Piernas / eternas / que decís / de Luisa La Vallière / y de Thaís… / Piernas de rana, / de ondina / y de aldeana; / en su vocabulario / se fascina / la caravana. / Piernas / en las cuales / danza la Teología / funerales / y ep
antes de echar el ancla en el tesoro…
Antes de echar el ancla en el tesoro / del amor postrimero, yo quisiera / correr el mundo en fiebre de carrera, / con juventud, y una pepita de oro / en los rincones de me faltriquera. / Abrazar a una culeb
boca flexible, ávida
Cumplo a mediodía / con el buen precepto de oír misa entera / los domingos, y a estas misas cenitales / concurres tú, agudo perfil; cabellera / tormentosa, nuca morena, ojos fijos; / boca flexible, ávida de
canonización
Primer amor, tú vences la distancia. / Fuensanta, tu recuerdo me es propicio. / Me deleita de lejos la fragancia / que de noche se exhala de tus tiestos, / y en pago de tan grande beneficio / te canonizo en
color de cuento
¡Oh qué gratas las horas de los tiempos lejanos / en que quiso la infancia regalarnos un cuento! / Dormida por centurias en un bosque opulento, / despertaste a la blanda caricia de mis manos. / Y después,
como en la salve
¡Oh bienaventuranza fértil de los que saben / ir gimiendo y llorando desprecativamente, / como en la Salve, que es un óleo y una fuente! / Yo también supe antaño de la bondad del cielo / que en mis acerbo
como las esferas
Muchachita que eras / brevedad, redondez y color, / como las esferas / que en las rinconeras / de una sala ortodoxa mitigan su esplendor… / Muchachita hemisférica y algo triste / que tus lágrimas púberes me d
con planta imponderable…
Con planta imponderable / cruzas el mundo y cruzas mi conciencia, / y es tu sufrido rostro como un éxtasis / que se dilata en una transparencia. / ¡Pobrecilla sonámbula! / Pareces, en tu ruta de novicia, / ir
coses en dulce paz, y son divinos…
Coses en dulce paz, y son divinos / tus mirares y plácido tu gesto, / cuando escuchas la rima que he compuesto / para tus dedos ágiles y finos. / La candidez sin mancha de los linos / nieva y decora tu rega
cuando contigo estoy, dueña del alma
Cuando contemplo a veces / que plegando los labios enmudeces, / mi adoración pretende en su locura / bajar hasta tu alma a paso lento / y sorprender, en su mansión oscura, / como nota de luz tu pensamiento.
cuando me sobrevenga…
Cuando me sobrevenga / el cansancio del fin, / me iré, como la grulla / del refrán, a mi pueblo, / a arrodillarme entre / las rosas de la plaza, / los aros de los niños / y los flecos de seda de los tápalos. / A
cuaresmal
Tu paz ??¡oh paz de cada día!?? / y mi dolor que es inmortal, / se han de casar, Amada mía, / en una noche cuaresmal. / Quizá en un Viernes de Dolores, / cuando se anuncian ya las flores / y en el altar que h
dama de las eternas palideces…
Dama de las eternas palideces, / con tu mirar tranquilo me pareces, / irradiando destellos de pureza / el hada del país de la tristeza. / Eres la imagen del dolor que implora, / y por eso mi pecho que te ad
de tu magnífico traje…
INVITACIÓN / De tu magnífico traje / recogeré la basquiña / cuando te llegues, o niña, / al estribo del carruaje. / Esperando para el viaje / la tarde tiene desmayos / y de sus últimos rayos / la luz mortecina on
dejad que la alabe
¿Existirá? ¡Quién sabe! / Mi instinto la presiente; / dejad que yo la alabe / previamente. / Alerta el violín / del querubín / y susceptible al / manzano terrenal, / será a la vez risueña / y gemebunda, / como el agu
del pueblo natal
Ingenuas provincianas: cuando mi vida se halle / desahuciada por todos, iré por los caminos / por donde vais cantando los más sonoros trinos / y en fraternal confianza ceñiré vuestro talle. / A la hora de
del seminario
Hoy que la indiferencia del siglo me desola / sé que ayer tuve dones celestes de contino, / y con los ejercicios de Ignacio de Loyola / el corazón sangraba como al dardo divino. / Feliz era mi alma sin qu
despilfarras el tiempo
Prolóngase tu doncellez / como una vacua intriga de ajedrez. / Torneada como una reina / de cedro, ningún jaque te despeina. / Mis peones tantálicos / al rondarte a deshora, / fracasan en sus ímpetus vandálic
día 13
Mi corazón retrógrado / ama desde hoy la temerosa fecha / en que surgiste con aquel vestido / de luto y aquel rostro de ebriedad. / Día 13 en que el filo de tu rostro / llevaba la embriaguez como un relámpa
día trece
Mi corazón retrógrado / ama desde hoy la temerosa fecha / en que surgiste con aquel vestido / de luto y aquel rostro de ebriedad. / Día trece en que el filo de tu rostro / llevaba la embriaguez como un relá
disco de newton
Omnicromía de la tarde amena… / el alma, a la sordina, / y la luz, peregrina, / y la ventura, plena, / y la Vida, una hada / que por amar está desencajada. / Firmamento plomizo. / En el ocaso, un rizo / de azafrá
domingos de provincia
En los claros domingos de mi pueblo es costumbre / que en la Plaza descubran las gentiles cabezas / las mozas, y sus ojos reflejan dulcedumbre / y la banda en el kiosko toca lánguidas piezas. / Y al caer
doy a los cuatro vientos los loores…
Doy a los cuatro vientos los loores / de tus dedos de clásica finura / que preparan el pan sin levadura / para el banquete de nuestros amores. / Saben de las domésticas labores / lucen en el mantel su compo
el adiós
A Francisco González León / Fuensanta, dulce amiga, / blanca y leve mujer, / dueña ideal de mi primer suspiro / y mis copiosas lágrimas de ayer; / enlutada que un día de entusiasmo / soñé condecorar, / prendien
el ancla
Antes de echar el ancla en el tesoro / del amor postrimero, yo quisiera / correr el mundo en fiebre de carrera, / con juventud, y una pepita de oro / en los rincones de me faltriquera. / Abrazar a una culeb
el campanero
Me contó el campanero esta mañana / que el año viene mal para los trigos. / Que Juan es novio de una prima hermana / rica y hermosa. Que murió Susana. / El campanero y yo somos amigos. / Me narró amores de
el candil
A Alejandro Quijano / En la cúspide radiante / que el metal de mi persona / dilucida y perfecciona, / y en que una mano celeste / y otra de tierra me fincan / sobre la sien la corona; / en la orgía matinal / en q
el mendigo (soy el mendigo cósmico y mi inopia es la suma)
Soy el mendigo cósmico y mi inopia es la suma / de todos los voraces ayunos pordioseros; / mi alma y mi carne trémulas imploran a la espuma / del mar y al simulacro azul de los luceros. / El cuervo legend
el minuto cobarde
A Saturnino Herrán / En estos hiperbólicos minutos / en que la vida sube por mi pecho / como una marea de tributos / onerosos, la plétora de vida / se resuelve en renuncia capital / y en miedo se liquida. / Mi
el perro de san roque
Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo / que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo. / A medida que vivo ignoro más las cosas; / no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas, / Sólo estuve se
el piano de genoveva
Piano llorón de Genoveva, doliente piano / que en tus teclas resumes de la vida el arcano; / piano llorón, tus teclas son blancas y son negras, / como mis días negros, como mis blancas horas; / piano de G
el retorno maléfico
A D. Ignacio I. Gastélum / Mejor será no regresar al pueblo, / al edén subvertido que se calla / en la mutilación de la metralla. / Hasta los fresnos mancos, / los dignatarios de cúpula oronda, / han de rodar
el son del corazón
Una música íntima no cesa, / porque transida en un abrazo de oro / la Caridad con el Amor se besa. / ¿Oyes el diapasón del corazón? / Oye en su nota múltiple el estrépito / de los que fueron y de los que so
el suelo nativo
A los hijos de Jerez, Zac. / En la amplitud benigna del contorno / y rompiendo el mutismo del paisaje / flotan como poema de consuelo / las estrofas metálicas / de las torres parleras; / retratan el matiz de
el sueño de la inocencia
Soñé que comulgaba, que brumas espectrales / envolvían mi pueblo, y que Nuestra Señora / me miraba llorar y anegar su Santuario. / Tanto lloré, que al fin mi llanto rodó afuera / e hizo crecer las calles
el sueño de los guantes negros
Soñé que la ciudad estaba dentro / del más bien muerto de los mares muertos. / Era una madrugada del Invierno / y lloviznaban gotas de silencio. / No más señal viviente, que los ecos / de una llamada a misa
el viejo pozo
El viejo pozo de mi vieja casa / sobre cuyo brocal mi infancia tantas veces / se clavaba de codos, buscando el vaticinio / de la tortuga, o bien el iris de los peces, / es un compendio de ilusión / y de his
ella
Esta novia del alma con quien soñé en un día / fundar el paraíso de una casa risueña / y echar, pescando amores, en el mar de la vida / mis redes, a la usanza de la edad evangélica, / es blanca como la ho
elogio a fuensanta
Tú no eres en mi huerto la pagana / rosa de los ardores juveniles; / te quise como a una dulce hermana / y gozoso dejé mis quince abriles / cual un ramo de flores de pureza / entre tus manos blancas y genti
en el piélago veleidoso
Entré a la vasta veleidad del piélago / con humos de pirata… / Y me sentía ya un poco delfín / y veía la plata / de los flancos de la última sirena, / cuando mi devaneo / anacrónico viose reducido / a un amago
en el reinado de la primavera
a Josefa de los Ríos / * 17 de marzo de 1880 / + 7 de mayo de 1917 / Amada, es Primavera. / Fuensanta, es que florece / la eclesiástica unción de la cuaresma. / Hay un alivio dulce / en las almas enfermas, / porq
en estos hiperbólicos minutos…
En estos hiperbólicos minutos / en que la vida sube por mi pecho / como una marea de tributos / onerosos, la plétora de vida / se resuelve en renuncia capital / y en miedo se liquida. / Mi sufrimiento es como
en la amplitud benigna del contorno…
En la amplitud benigna del contorno / y rompiendo el mutismo del paisaje / flotan como poema de consuelo / las estrofas metálicas / de las torres parleras; / retratan el matiz de la llanura / en su inmóvil pu
en la cúspide radiante…
En la cúspide radiante / que el metal de mi persona / dilucida y perfecciona, / y en que una mano celeste / y otra de tierra me fincan / sobre la sien la corona; / en la orgía matinal / en que me ahogo en azul /
en la plaza de armas
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, / frente a frente del rudo y enano soportal; / plaza en que se confunden un obstinado aroma / lírico y una cierta prosa municipal; / plaza frente a la cárcel lóbr
en la quieta impostura virginal de la noche…
En la quieta impostura virginal de la noche / que cobija al amor con un tenue derroche / de luceros, padrinos del erótico abrazo, / el mundo de Rubén Darío se contrista / por el cordial filósofo que sembr
en las tinieblas húmedas
En las alas oscuras de la racha cortante / me das, al mismo tiempo, una pena y un goce: / algo como la helada virtud de un seno blando, / algo en que se confunden el cordial refrigerio / y el glacial desa
en los claros domingos de mi pueblo es costumbre…
En los claros domingos de mi pueblo es costumbre / que en la plaza descubran las gentiles cabezas / las mozas, y sus ojos reflejan dulcemente / y la banda del kiosco toca lánguidas piezas. / Y al caer sob
en los prados de tu huerto…
En los prados de tu huerto / a la luz del plenilunio / se moría cada flor, / y concurriendo a una extraña / complicidad de infortunio, / en el rosal de mi vida / se deshojaba el amor. / Bien pudiera el peregrin
en mi pecho feliz
No he buscado poder ni metal, / mas viví en una marcha nupcial… / Me parece que por amar tanto / voy bebiendo una copa de espanto. / Claroscuro de noche y de día; / corazón y cabeza y hombría, / los tres nudo
en tu casa desierta
El alma llena de recogimiento, / mudos los labios, me detengo en cada / lugar de tu mansión, ensimismada / cual si la fatigase un pensamiento. / El naranjo medita. En el momento / en que estoy en tu alcoba,
en un jardín
Al decir que las penas son fugaces / en tanto que la dicha persevera, / tu cara es sugestiva y hechicera / y juegan a los novios los rapaces. / Al escuchar la apología que haces / del mejor de los mundos, s
éramos aturdidos mozalbetes…
Éramos aturdidos mozalbetes: / blanco listón al codo, ayes agónicos, / rimas atolondradas y juguetes. / Sin la virtud frenética de Orfeo, / fiados en la campánula y el cirio, / fuimos a embelesar las alimañ
esta manera de esparcir su aroma…
Esta manera de esparcir su aroma / de azahar silencioso en mi tiniebla; / esta manera de envolver en luto / su marfil y su nácar; esta única / manera con que porta la golilla / de encaje; esta manera de tor
esta novia del alma con quien soñé en un día…
Esta novia del alma con quien soñé en un día / fundar el paraíso de una casa risueña / y echar, pescando amores, en el mar de la vida / mis redes, a la usanza de la edad evangélica. / Es blanca como la ho
estos, amada, son sitios vulgares…
Estos, amada, son sitios vulgares / en que en el ruido mundanal se asusta / el alma fidelísima, que gusta / de evocar tus encantos familiares. / Añoro dulcemente los lugares / en donde imperas cual señora j
eucarística
De la mañana el resplandor incierto, / cuando el órgano eleva sus cantares, / te he visto comulgar entre azahares / de la iglesia en el ángulo desierto. / Así también mi corazón ya muerto / llega de tu pied
fábula dística
A Tórtola Valencia / No merecías las loas vulgares / que te han escrito los peninsulares. / Acreedora de prosas cual doblones / y del patricio verso de Lugones. / En el morado foro episcopal / eres el Árbol d
flor temprana
A Antonio Moreno y Oviedo. / Mujer que recogiste los primeros / frutos de mi pasión, ¡con qué alegría / como una santa esposa te vería / llegar a mis floridos jazmineros! / Al mirarte venir, los placenteros
fragmento
Lluvia eterna / ¡cómo azotas / el cristal de mi ventana! / si parece / que tus gotas / son el llanto / de una pena sobrehumana!
fuensanta, dulce amiga…
Fuensanta, dulce amiga, / blanca y leve mujer, / dueña ideal de mi primer suspiro / y mis copiosas lágrimas de ayer; / enlutada que un día de entusiasmo / soñé condecorar, / prendiendo, en la alborada de las
fuensanta: las finezas del amado…
Fuensanta: las finezas del Amado / las finezas más finas, / han de ser par ti menguada cosa, / porque el honor a ti, resulta honrado. / La corona de espinas, / llevándola por ti, es suave rosa / que perfuma l
fuérame dado remontar el río…
Fuérame dado remontar el río / de los años, y en una reconquista / feliz de mi ignorancia, ser de nuevo / la frente limpia y bárbara del niño… / Volver a ser el arrebol, y el húmedo / pétalo, y la llorosa y
gavota
Señor, Dios mío: no vayas / a querer desfigurar / mi pobre cuerpo, pasajero / más que la espuma del mar. / Ni me des enfermedad larga / en mi carne, que fue la carga / de la nave de los hechizos, / del dolor el
hambre y sed padezco: siempre me he negado…
Hambre y sed padezco: Siempre me he negado / a satisfacerlas en los turbadores / gozos de ciudades —flores de pecado—. / Esta hambre de amores y esta sed de ensueño / que se satisfagan en el ign
he de encomiar en verso sincerista…
He de encomiar en verso sincerista / la capital bizarra / de mi Estado, que es un / cielo cruel y una tierra colorada. / Una frialdad unánime / en el ambiente, y unas recatadas / señoritas con rostro de manza
hermana, hazme llorar
Fuensanta: / dame todas las lágrimas del mar. / Mis ojos están secos y yo sufro / unas inmensas ganas de llorar. / Yo no sé si estoy triste por el alma / de mis fieles difuntos / o porque nuestros mustios cor
himeneo
A la señora Laura Martínez de Alba / Resígnanse los novios / con subconsciente pánico, / al soso parabién / del concurso inórganico. / Al fin, va la consorte / al pecho del anciano, cuyo porte / patriarcal sole
hormigas
A la cálida vida que transcurre canora / con garbo de mujer sin letras ni antifaces, / a la invicta belleza que salva y que enamora, / responde, en la embriaguez de la encantada hora, / un encono de hormi
hoy como nunca
A Enrique González Martínez / Hoy, como nunca, me enamoras y me entristeces; / si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave / nuestras dos lobregueces. / Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida
hoy como nunca, me enamoras y me entristeces
Hoy como nunca, me enamoras y me entristeces; / si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave / nuestras dos lobregueces. / Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida; / pero ya tu garganta solo es
hoy que la indiferencia del siglo me desola…
Hoy que la indiferencia del siglo me desola / sé que ayer tuve dones celestes de continuo, / y con los ejercicios de Ignacio de Loyola / el corazón sangraba como al dardo divino. / Feliz era mi alma sin q
huérfano quedará mi corazón…
Huérfano quedará mi corazón / alma del alma, si te vas de ahí, / y para siempre lloraré por ti / enfermo de amorosa consunción. / Triste renuncio a las venturas todas / de tu suave y eterna compañía, / hoy qu
humildemente
A mi madre y a mis hermanas / Cuando me sobrevenga / el cansancio del fin, / me iré, como la grulla / del refrán, a mi pueblo, / a arrodillarme entre / las rosas de la plaza, / los aros de los niños / y los fleco
idolatría
La vida mágica se vive entera / en la mano viril que gesticula / al evocar el seno o la cadera, / como la mano de la Trinidad / teológicamente se atribula / si el Mundo parvo, que en tres dedos toma, / se le
ingenuas provincianas: cuando mi vida se halle…
Ingenuas provincianas: cuando mi vida se halle / desahuciada por todos, iré por los caminos / por donde vais cantando los más sonoros trinos / y en fraternal confianza ceñiré vuestro talle. / A la hora de
introito
Para el libro / de Enrique Fernández Ledesma / Éramos aturdidos mozalbetes: / blanco listón al codo, ayes agónicos, / rimas atolondradas y juguetes. / Sin la virtud frenética de Orfeo, / fiados en la campánul
jerezanas
A María Enriqueta / Jerezanas, paisanas, / institutrices de mi corazón, / buenas mujeres y buenas cristianas… / Os retrató la señora que dijo: / «Cuando busque mi hijo / a su media naranja, / lo mandaré vendado
jerezanas, paisanas…
Jerezanas, paisanas, / institutrices de mi corazón, / buenas mujeres y buenas cristianas… / Os retrató la señora que dijo: / «Cuando busque mi hijo / a su media naranja, / lo mandaré vendado hasta Jerez». / Por
la ascensión y la asunción
Vive conmigo no sé qué mujer / invisible y perfecta, que me encumbra / en cada anochecer y amanecer. / Sobre caricaturas y parodias, / enlazado mi cuerpo con el suyo, / suben al cielo como dos custodias… / Do
la bizarra capital de mi estado
A Jesús B. González / He de encomiar en verso sincerista / la capital bizarra / de mi Estado, que es un / cielo cruel y una tierra colorada. / Una frialdad unánime / en el ambiente, y unas recatadas / señoritas
la canción del hastío
Si vieras, amiga, / qué espacio transcurre mi lenta existencia / la marcha inmutable del tiempo fatiga / mi añeja dolencia; / mis torvos fastidios apenas mitiga / la gloria que llevo: / tu amor siempre nuevo,
la doncella verde
En la muerte de José Enrique Rodó. / En la quieta impostura virginal de la noche / que cobija al amor con un tenue derroche / de luceros, padrinos del erótico abrazo, / el mundo de Rubén Darío se contrist
la estrofa que danza
A Antonia Mercé / Ya brotas de la escena cual guarismo / tornasol, y desfloras el mutismo / con los toques undívagos de tu planta certera / que fiera se amanera al marcar hechicera / las multánimes giros de
la lágrima
Enigma / de la azucena esquinada / que orna la cadavérica almohada; / encima / del soltero dolor empedernido / de yacer como imberbe congregante / mientras los gatos erizan el ruido / y forjan una patria espelu
la mancha de púrpura
Me impongo la costosa penitencia / de no mirarte en días y días, porque mis ojos / cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia / como si naufragasen en un golfo de púrpura, / de melodía y de vehemen
la niña del retrato
Delinquiría / de leso corazón / si no anegara con mi idolatría, / en lacrimosa ablución, / la imagen de la párvula sombría. / Retrato para quien mi llanto mana / a la una de la mañana, / reflejando en su sal, q
la saltapared
Volando del vértice / del mal y del bien, / es independiente / la saltapared. / Y su principado, / la ermita que fue / granero después. / Sobre los tableros / de la ruina fiel, / la saltapared / juega su ajedrez, / sin
la suave patria
PROEMIO / Yo que sólo canté de la exquisita / partitura del íntimo decoro, / alzo hoy la voz a la mitad del foro / a la manera del tenor que imita / la gutural modulación del bajo / para cortar a la epopeya u
la tejedora
Tarde de lluvia en que se agravan / al par que una íntima tristeza / un desdén manso de las cosas / y una emoción sutil y contrita que reza. / Noble delicia desdeñar / con un desdén que no se mide, / bajo el
la tónica tibieza
¿Cómo será esta sed constante de veneros / femeninos, de agua que huye y que regresa? / ¿Será este afán perenne, franciscano o polígamo? / Yo no sé si está presa / mi devoción en la alta / locura del primer
la última odalisca
Mi carne pesa, y se intimida / porque su peso fabuloso / es la cadena estremecida / de los cuerpos universales / que se han unido con mi vida. / Ámbar, canela, harina y nube / que en mi carne al tejer sus mim
las desterradas
A Rafael Pimentel / Ya la provincia toda / reconcentra a sus sanas hijas en las caducas / avenidas, y Rut y Rebeca proclaman / la novedad campestre de sus nucas. / Las pobres desterradas / de Morelia y Toluca
los circos trashumantes…
Los circos trashumantes, / de lamido perrillo enciclopédico / y desacreditados elefantes, / me enseñaron la cómica friolera / y las magnas tragedias hilarantes. / El aeronauta previo, / colgado de los dedos d
me despierta una alondra
Hasta el ángulo en sombra en que, al soñar los leves / sueños de la mañana, / funjo interinamente de árabe sin hurí, / llega la dulce voz de una dulce paisana. / La alondra me despierta / con un tímido ensa
me estás vedada tú
¿Imaginas acaso la amargura / que hay en no convivir / los episodios de tu vida pura? / Me está vedado conseguir que el viento / y la llovizna sean comedidos / con tu pelo castaño. / Me está vedado oír en los
mejor será no regresar al pueblo…
Mejor será no regresar al pueblo, / al edén subvertido que se calla / en la mutilación de la metralla. / Hasta los fresnos mancos, / los dignatarios de cúpula oronda, / han de rodar las quejas de la torre / a
memorias del circo
A Carlos González Peña / Los circos trashumantes, / de lamido perrillo enciclopédico / y desacreditados elefantes, / me enseñaron la cómica friolera / y las magnas tragedias hilarantes. / El aeronauta previo,
mi corazón amerita
A Rafael López. / Mi corazón leal, se amerita en la sombra. / Yo lo sacara al día, como lengua de fuego / que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz; / y al oírlo batir su cárcel, yo me anego / y me hundo
mi corazón leal, se amerita en la sombra…
Mi corazón leal, se amerita en la sombra. / Yo lo sacara al día, como lengua de fuego / que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz; / y al oírlo batir su cárcel, yo me anego / y me hundo en ternura remo
mi corazón retrógrado…
Mi corazón retrógrado / ama desde hoy la temerosa fecha / en que surgiste con aquel vestido / de luto y aquel rostro de ebriedad. / Día trece en que el filo de tu rostro / llevaba la embriaguez como un relá
mi madrina invitaba a mi prima águeda…
Mi madrina invitaba a mi prima Águeda / a que pasara el día con nosotros, / y mi prima llegaba / con un contradictorio / prestigio de almidón y de temible / luto ceremonioso. / Águeda aparecía, resonante / de a
mi prima águeda
Mi madrina invitaba a mi prima Águeda / a que pasara el día con nosotros, / y mi prima llegaba / con un contradictorio / prestigio de almidón y de temible / luto ceremonioso. / Águeda aparecía, resonante / de a
mi villa
Si yo jamás hubiera salido de mi villa, / con una santa esposa tendría el refrigerio / de conocer el mundo por un solo hemisferio. / Tendría, entre corceles y aperos de labranza, / a Ella, como octava bie
mientras muere la tarde
Noble señora de provincia: unidos / en el viejo balcón que ve al poniente, / hablamos tristemente, largamente, / de dichas muertas y de tiempos idos. / De los rústicos tiestos florecidos / desprendo rosas p
muerta
Por débil y pequeña, / oh flor de paraíso, / cabías en el vértice / del corazón en fiesta que te quiso. / Salíamos al campo / y tu cuerpo minúsculo / se destacaba airoso / en la grana y el oro del crepúsculo. / ¡
mujer que recogiste los primeros…
Mujer que recogiste los primeros / frutos de mi pasión, ¡con qué alegría / como una santa esposa te vería / llegar a mis floridos jazmineros! / Al mirarte venir, los placenteros / cantares del amor desgrana
no me condenes
Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre: / ojos inusitados de sulfato de cobre. / Llamábase María; vivía en un suburbio, / y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio. / Acabamos de golpe: su
no merecías las loas vulgares…
No merecías las loas vulgares / que te han escrito los peninsulares. / Acreedora de prosas cual doblones / y del patricio verso de Lugones. / En el morado foro episcopal / eres el Árbol del bien y del mal. /
noches de hotel
Se distraen las penas en los cuartos de hoteles / con el heterogéneo concurso divertido / de yanquees, sacerdotes, quincalleros infieles, / niñas recién casadas y mozas del partido. / Media luz… / Copia al
nuestras vidas son péndulos
¿Dónde estará la niña / que en aquel lugarejo / una noche de baile / me habló de sus deseos / de viajar, y me dijo / su tedio? / Gemía el vals por ella, / y ella era un boceto / lánguido: unos pendientes / de ámbar
nunca, señor, pensé que el verso mío…
Nunca, señor, pensé que el verso mío / cuando te hablara en él por vez primera / la música filial de los veinte años, / del huérfano infelice la voz fuera. / Nada valió la familiar plegaria; / moriste en pl
ofrenda romántica
Fuensanta: las finezas del Amado, / las finezas más finas, / han de ser para ti menguada cosa, / porque el honor a ti resulta honrado. / La corona de espinas, / llevándola por ti, es suave rosa / que perfuma
para el zenzontle impávido
He vuelto a media noche a mi casa, y un canto / como vena de agua que solloza, me acoge… / Es el músico célibe, es el solista dócil / y experto, es el zenzontle que mece los cansancios / seniles y la inca
para tus dedos ágiles y finos
Doy a los cuatro vientos los loores / de tus dedos de clásica finura / que preparan el pan sin levadura / para el banquete de nuestros amores. / Saben de las domésticas labores, / lucen en el mantel su comp
para tus pies
Hoy te contemplo en el piano, señora mía, Fuensanta, / las manos sobre las teclas, en los pedales la planta, / y ambiciona santamente la dicha de los pedales / mi corazón, por estar bajo tus pies ideale
pobrecilla sonámbula
A Pedro de Alba / Con planta imponderable / cruzas el mundo y cruzas mi conciencia, / y es tu sufrido rostro como un éxtasis / que se dilata en una transparencia. / ¡Pobrecilla sonámbula! / Pareces, en tu rut
poema de vejez y de amor
Mi vida, enferma de fastidio, gusta / de irse a guarecer año por año / a la casa vetusta / de los nobles abuelos / como a refugio en que en la paz divina / de las cosas de antaño / sólo se oye la voz de la ma
por este sobrio estilo
Esta manera de esparcir su aroma / de azahar silencioso en mi tiniebla; / esta manera de envolver en luto / su marfil y su nácar; esta única / manera con que porta la golilla / de encaje; esta manera de tor
primer amor, tú vences la distancia…
Primer amor, tú vences la distancia, / Fuensanta, tu recuerdo me es propicio. / Me deleita de lejos la fragancia / que de noche se exhala de tus tiestos, / y en pago de tan grande beneficio / te canonizo en
promesa
Oh novia imposible, / tan casta y hermosa, tan pura y tan buena, / que tarde por tarde / en la muda ventana me esperas / y envejeces ansiando que pronto / termine mi ausencia, / me verás cuando pasen los años
pureza
La pasión con que te adoro es la espléndida pureza / de las flores del altar, es el lánguido desmayo / que domina a los amantes cuando sienten la cabeza / de la virgen desposada en su pecho descansar; / l
que sea para bien
Ya no puedo dudar… Diste muerte a mi cándida / niñez, toda olorosa a sacristía, y también / diste muerte al liviano chacal de mi cartuja. / Que sea para bien… / Ya no puedo dudar… Consumaste el prodigio / d
resígnanse los novios…
Resígnanse los novios / con subconsciente pánico, / al soso parabién / del concurso inorgánico. / Al fin, va la consorte / al pecho del anciano, cuyo porte / patriarcal solemniza / las bodas de su vástago / que l
rosa mística
Del fondo de mi alma oscura / van hasta ti mis dolores / como una sarta de flores / en empobrecida blancura. / Del ensueño a la luz pura, / en capilla de colores, / comulgué con tus amores / en un cáliz de amar
rumbo al olvido
¡Oh pobres almas nuestras / que perdieron el nido / y que van arrastradas / en la falsa corriente del olvido! / Y pensar que extraviamos / la senda milagrosa / en que se hubiera abierto / nuestra ilusión, como
se deshojaban las rosas
En los prados de tu huerto / a la luz del plenilunio / se moría cada flor; / y concurriendo a una extraña / complicidad de infortunio, / en el rosal de mi vida / se deshojaba el amor. / Bien pudiera el peregrin
se distraen las penas en los cuartos de hoteles…
Se distraen las penas en los cuartos de hoteles / con el heterogéneo concurso divertido / de yanquis, sacerdotes, quincalleros infieles, / niñas recién casadas y mozas del partido. / Media luz… copia al h
ser una casta pequeñez
A Alfonso Cravioto / Fuérame dado remontar el río / de los años, y en una reconquista / feliz de mi ignorancia, ser de nuevo / la frente limpia y bárbara del niño… / Volver a ser el arrebol, y el húmedo / pét
si soltera agonizas
Amiga que te vas: / quizá no te vea más. / Ante la luz de tu alma y de tu tez / fui tan maravillosamente casto / cual si me embalsamara la vejez. / Y no tuve otro arte / que el de quererte para aconsejarte. / S
si vieras, amiga…
Si vieras, amiga, / qué espacio transcurre mi lenta existencia / la marcha inmutable del tiempo fatiga / mi añeja dolencia; / mis torvos fastidios apenas mitiga / la gloria que llevo: / tu amor siempre nuevo,
sonámbula y picante…
Sonámbula y picante, / mi voz es la gemela / de la canela. / Canela ultramontana / e islamita, / por ella mi experiencia / sigue de señorita. / Criado con ella, / mi alma tomó la forma / de su botella. / Si digo carn
suiza
Para Bohemio / Amanece: se iluminan / los vetustos Lepontinos, / los aldeanos llevan leche / en los jarros blanquecinos, / y en los aires se dispersan / de los pájaros los trinos. / Perezosos van remando / los an
sus ventanas
A Artemio de Valle-Arizpe. / Sus ventanas floridas, / que miran al oriente, / llevan buena amistad con las auroras / que, como primicias fúlgidas, esmaltan / al campo de victorias de su frente. / Aquella madr
sus ventanas floridas…
Sus ventanas floridas, / que miran al oriente, / llevan buena amistad con las auroras / que, como primicias fúlgidas, esmaltan / al campo de victorias de su frente. / Aquella madrugada / apareció el Amor tras
te honro en el espanto
Ya que tu voz, como un muelle vapor, me baña / y mis ojos, tributos a la eterna guadaña, / por ti osan mirar de frente el ataúd; / ya que tu abrigo rojo me otorga una delicia / que es mitad friolenta, mit
tema ii
A fuerza de quererte / me he convertido, Amor, / en alma en pena. / ¿Por qué, Fuensanta mía, / si mi pasión de ayer está ya muerta / y en tu rostro se anuncian los estragos / de la vejez temida que se acerca,
tenías un rebozo de seda
(A Eduardo J. Correa) / Tenías un rebozo en que lo blanco / iba sobre lo gris con gentileza / para hacer a los ojos que te amaban / un festejo de nieve en la maleza. / Del rebozo en la seda me anegaba / con f
tenías un rebozo en que lo blanco…
Tenías un rebozo en que lo blanco / iba sobre lo gris con gentileza / para hacer a los ojos que te amaban / un festejo de nieve en la maleza. / Del rebozo en la seda me anegaba / con fe, como en un golfo in
tierra mojada
Tierra mojada de las tardes líquidas / en que la lluvia cuchichea / y en que se reblandecen las señoritas, bajo / el redoble del agua en la azotea… / Tierra mojada de las tardes olfativas / en que un afán m
todo
A José D. Frías / Sonámbula y picante, / mi voz es la gemela / de la canela. / Canela ultramontana / e islamita, / por ella mi experiencia / sigue de señorita. / Criado con ella, / mi alma tomó la forma / de su botel
transmútase mi alma
Transmútase mi alma en tu presencia / como un florecimiento, / que se vuelve cosecha. / Los amados espectros de mi rito / para siempre me dejan; / mi alma se desazona / como pobre chicuela / a quien prohíben en
treinta y tres
La edad del Cristo azul se me acongoja / porque Mahoma me sigue tiñendo / verde el espíritu y la carne roja, / y los talla, el beduino y a la hurí, / como una esmeralda en un rubí. / Yo querría gustar del c
tú no eres en mi huerto la pagana…
Tú no eres en mi huerto la pagana / rosa de los ardores juveniles; / te quise como a una dulce hermana / y gozoso dejé mis quince abriles / cual un ramo de flores de pureza / entre tus manos blancas y genti
tu palabra más fútil
Magdalena, conozco que te amo / en que la más trivial de tus acciones / es pasto para mí, como la miga / es la felicidad de los gorriones. / Tu palabra más fútil / es combustible de mi fantasía, / y pasa por
tú que prendiste ayer los aurorales…
Tú que prendiste ayer los aurorales / fulgores del amor en mi ventana; / tú, bella infiel, adoración lejana / madona de eucologios y misales: / Tú, que ostentas reflejos siderales / en el pecho enjoyado, gr
tu voz profética
¡Ay de Dios, que tu palabra / me tiene embrujada / el alma! / mi lírica / adolescencia / y tu existencia / gitana / se dicen en la ventana / cosas / de amor y buenaventura / en estas noches lluviosas. / Juran por Crist
tus dientes
Tus dientes son el pulcro y nimio litoral / por donde acompasadas navegan las sonrisas, / graduándose en los tumbos de un parco festival. / Sonríes gradualmente, como sonríe el agua / del mar, en la rizad
tus hombros son como un ara
¿Qué elocuencia, desvalida / y casta, hay en tu persona / que en un perenne desastre / a las lágrimas convida? / La frente, Amor, hoy levanto / hasta tu busto en otoño / que es un vaso de suspiros / y una invit
tus otoños me arrullan
Tus otoños me arrullan / en coro de quimeras obstinadas; / vas en mí cual la venda va en la herida; / en bienestar de placidez me embriagas; / la luna lugareña va en tus ojos / ¡oh blanda que eres entre tod
tus ventanas
A Artemio de Valle-Arizpe / Tus ventanas, con pájaros y flores, / tus ventanas que miran al oriente, / están esclarecidas con la gracia / de la aurora riente / que con primicias de su luz decora / la virtud d
tus ventanas, con pájaros y flores…
Tus ventanas, con pájaros y flores, / tus ventanas que miran al oriente, / están esclarecidas con la gracia / de la aurora riente / que con primicias de su luz decora / la virtud de tu frente. / Tus ventanas
un lacónico grito
Yo te digo: «Alma mía, tú saliste / con vestido nupcial de la plomiza / eternidad, como saldría una ala / del nimbus que se eriza / de rayos; y una mañana has de volver / al metálico nimbus, / llevando, entre
una música íntima no cesa…
Una música íntima no cesa / porque transida en un abrazo de oro / la Caridad con el Amor se besa. / ¿Oyes el diapasón del corazón? / Oye en su nota múltiple el estrépito / de los que fueron y de los que no
una viajera
En mi ostracismo acerbo me alegré esta mañana / con el encuentro súbito de una hermosa paisana / que tiene un largo nombre de remota novela: / la hija del enjuto médico del lugar. / Antaño íbamos juntos d
vacaciones
De tu pueblo a tu hacienda te llevabas / la cabellera en libertad y el pecho / guardado por cien místicas aldabas. / Metías en el coche los canarios, / la máquina de Singer, la maceta, / la canasta del pan…
viaje al terruño
A Enrique Fernández Ledesma. / INVITACIÓN / De tu magnífico traje / recogeré la basquiña / cuando te llegues, o niña, / al estribo del carruaje. / Esperando para el viaje / la tarde tiene desmayos / y de sus últi
y pensar que pudimos
Y pensar que extraviamos / la senda milagrosa / en que se hubiera abierto / nuestra ilusión, como perenne rosa… / Y pensar que pudimos / enlazar nuestras manos / y apurar en un beso / la comunión de fértiles ve
ya brotas de la escena cual guarismo…
Ya brotas de la escena cual guarismo / tornasol, y desfloras el mutismo / con los toques undívagos de tu planta certera / que fiera se amanera al marcar hechicera / los multánimes giros de una sola quimer
ya la provincia toda…
Ya la provincia toda / reconcentra a sus sanas hijas en las caducas / avenidas, y Rut y Rebeca proclaman / la novedad campestre de sus nucas. / Las pobres desterradas / de Morelia y Toluca, de Durango y San
ya no puedo dudar… diste muerte a mi cándida…
Ya no puedo dudar… Diste muerte a mi cándida / niñez, toda olorosa a sacristía, y también / diste muerte al liviano chacal de mi cartuja. / Que sea para bien… / Ya no puedo dudar… Consumaste el prodigio / d
yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre…
Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre: / ojos inusitados de sulfato de cobre. / Llamábase María; vivía en un suburbio, / y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio. / Acabamos de golpe: su
¡ay de dios, que tu palabra!…
¡Ay de Dios, que tu palabra / me tiene embrujada / el alma! / Mi lírica adolescencia / y tu existencia / gitana / se dicen en la ventana / cosas / de amor y buenaventura / en estas noches lluviosas. / Juran por Crist
¡bien hayas oh lejano!…
¡Bien hayas oh lejano / y glorioso contento / de volver a mirarla! / ¡Qué desgano / el del viaje de ahora, que me cubre / de una angustia de pésame! / Presiento / la fuga del amor en este octubre. / Corre la anti
¡oh vírgenes rebeldes y sumisas!…
¡Oh vírgenes rebeldes y sumisas: / convertidme en el fiel reclinatorio / de vuestros codos y vuestras sonrisas / y en la fragua sangrienta del holgorio / en que quieren quemarse vuestras prisas!… / ¡Oh boto
¿dónde estará la niña?…
¿Dónde estará la niña / que en aquel lugarejo / una noche de baile / me habló de sus deseos / de viajar, y me dijo / su tedio? / Gemía el vals por ella, / y ella era un boceto / lánguido: unos pendientes / de ámbar
¿imaginas acaso la amargura?…
¿Imaginas acaso la amargura / que hay en no convivir / los episodios de tu vida pura? / Me está vedado conseguir que el viento / y la llovizna sean comedidos / con tu pelo castaño. / Me está vedado oír en los
¿qué elocuencia, desvalida?…
¿Qué elocuencia, desvalida / y casta, hay en tu persona / que en un perenne desastre / a las lágrimas convida? / La frente, Amor, hoy levanto / hasta tu busto en otoño / que es un vaso de suspiros / y una invit
¿qué será lo que espero?
Tus otoños me arrullan / en coro de quimeras obstinadas; / vas en mí cual la venda va en la herida; / en bienestar de placidez me embriagas; / la luna lugareña va en tus ojos / ¡oh blanda que eres entre tod